Efesios

Nuevo Testamento | 6 capítulos | 155 versículos

Ef

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Capítulo 3 de 6

Capítulo 3

1 Por lo cual yo, Pablo, el prisionero de Cristo por vosotros los gentiles...

2 si es que conocéis la misión de la gracia que Dios me concedió en orden a vosotros:

3 cómo me fue comunicado por una revelación el conocimiento del Misterio, tal como brevemente acabo de exponeros.

4 Según esto, leyéndolo podéis entender mi conocimiento del Misterio de Cristo;

5 Misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu:

6 que los gentiles sois coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio,

7 del cual he llegado a ser ministro, conforme al don de la gracia de Dios a mí concedida por la fuerza de su poder.

8 A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta gracia: la de anunciar a los gentiles la inescrutable riqueza de Cristo,

9 y esclarecer cómo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas,

10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora manifestada a los Principados y a las Potestades en los cielos, mediante la Iglesia,

11 conforme al previo designio eterno que realizó en Cristo Jesús, Señor nuestro,

12 quien, mediante la fe en él, nos da valor para llegarnos confiadamente a Dios.

13 Por lo cual os ruego no os desaniméis a causa de las tribulaciones que por vosotros padezco, pues ellas son vuestra gloria.

14 Por eso doblo mis rodillas ante el Padre,

15 de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra,

16 para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior,

17 que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor,

18 podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad,

19 y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios.

20 A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros,

21 a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.

Reflexión del capítulo 3

Pablo se presenta como prisionero por causa de Cristo y como servidor de un misterio que no había sido revelado a las generaciones anteriores: que los paganos son coherederos, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa. Es un anuncio revolucionario, porque significaba que la salvación no pasaba por hacerse primero judío. El autor se describe como el menor de todos los santos, y atribuye todo lo que hace a la gracia recibida. No hay en él ninguna vanidad: cuanto más grande es la misión, más profunda la conciencia de ser instrumento. La segunda parte del capítulo es una oración de rodillas, dirigida al Padre de quien toma nombre toda paternidad. Pide que los creyentes sean fortalecidos interiormente por el Espíritu, que Cristo habite en sus corazones por la fe, que estén arraigados y cimentados en el amor, y que lleguen a comprender, con todos los santos, la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, que supera todo conocimiento. El capítulo termina con una doxología: a Dios, que puede hacer mucho más de lo que pedimos o pensamos, la gloria por los siglos. Es una de las oraciones más altas del Nuevo Testamento.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Haz tuya esta oración y pide, por encima de cualquier otra cosa, comprender el amor de Cristo. Dedica unos minutos de silencio a repetir con calma: Cristo habita en mi corazón por la fe. Deja que esa verdad arraigue y sostenga tus decisiones del día, especialmente las difíciles. Y pide también por los demás, como hace el texto, no solo por ti.

Oración

Padre, fortalece mi hombre interior y haz que Cristo habite en mi corazón por la fe. Que yo sea capaz de comprender la anchura y la profundidad de su amor, y que ese amor me sostenga siempre. Amén.

Acerca del libro de Efesios

La carta a los Efesios es una de las páginas más elevadas del Nuevo Testamento. La tradición la atribuye a san Pablo, que la escribió desde la prisión, probablemente en Roma hacia los años 60 al 62, y por eso se la cuenta entre las cartas de la cautividad. Más que una respuesta a un problema concreto de una comunidad, parece una meditación sobre el designio de Dios realizado en Cristo: un texto que se lee bien en voz alta, casi como una plegaria. Su tema central es la Iglesia entendida como cuerpo de Cristo, edificio santo, esposa amada, y el misterio largamente escondido y ahora revelado de que también los paganos están llamados a formar parte del mismo pueblo. La primera mitad de la carta es contemplativa: describe las bendiciones espirituales recibidas, la salvación por pura gracia, la reconciliación de judíos y gentiles en un solo hombre nuevo. La segunda mitad es exhortativa: cómo debe vivir quien ha sido alcanzado por esa gracia, con una moral doméstica y una llamada final a revestirse de la armadura de Dios frente al mal. Para el católico, Efesios es escuela de identidad: dice quién es la Iglesia, qué la une y de qué debe defenderse. En un tiempo de fragmentación, su insistencia en la unidad y en la dignidad de cada bautizado sigue siendo una luz imprescindible.

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