Salmos
Salmo 40
Libro I
Oración y alabanza.
Sobre el Salmo 40
El Salmo 40 canta la experiencia de quien fue librado del abismo y colocado sobre roca firme. Celebra la confianza en el Señor y anuncia una obediencia nueva: no se complacen ya en sacrificios, sino en hacer la voluntad de Dios. La Iglesia lo lee como profecía de la encarnación.
Reflexión del Salmo 40
El salmista recuerda el auxilio recibido: sacado del pozo de lodo, sus pies se afianzan sobre la roca y su boca entona un cántico nuevo. Al mirar los sacrificios rituales, comprende que Dios no los busca por sí mismos, sino un corazón disponible. Entonces proclama: he aquí que vengo a hacer tu voluntad. Esta frase es la clave mesiánica del salmo: el autor de la carta a los Hebreos la aplica a Cristo, que sustituye los sacrificios antiguos con la ofrenda de su cuerpo. Revela que la verdadera adoración es obediencia y entrega, y que en Jesús se cumple la alianza definitiva de amor.
Cómo meditar este salmo
Al comenzar el día, reza este salmo y ofrece a Dios no palabras vacías sino tu voluntad dispuesta. Busca hoy una ocasión concreta de servir a un hermano.
Oración
Señor, tú inclinaste tu oído y me salvaste. He aquí que vengo a hacer tu voluntad; que mi vida sea un sacrificio agradable en tu presencia. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un salmo?
Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.
¿Cuántos salmos hay?
Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.
¿Quién los escribió?
La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.
¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?
Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.
¿Cuándo conviene rezarlos?
En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.
¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?
No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.