Filipenses
Nuevo Testamento | 4 capítulos | 104 versículos
Capítulo 4
1 Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona, manteneos así firmes en el Señor, queridos.
2 Ruego a Evodia, lo mismo que a Síntique, tengan un mismo sentir en el Señor.
3 También te ruego a ti, Sícigo, verdadero «compañero», que las ayudes, ya que lucharon por el Evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.
4 Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.
5 Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.
6 No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias.
7 Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
8 Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta.
9 Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros.
10 Me alegré mucho en el Señor de que ya al fin hayan florecido vuestros buenos sentimientos para conmigo. Ya los teníais, sólo que os faltaba ocasión de manifestarlos.
11 No lo digo movido por la necesidad, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo.
12 Sé andar escaso y sobrado. Estoy avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre; a la abundancia y a la privación.
13 Todo lo puedo en Aquel que me conforta.
14 En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación.
15 Y sabéis también vosotros, filipenses, que en el comienzo de la evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna Iglesia me abrió cuentas de «haber y debe», sino vosotros solos.
16 Pues incluso cuando estaba yo en Tesalónica enviasteis por dos veces con que atender a mi necesidad.
17 No es que yo busque el don; sino que busco que aumenten los intereses en vuestra cuenta.
18 Tengo cuanto necesito, y me sobra; nado en la abundancia después de haber recibido de Epafrodrito lo que me habéis enviado, suave aroma , sacrificio que Dios acepta con agrado.
19 Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús.
20 Y a Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
21 Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Os saludan los hermanos que están conmigo.
22 Os saludan todos los Santos, especialmente los de la Casa del César.
23 La gracia del Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu.
Reflexión del capítulo 4
El capítulo final reúne exhortaciones prácticas y una confesión de contentamiento. Pablo pide a Evodia y a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor, y nos encomienda lo verdadero, lo noble, lo justo, lo puro, lo amable como objeto de la mirada. Luego entrega la receta de la paz: no os agobiéis por nada, presentad a Dios toda petición con acción de gracias, y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodiará vuestros corazones. El Apóstol testifica: ha aprendido a estar contento en abundancia y en necesidad, porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Agradece el don de los filipenses, que compartieron su estrechez, y cierra con una bendición. Esta carta nos deja el secreto de la alegría cristiana: no está en las circunstancias, sino en la presencia del Señor cerca y en la gratitud. El contentamiento no es pasividad, sino confianza activa en quien provee. Quien así vive descansa en la paz que guarda el corazón incluso en la tormenta.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy practica la paz evangélica: ante cualquier preocupación, no te angusties ni la rumies, preséntasela a Dios con acción de gracias y deja que su paz custodie tu corazón. Elige además una sola cosa verdadera, pura y noble en la que fijar tu mirada durante el día, y agradece lo recibido. En Cristo cercano todo puede ser ofrecido y transformado.
Oración
Dios de paz, tú estás cerca y nos invitas a no angustiarnos. Danos el contentamiento que nace de tu presencia y guarda nuestro corazón en la paz que sobrepasa todo entendimiento, para que seamos testigos de tu serenidad. Amén.
Acerca del libro de Filipenses
La carta a los Filipenses es, de todas las epístolas de san Pablo, la más cálida y gozosa. Escrita desde la prisión, probablemente en Roma hacia el año 60, lleva el sello de una amistad profunda entre el Apóstol y la comunidad que él mismo fundó en su segundo viaje misionero, en la ciudad macedónica de Filipos, colonia romana y puerto estratégico. Allí, en el río Gálatas, Pablo encontró a Lidia y a la carcelera cuya familia bautizó tras el terremoto que abrió las puertas de la cárcel.
Desde el punto de vista literario, Filipenses combina el género de la carta de agradecimiento con exhortaciones fuertes y un himno cristológico de altísimo valor. Su tema central es la alegría en el Señor, fundada no en las circunstancias sino en la certeza de la presencia de Cristo y en la promesa de la resurrección. Pablo repite: alegraos en el Señor siempre. La carta despliega también la figura de Cristo humillado y exaltado, el modelo de la kénosis o vaciamiento, que invita a los discípulos a la humildad y al servicio mutuo.
En la historia de la salvación, Filipenses ilumina cómo el sufrimiento unido a Cristo se vuelve camino de evangelización, pues incluso las cadenas de Pablo anuncian el Evangelio. Para el católico de hoy, esta carta es una escuela de desapego y de paz: enseña a estar contento en toda situación, a presentar a Dios las preocupaciones con acción de gracias y a fijar la mirada en lo verdadero, lo noble, lo justo, lo puro. Leerla es aprender que la alegría cristiana es un fruto del Espíritu que ninguna adversidad puede arrebatar. Su mensaje sigue iluminando hoy a los creyentes que sufren, trabajan o se sienten solos: la cercanía de Cristo transforma toda circunstancia en ocasión de alabanza y de servicio fraterno. San Pablo nos recuerda que la meta de la vida cristiana es crecer en Cristo y llegar unidos a su encuentro.
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