Efesios

Nuevo Testamento | 6 capítulos | 155 versículos

Ef

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Capítulo 1 de 6

Capítulo 1

1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús.

2 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo;

4 por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor;

5 eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad,

6 para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado.

7 En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia

8 que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

9 dándonos a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano,

10 para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra.

11 A él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad,

12 para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo.

13 En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa,

14 que es prenda de nuestra herencia, para redención del Pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria.

15 Por eso, también yo, al tener noticia de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestra caridad para con todos los santos,

16 no ceso de dar gracias por vosotros recordándoos en mis oraciones,

17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente;

18 iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos,

19 y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa,

20 que desplegó en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos,

21 por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación y de todo cuanto tiene nombre no sólo en este mundo sino también en el venidero.

22 Bajo sus pies sometió todas la cosas y le constituyó Cabeza suprema de la Iglesia,

23 que es su Cuerpo, la Plenitud del que lo llena todo en todo.

Reflexión del capítulo 1

El capítulo comienza con un torrente de bendiciones: Dios nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales, nos ha elegido antes de la creación del mundo, nos ha destinado a ser sus hijos adoptivos y nos ha redimido por su sangre, con el perdón de los pecados. Cada frase es un motivo de asombro, porque todo se presenta como iniciativa de Dios y no como conquista nuestra. El texto habla también del Espíritu Santo como sello y prenda de la herencia prometida: no un simple regalo, sino la garantía de que lo prometido se cumplirá. Después la mirada se eleva a Cristo, presentado como cabeza de todo, sentado a la derecha del Padre, por encima de todo principado y potestad. Todo está bajo sus pies, y la Iglesia es su cuerpo, colmada por aquel que lleva a plenitud todas las cosas. La segunda parte del capítulo es una oración: el autor pide que los creyentes reciban espíritu de sabiduría, que se les abran los ojos del corazón y que conozcan la esperanza a la que han sido llamados y la grandeza de su poder. Es una invitación a pedir lo más importante.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Dedica hoy tu oración a agradecer, no a pedir. Recorre tres o cuatro bendiciones concretas que has recibido —la fe, una persona, una oportunidad, una curación, un perdón— y dale gracias a Dios por cada una, nombrándolas. La gratitud abre los ojos del corazón y cambia la manera de mirar la propia vida. Y pide, como el texto, conocer la esperanza a la que has sido llamado.

Oración

Padre, gracias por haberme elegido y adoptado como hijo en Cristo. Abre los ojos de mi corazón para conocer la esperanza a la que me has llamado. Que viva siempre desde la gratitud y no desde la queja. Amén.

Acerca del libro de Efesios

La carta a los Efesios es una de las páginas más elevadas del Nuevo Testamento. La tradición la atribuye a san Pablo, que la escribió desde la prisión, probablemente en Roma hacia los años 60 al 62, y por eso se la cuenta entre las cartas de la cautividad. Más que una respuesta a un problema concreto de una comunidad, parece una meditación sobre el designio de Dios realizado en Cristo: un texto que se lee bien en voz alta, casi como una plegaria. Su tema central es la Iglesia entendida como cuerpo de Cristo, edificio santo, esposa amada, y el misterio largamente escondido y ahora revelado de que también los paganos están llamados a formar parte del mismo pueblo. La primera mitad de la carta es contemplativa: describe las bendiciones espirituales recibidas, la salvación por pura gracia, la reconciliación de judíos y gentiles en un solo hombre nuevo. La segunda mitad es exhortativa: cómo debe vivir quien ha sido alcanzado por esa gracia, con una moral doméstica y una llamada final a revestirse de la armadura de Dios frente al mal. Para el católico, Efesios es escuela de identidad: dice quién es la Iglesia, qué la une y de qué debe defenderse. En un tiempo de fragmentación, su insistencia en la unidad y en la dignidad de cada bautizado sigue siendo una luz imprescindible.

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