Gálatas
Nuevo Testamento | 6 capítulos | 149 versículos
Capítulo 1
1 Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos,
2 y todos los hermanos que conmigo están, a las Iglesias de Galacia.
3 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo,
4 que se entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso, según la voluntad de nuestro Dios y Padre,
5 a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
6 Me maravillo de que abandonando al que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio
7 - no que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren deformar el Evangelio de Cristo -.
8 Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!
9 Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!
10 Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo.
11 Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano,
12 pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
13 Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba,
14 y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres.
15 Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien
16 revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre,
17 sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco.
18 Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía.
19 Y no vi a ningún otro apóstol, y sí a Santiago, el hermano del Señor.
20 Y en lo que os escribo, Dios me es testigo de que no miento.
21 Luego me fui a las regiones de Siria y Cilicia;
22 pero personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo.
23 Solamente habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir».
24 Y glorificaban a Dios a causa de mí.
Reflexión del capítulo 1
El primer capítulo de Gálatas es una defensa apasionada del origen divino del apostolado de Pablo y de la pureza del Evangelio. Pablo afirma que su misión no procede de los hombres ni de mediación humana alguna, sino de Jesucristo y del Padre que lo resucitó de entre los muertos. Sobre esa convicción se apoya todo lo que sigue: el Evangelio no es una doctrina inventada, sino una revelación recibida.
Con dolor, Pablo se maravilla de que los gálatas, llamados por la gracia de Cristo, se pasen tan pronto a otro evangelio. Su lenguaje es tajante: quienes perturban a los creyentes y deforman el mensaje de Cristo quedan bajo anatema, aunque se presentaran como ángeles del cielo. No es intolerancia, sino amor a la verdad que salva, pues un evangelio distinto ya no es el Evangelio.
Después recuerda su propia historia: cómo perseguía encarnizadamente a la Iglesia y sobresalía en el celo por las tradiciones de sus padres. Aquel pasado no lo avergüenza, porque hace brillar la gracia: Dios, que lo separó desde el seno de su madre y lo llamó por su gracia, quiso revelar en él a su Hijo para anunciarlo entre los gentiles. Pablo no buscó el favor humano; se retiró a Arabia y luego subió a Jerusalén para conocer a Cefas.
El capítulo enseña que la vocación es siempre iniciativa de Dios. También nosotros somos llamados por gracia a anunciar a Cristo, y la memoria de nuestra propia historia —incluso de nuestros extravíos— se vuelve testimonio de la misericordia que transforma.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy puedo examinar de dónde tomo mi identidad: ¿de la aprobación de los demás o del llamado de Dios? Concreto un gesto: dedicar unos minutos a recordar mi propia historia y agradecer a Dios los momentos en que su gracia me sacó de un camino equivocado. Y cuando alguien contradiga la fe, responder con firmeza serena, sin buscar agradar a todos ni callar por miedo al rechazo.
Oración
Padre, que me llamaste por tu gracia desde el seno de mi madre, gracias por revelarme a tu Hijo. Dame valentía para no cambiar el Evangelio por aplausos humanos y humildad para reconocer tu mano en mi historia. Que sea fiel a la verdad que salva. Amén.
Acerca del libro de Gálatas
La Carta a los Gálatas es uno de los escritos más ardientes de san Pablo, redactado probablemente entre los años 54 y 57 d.C. para unas comunidades que él mismo había fundado en la región de Galacia, en Asia Menor. El apóstol se presenta como enviado «no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos», porque su autoridad y su Evangelio le vinieron por revelación directa y no por mediación humana.
La ocasión de la carta es una crisis grave. Unos predicadores venidos del judaísmo, llamados judaizantes, sostenían que los paganos convertidos debían circuncidarse y observar la Ley de Moisés para salvarse; con ello perturbaban a los creyentes y deformaban el Evangelio de Cristo. Pablo reacciona con una vehemencia que no aparece en ninguna otra de sus cartas, porque no discute un punto secundario: defiende la verdad misma de la salvación. Si esta dependiera de las obras de la Ley, Cristo habría muerto en vano.
De ahí brota la enseñanza central de la carta: el hombre no se justifica por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, y todos los que creen son hijos de Abraham y herederos de la Promesa. La Ley fue un pedagogo que condujo hasta Cristo; una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo. La carta no se queda en la doctrina, sino que la lleva a la vida: la libertad cristiana no es licencia para la carne, sino vocación al amor, pues toda la Ley se cumple en el mandamiento de amar al prójimo. Frente a las obras de la carne, Pablo describe el fruto del Espíritu —amor, alegría, paz, paciencia, bondad— como el verdadero signo de quien pertenece a Cristo.
Para la fe católica, Gálatas es una escuela de gracia y de libertad responsable. Nos recuerda que la salvación es don antes que conquista y que la respuesta del creyente es la fe que actúa por la caridad. Leída en la tradición de la Iglesia, ilumina el lugar de la Ley, de los sacramentos y de las obras en la vida cristiana, y conduce siempre a Cristo crucificado, único mediador de la salvación.
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