Efesios

Nuevo Testamento | 6 capítulos | 155 versículos

Ef

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Capítulo 4 de 6

Capítulo 4

1 Os exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados,

2 con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor,

3 poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

4 Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados.

5 Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,

6 un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.

7 A cada uno de nosotros le ha sido concedido el favor divino a la medida de los dones de Cristo.

8 Por eso dice: Subiendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hombres.

9 ¿Qué quiere decir «subió» sino que también bajó a las regiones inferiores de la tierra?

10 Este que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.

11 El mismo «dio» a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros,

12 para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo,

13 hasta que llegemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo.

14 Para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error,

15 antes bien, siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo,

16 de quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas que llevan la nutrición según la actividad propia de cada una de las partes, realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor.

17 Os digo, pues, esto y os conjuro en el Señor, que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente,

18 sumergido su pensamiento en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza

19 los cuales, habiendo perdido el sentido moral, se entregaron al libertinaje, hasta practicar con desenfreno toda suerte de impurezas.

20 Pero no es éste el Cristo que vosotros habéis aprendido,

21 si es que habéis oído hablar de él y en él habéis sido enseñados conforme a la verdad de Jesús

22 a despojaros, en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias,

23 a renovar el espíritu de vuestra mente,

24 y a revestiros del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad.

25 Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros.

26 Si os airáis, no pequéis; no se ponga el sol mientras estéis airados,

27 ni deis ocasión al Diablo.

28 El que robaba, que ya no robe, sino que trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda hacer partícipe al que se halle en necesidad.

29 No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen.

30 No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención.

31 Toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre vosotros.

32 Sed más bien buenos entre vosotros, entrañables, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo.

Reflexión del capítulo 4

La carta pasa de la contemplación a la exhortación. La primera palabra es un ruego: que caminemos de manera digna de la vocación recibida, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándonos unos a otros con amor y esforzándonos por conservar la unidad que da el Espíritu mediante el vínculo de la paz. Sigue una de las formulaciones más claras de la fe cristiana: hay un único cuerpo y un único Espíritu, un único Señor, una única fe, un único bautismo y un único Dios, Padre de todos. La unidad no se fabrica, se custodia. El capítulo reconoce además la diversidad de dones y ministerios: unos apóstoles, otros profetas, otros evangelistas, otros pastores y maestros, todos al servicio del crecimiento del cuerpo. Después viene una serie de contrastes muy concretos entre la vida antigua y la nueva: despojarse del hombre viejo, renovarse en la mente y revestirse del hombre nuevo; dejar la mentira y decir la verdad; no pecar al enojarse; no robar sino trabajar; no hablar mal, sino palabras que hagan bien; no entristecer al Espíritu Santo; perdonar como Dios perdonó en Cristo. Es una moral realista, hecha de gestos cotidianos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Elige uno de los contrastes del capítulo y trabájalo esta semana de forma concreta. Por ejemplo, sustituye una crítica o un comentario hiriente por una palabra que anime; deja de mentir en un asunto pequeño; devuelve algo que no es tuyo. El hombre nuevo se construye con decisiones pequeñas y repetidas, no con grandes propósitos que se olvidan al día siguiente.

Oración

Señor, dame humildad y paciencia para soportar y sostener a los demás. Líbrame de la mentira, del robo y de la palabra que hiere. Que no entristezca a tu Espíritu y que aprenda a perdonar como tú me perdonas. Amén.

Acerca del libro de Efesios

La carta a los Efesios es una de las páginas más elevadas del Nuevo Testamento. La tradición la atribuye a san Pablo, que la escribió desde la prisión, probablemente en Roma hacia los años 60 al 62, y por eso se la cuenta entre las cartas de la cautividad. Más que una respuesta a un problema concreto de una comunidad, parece una meditación sobre el designio de Dios realizado en Cristo: un texto que se lee bien en voz alta, casi como una plegaria. Su tema central es la Iglesia entendida como cuerpo de Cristo, edificio santo, esposa amada, y el misterio largamente escondido y ahora revelado de que también los paganos están llamados a formar parte del mismo pueblo. La primera mitad de la carta es contemplativa: describe las bendiciones espirituales recibidas, la salvación por pura gracia, la reconciliación de judíos y gentiles en un solo hombre nuevo. La segunda mitad es exhortativa: cómo debe vivir quien ha sido alcanzado por esa gracia, con una moral doméstica y una llamada final a revestirse de la armadura de Dios frente al mal. Para el católico, Efesios es escuela de identidad: dice quién es la Iglesia, qué la une y de qué debe defenderse. En un tiempo de fragmentación, su insistencia en la unidad y en la dignidad de cada bautizado sigue siendo una luz imprescindible.

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