Colosenses
Nuevo Testamento | 4 capítulos | 95 versículos
Capítulo 2
1 Quiero que sepáis qué dura lucha estoy sosteniendo por vosotros y por los de Laodicea, y por todos los que no me han visto personalmente,
2 para que sus corazones reciban ánimo y, unidos íntimamente en el amor, alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del Misterio de Dios,
3 en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.
4 Os digo esto para que nadie os seduzca con discursos capciosos.
5 Pues, si bien estoy corporalmente ausente, en espíritu me hallo con vosotros, alegrándome de ver vuestra armonía y la firmeza de vuestra fe en Cristo.
6 Vivid, pues, según Cristo Jesús, el Señor, tal como le habéis recibido;
7 enraizados y edificados en él; apoyados en la fe, tal como se os enseñó, rebosando en acción de gracias.
8 Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo.
9 Porque en él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente,
10 y vosotros alcanzáis la plenitud en él, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad;
11 en él también fuisteis circuncidados con la circuncisión no quirúrgica, sino mediante el despojo de vuestro cuerpo mortal, por la circuncisión en Cristo.
12 Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos.
13 Y a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y en vuestra carne incircuncisa, os vivificó juntamente con él y nos perdonó todos nuestros delitos.
14 Canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y la suprimió clavándola en la cruz.
15 Y, una vez despojados los Principados y las Postestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal.
16 Por tanto, que nadie os critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o sábados.
17 Todo esto es sombra de lo venidero; pero la realidad es el cuerpo de Cristo.
18 Que nadie os prive del premio a causa del gusto por ruines prácticas, del culto de los ángeles, obesionado por lo que vio, vanamente hinchado por su mente carnal,
19 en lugar de mantenerse unido a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, por medio de junturas y ligamentos, recibe nutrición y cohesión, para realizar su crecimiento en Dios.
20 Una vez que habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo ¿por qué sujertaros, como si aún vivierais en el mundo, a preceptos como
21 «no tomes», «no gustes», «no toques»,
22 cosas todas destinadas a perecer con el uso y debidas a preceptos y doctrinas puramente humanos?
23 Tales cosas tienen una apariencia de sabiduría por su piedad afectada, sus mortificaciones y su rigor con el cuerpo; pero sin valor alguno contra la insolencia de la carne.
Reflexión del capítulo 2
El capítulo segundo es el corazón polémico de la carta. Pablo confiesa su lucha interior por los colosenses y por los de Laodicea, a quienes no ha visto, y su deseo de que sus corazones reciban ánimo y alcancen la plena inteligencia del Misterio de Dios, en quien están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. Frente a los discursos capciosos que querían seducirlos, el apóstol no opone un argumento más, sino una Persona: Cristo.
El razonamiento es de una lógica luminosa. En Cristo reside corporalmente toda la Plenitud de la Divinidad, y por eso el creyente alcanza en él su plenitud. La circuncisión de la antigua alianza es sustituida por el bautismo, en el que hemos sido sepultados y resucitados con Cristo por la fe en la acción de Dios. Y sobre esa base Pablo anuncia la liberación más radical: Dios canceló la nota de cargo que pesaba contra nosotros, la suprimió clavándola en la cruz, y despojó a los Principados y Potestades exhibiéndolos en su cortejo triunfal.
De ahí la conclusión práctica: nadie puede juzgarnos por comidas, bebidas, fiestas o sábados, porque todo eso era sombra de lo que venía, y la realidad es Cristo. Las prohibiciones y las mortificaciones impuestas tienen apariencia de sabiduría, pero no sirven de nada contra la insolencia de la carne. Solo la unión con la Cabeza da vida.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Este capítulo nos invita a examinar en qué apoyamos realmente nuestra vida cristiana. ¿Buscamos seguridades en prácticas, normas o costumbres que nos dan la sensación de estar en regla, mientras el corazón se aleja de Cristo? Pablo recuerda que la santidad no es acumular observancias, sino permanecer unidos a la Cabeza. Hoy puedes revisar una exigencia que te hayas impuesto o que impongas a los demás, y soltarla si no nace del Evangelio. Vuelve al centro: la cruz, donde Dios canceló tu deuda.
Oración
Señor Jesús, Cabeza de todo Principado y Potestad, líbranos de las filosofías que nos alejan de ti. Que no busquemos seguridad en normas humanas, sino en tu cruz, donde cancelaste nuestra deuda. Mantennos unidos a ti, de quien recibimos la vida. Amén.
Acerca del libro de Colosenses
La carta a los Colosenses es una de las cuatro que san Pablo escribió desde la prisión, junto con Efesios, Filipenses y Filemón. Está firmada por Pablo y Timoteo y dirigida a la comunidad cristiana de Colosas, una ciudad de Frigia, en Asia Menor, situada en el valle del río Lico, cerca de Laodicea y Hierápolis. Pablo no había fundado aquella Iglesia ni la había visitado personalmente: el Evangelio había llegado allí por medio de Epafras, su colaborador y compatriota de los colosenses, que seguía trabajando por ellos.
La ocasión de la carta es una enseñanza que estaba desviando a la comunidad. No la conocemos con precisión, pero Pablo la describe como una «filosofía» hecha de tradiciones humanas: observancias sobre comidas y bebidas, fiestas, novilunios y sábados, circuncisión, culto a los ángeles, visiones y mortificaciones severas del cuerpo. Todo ello con apariencia de sabiduría y de piedad, pero sin fuerza real contra el pecado y con un grave defecto: no se apoyaba en Cristo.
La respuesta de Pablo es una de las páginas más altas de la cristología del Nuevo Testamento. En el himno de 1,15-20 proclama a Cristo imagen del Dios invisible, primogénito de toda creación, aquel en quien todo fue creado y en quien todo tiene consistencia, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia, y quien posee toda la Plenitud. Sobre esa base desarrolla la vida nueva del bautizado: muerto y resucitado con Cristo, revestido del hombre nuevo, llamado a buscar las cosas de arriba.
Para la fe católica, Colosenses es una escuela de cristocentrismo. Recuerda que la santidad no consiste en acumular prácticas, sino en estar unidos a la Cabeza, de la cual el Cuerpo entero recibe nutrición y crecimiento. Y el himno de la reconciliación por la sangre de la cruz ilumina el misterio de la Eucaristía y de la Iglesia.
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