Efesios
Nuevo Testamento | 6 capítulos | 155 versículos
Capítulo 6
1 Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor; porque esto es justo.
2 Honra a tu padre y a tu madre, tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa:
3 Para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra.
4 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor.
5 Esclavos, obedeced a vuestros amos de este mundo con respeto y temor, con sencillez de corazón, como a Cristo,
6 no por ser vistos, como quien busca agradar a los hombres, sino como esclavos de Cristo que cumplen de corazón la voluntad de Dios;
7 de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres;
8 conscientes de que cada cual será recompemsado por el Señor según el bien que hiciere: sea esclavo, sea libre.
9 Amos, obrad de la misma manera con ellos, dejando las amenazas; teniendo presente que está en los cielos el Amo vuestro y de ellos, y que en él no hay acepción de personas.
10 Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder.
11 Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo.
12 Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas.
13 Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes.
14 ¡En pie!, pues; ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza,
15 calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz,
16 embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.
17 Tomad, también, el yelmo de la salvación y la la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios;
18 siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos,
19 y también por mí, para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el Misterio del Evangelio,
20 del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de él valientemente como conviene.
21 Para que también vosotros sepáis cómo me va y qué hago, os informará de todo Tíquico, el hermano querido y fiel ministro en el Señor,
22 a quien envío donde vosotros expresamente para que sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones.
23 Paz a los hermanos, y caridad con fe de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo.
24 La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo en la vida incorruptible.
Reflexión del capítulo 6
El capítulo cierra la exhortación doméstica: los hijos deben honrar a sus padres, y los padres no deben exasperarlos, sino educarlos con corrección y con cariño. A los servidores se les pide trabajar con sinceridad, no solo cuando son vistos, y a los señores tratar con justicia, recordando que también ellos tienen un amo en el cielo. Es una novedad notable para su tiempo, porque pone límites al poder de los amos y dignifica el trabajo de los que no tenían voz. Después llega la imagen más famosa de la carta: la armadura de Dios. El creyente debe revestirse de la verdad como cinturón, la justicia como coraza, el celo por el evangelio como calzado, la fe como escudo para apagar los dardos del mal, la salvación como casco y la palabra de Dios como espada del Espíritu. Es una armadura defensiva y ofensiva a la vez, pero hecha de virtudes, no de acero. Y termina con la oración, la única arma que debe acompañar a todas las demás: orad en todo momento, velad y perseverad. La carta se despide con el envío de Tíquico, para que los hermanos conozcan su situación y se consuelen.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Identifica cuál de las piezas de la armadura te falta más: verdad, justicia, fe, salvación, oración. Trabaja esa en concreto esta semana y acompáñala con una oración diaria breve pero constante. Y no olvides que la batalla espiritual se libra de rodillas: sin oración, las demás virtudes se vuelven frágiles. Reserva cada día un momento para orar por los que te rodean.
Oración
Señor, revísteme con tu verdad, tu justicia y tu paz. Fortalece mi fe para resistir el mal y dame constancia en la oración. Que no me confíe en mis fuerzas, sino en tu poder. Amén.
Acerca del libro de Efesios
La carta a los Efesios es una de las páginas más elevadas del Nuevo Testamento. La tradición la atribuye a san Pablo, que la escribió desde la prisión, probablemente en Roma hacia los años 60 al 62, y por eso se la cuenta entre las cartas de la cautividad. Más que una respuesta a un problema concreto de una comunidad, parece una meditación sobre el designio de Dios realizado en Cristo: un texto que se lee bien en voz alta, casi como una plegaria. Su tema central es la Iglesia entendida como cuerpo de Cristo, edificio santo, esposa amada, y el misterio largamente escondido y ahora revelado de que también los paganos están llamados a formar parte del mismo pueblo. La primera mitad de la carta es contemplativa: describe las bendiciones espirituales recibidas, la salvación por pura gracia, la reconciliación de judíos y gentiles en un solo hombre nuevo. La segunda mitad es exhortativa: cómo debe vivir quien ha sido alcanzado por esa gracia, con una moral doméstica y una llamada final a revestirse de la armadura de Dios frente al mal. Para el católico, Efesios es escuela de identidad: dice quién es la Iglesia, qué la une y de qué debe defenderse. En un tiempo de fragmentación, su insistencia en la unidad y en la dignidad de cada bautizado sigue siendo una luz imprescindible.
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