Efesios

Nuevo Testamento | 6 capítulos | 155 versículos

Ef

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Capítulo 2 de 6

Capítulo 2

1 Y a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

2 en los cuales vivisteis en otro tiempo según el proceder de este mundo, según el Príncipe del imperio del aire, el Espíritu que actúa en los rebeldes...

3 entre ellos vivíamos también todos nosotros en otro tiempo en medio de las concupiscencias de nuestra carne, siguiendo las apetencias de la carne y de los malos pensamientos, destinados por naturaleza, como los demás, a la Cólera...

4 Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amo,

5 estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados -

6 y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús,

7 a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

8 Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios;

9 tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.

10 En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos.

11 Así que, recordad cómo en otro tiempo vosotros, los gentiles según la carne, llamados incircuncisos por la que se llama circuncisión - por una operación practicada en la carne -,

12 estabais a la sazón lejos de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la Promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13 Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo.

14 Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad,

15 anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz,

16 y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad.

17 Vino a anunciar la paz: paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca.

18 Pues por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu.

19 Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios,

20 edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo,

21 en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor,

22 en quien también vosotros estáis siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Espíritu.

Reflexión del capítulo 2

El capítulo describe un antes y un después. Antes estábamos muertos por nuestras culpas, siguiendo el rumbo del mundo y dominados por pasiones que no elegíamos; el texto no se avergüenza de reconocerlo. Después, Dios, rico en misericordia y por el gran amor con que nos amó, nos devolvió la vida junto con Cristo y nos dio un puesto en el cielo. Y aquí aparece la frase que resume todo el evangelio: la salvación es un regalo recibido por la fe, no un logro humano; es un don de Dios y no el resultado de nuestros méritos. No se salva nadie por sus propias fuerzas, para que nadie pueda presumir. Sin embargo, el mismo texto añade que hemos sido creados en Cristo Jesús para hacer obras buenas, preparadas de antemano por Dios. La gracia no suprime las obras, las hace posibles. La segunda mitad del capítulo celebra la reconciliación: Cristo ha derribado el muro de separación entre judíos y paganos y ha creado en sí mismo un solo hombre nuevo, haciendo la paz. Ya no somos extranjeros, sino conciudadanos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre los apóstoles y profetas, con Cristo como piedra angular.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Deja de medir tu valor ante Dios por lo que haces o dejas de hacer. Cuando caigas, no te quedes en la culpa ni en la desesperación: recuerda que la salvación es un don y vuelve a Él con confianza. Y trata a los demás como miembros de la misma familia, sin levantar muros ni hacer distinciones por origen, clase, ideología o apariencia. La unidad es un don que hay que cuidar.

Oración

Señor, tú me diste vida cuando estaba muerto por mis culpas. Gracias porque tu salvación es un regalo y no un salario. Líbrame del orgullo y de la condenación, y enséñame a construir la unidad. Amén.

Acerca del libro de Efesios

La carta a los Efesios es una de las páginas más elevadas del Nuevo Testamento. La tradición la atribuye a san Pablo, que la escribió desde la prisión, probablemente en Roma hacia los años 60 al 62, y por eso se la cuenta entre las cartas de la cautividad. Más que una respuesta a un problema concreto de una comunidad, parece una meditación sobre el designio de Dios realizado en Cristo: un texto que se lee bien en voz alta, casi como una plegaria. Su tema central es la Iglesia entendida como cuerpo de Cristo, edificio santo, esposa amada, y el misterio largamente escondido y ahora revelado de que también los paganos están llamados a formar parte del mismo pueblo. La primera mitad de la carta es contemplativa: describe las bendiciones espirituales recibidas, la salvación por pura gracia, la reconciliación de judíos y gentiles en un solo hombre nuevo. La segunda mitad es exhortativa: cómo debe vivir quien ha sido alcanzado por esa gracia, con una moral doméstica y una llamada final a revestirse de la armadura de Dios frente al mal. Para el católico, Efesios es escuela de identidad: dice quién es la Iglesia, qué la une y de qué debe defenderse. En un tiempo de fragmentación, su insistencia en la unidad y en la dignidad de cada bautizado sigue siendo una luz imprescindible.

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