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Salmo 144

Libro V

Oración y alabanza.

144:1 De David. Bendito sea el Señor, mi Roca, el que adiestra mis brazos para el combate y mis manos para la lucha.

144:2 Él es mi bienhechor y mi fortaleza, mi baluarte y mi libertador; él es el escudo con que me resguardo, y el que somete los pueblos a mis pies.

144:3 Señor, ¿qué es el hombre para que tú lo cuides, y el ser humano, para que pienses en él?

144:4 El hombre es semejante a un soplo, y sus días son como una sombra fugaz.

144:5 Inclina tu cielo, Señor, y desciende; toca las montañas para que arrojen humo.

144:6 Lanza un rayo y dispersa a tus enemigos, dispara tus flechas, y confúndelos.

144:7 Extiende tu mano desde lo alto, y líbrame de las aguas caudalosas; sálvame del poder de los extranjeros,

144:8 que dicen mentiras con la boca y tienen las manos llenas de traición.

144:9 Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas,

144:10 porque tú das la victoria a los reyes y libras a David, tu servidor. Líbrame de la espada maligna,

144:11 sálvame del poder de los extranjeros, que dicen mentiras con la boca y tienen las manos llenas de traición.

144:12 Que nuestros hijos sean como plantas, florecientes en plena juventud; que nuestras hijas se asemejen a columnas, esculpidas como las de un palacio.

144:13 Que nuestros graneros estén repletos con productos de todas las especies; que nuestros rebaños se reproduzcan a millares en todas nuestras praderas.

144:14 Que nuestros bueyes estén bien cargados, que no haya brechas ni aberturas en los muros ni gritos de angustia en nuestras plazas.

144:15 ¡Feliz el pueblo que tiene todo esto, feliz el pueblo cuyo Dios es el Señor!