Salmos
Salmo 96
Libro IV
Oración y alabanza.
Sobre el Salmo 96
El Salmo 96 es un himno de entronización con horizonte universal: no convoca solo a Israel, sino a toda la tierra, a las naciones y a las familias de los pueblos. Su comienzo, el canto nuevo, no significa una melodía inédita, sino la respuesta nueva que brota ante una acción nueva de Dios. El salmo afirma que los dioses de las naciones no son más que apariencia, frente al Señor que hizo el cielo: es una polémica serena contra la idolatría, no contra los pueblos. La segunda parte es una gran liturgia cósmica: cielo, tierra, mar, campo y árboles se suman a la alabanza, como si la creación entera esperara la manifestación de su Creador. El motivo de tanto gozo es que el Señor viene a gobernar la tierra con justicia y verdad. La liturgia cristiana lo ha escogido para la Misa del día de Navidad, porque en el nacimiento de Cristo ve cumplida esa venida; también lo reza la Liturgia de las Horas como himno de esperanza.
Reflexión del Salmo 96
El salmo nos saca del pequeño círculo de nuestras preocupaciones y nos obliga a mirar ancho. Anuncia que la alabanza no es propiedad de un pueblo ni de un templo: es la respuesta de todo lo que existe. Los dioses de las naciones son llamados apariencia, y esa palabra es un diagnóstico exacto también para nuestro tiempo: los ídolos de hoy —el dinero, la imagen, el éxito, el propio yo— tienen apariencia de poder y no salvan a nadie. El salmo los desenmascara sin violencia, simplemente poniéndolos junto al Creador. La parte más conmovedora es la creación que grita de gozo: los árboles del bosque, el campo con sus frutos, el mar y cuanto lo habita. Es la intuición de que el mundo no es un escenario neutro, sino una comunidad de criaturas que esperan la justicia. Y la venida del Señor no se presenta como amenaza, sino como buena noticia: viene a gobernar con rectitud, es decir, a poner las cosas en su sitio. Para quien ha sufrido el desorden del mundo, esa noticia es consuelo puro.
Cómo meditar este salmo
Sal hoy de tu rutina y busca un pedazo de creación —un árbol, el cielo, el mar o el campo— y úsalo como altar. Reza este salmo mirando lo que tienes delante y deja que cada criatura te recuerde al Creador. Después nombra un ídolo concreto que hoy compite por tu corazón y devuélvelo a su lugar.
Oración
Señor, Rey de toda la tierra, que el cielo y el mar te alaben y mi voz no falte entre ellos. Desenmascara en mí todo ídolo que promete lo que solo tú das. Ven a gobernar mi vida con tu justicia y tu verdad. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un salmo?
Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.
¿Cuántos salmos hay?
Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.
¿Quién los escribió?
La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.
¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?
Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.
¿Cuándo conviene rezarlos?
En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.
¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?
No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.