Gálatas

Nuevo Testamento | 6 capítulos | 149 versículos

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Capítulo 5 de 6

Capítulo 5

1 Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud.

2 Soy yo, Pablo, quien os lo dice: Si os dejáis circuncidar, Cristo no os aprovechará nada.

3 De nuevo declaro a todo hombre que se circuncida que queda obligado a practicar toda la ley.

4 Habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley. Os habéis apartado de la gracia.

5 Pues a nosotros nos mueve el Espíritu a aguardar por la fe los bienes esperados por la justicia.

6 Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad.

7 Comenzasteis bien vuestra carrera, ¿quién os puso obstáculo para no seguir a la verdad?

8 Semejante persuasión no proviene de Aquel que os llama.

9 Un poco de levadura fermenta toda la masa.

10 Por mi parte, confío en el Señor que vosotros no pensaréis de otra manera; pero el que os perturba llevará su castigo, quienquiera que sea.

11 En cuanto a mí, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué soy todavía perseguido? ¡Pues se acabó ya el escándalo de la cruz!

12 ¡Ojalá que se mutilaran los que os perturban!

13 Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros.

14 Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

15 Pero si os mordéis y os devoráis mutuamente, ¡mirad no vayáis mutuamente a destruiros!

16 Por mi parte os digo: Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne.

17 Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais.

18 Pero, si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

19 Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje,

20 idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones,

21 envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

22 En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,

23 mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.

24 Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias.

25 Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.

26 No busquemos la gloria vana provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.

Reflexión del capítulo 5

El quinto capítulo es el corazón exhortativo de la carta. Pablo proclama la consigna de la libertad cristiana: para ser libres nos libertó Cristo; manteneos firmes y no os dejéis oprimir de nuevo bajo el yugo de la esclavitud. Quien busca su justicia en la Ley rompe con Cristo y se aparta de la gracia, pues en Cristo ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad.

La libertad, sin embargo, no es pretexto para la carne, sino llamada a servir por amor. Toda la Ley alcanza su plenitud en el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo. Pablo advierte con realismo contra la libertad mal entendida, que lleva a morderse y devorarse unos a otros.

Después traza dos listas que iluminan la conciencia. Las obras de la carne —fornicación, impureza, idolatría, odios, discordia, celos, envidias, divisiones, embriagueces— excluyen del Reino de Dios. El fruto del Espíritu, en cambio, es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí. Contra tales cosas no hay ley. Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y apetencias, y si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.

El capítulo es a la vez un examen de conciencia y una promesa: donde el Espíritu trabaja, la vida florece en frutos que nadie puede prohibir.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy puedo hacer un examen concreto: elegir uno de los frutos del Espíritu que me falta —paciencia, mansedumbre, dominio de sí— y pedirlo en la oración de la mañana. Durante el día, cuando aparezca la tentación de la discordia o la envidia, responderé con un gesto de servicio. La libertad se demuestra sirviendo por amor, no imponiendo mi criterio.

Oración

Espíritu Santo, fuente de la verdadera libertad, arranca de mí las obras de la carne y cultiva tu fruto: amor, alegría, paz, paciencia y bondad. Que use mi libertad para servir y que mi vida sea testimonio de Cristo. Amén.

Acerca del libro de Gálatas

La Carta a los Gálatas es uno de los escritos más ardientes de san Pablo, redactado probablemente entre los años 54 y 57 d.C. para unas comunidades que él mismo había fundado en la región de Galacia, en Asia Menor. El apóstol se presenta como enviado «no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos», porque su autoridad y su Evangelio le vinieron por revelación directa y no por mediación humana.

La ocasión de la carta es una crisis grave. Unos predicadores venidos del judaísmo, llamados judaizantes, sostenían que los paganos convertidos debían circuncidarse y observar la Ley de Moisés para salvarse; con ello perturbaban a los creyentes y deformaban el Evangelio de Cristo. Pablo reacciona con una vehemencia que no aparece en ninguna otra de sus cartas, porque no discute un punto secundario: defiende la verdad misma de la salvación. Si esta dependiera de las obras de la Ley, Cristo habría muerto en vano.

De ahí brota la enseñanza central de la carta: el hombre no se justifica por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, y todos los que creen son hijos de Abraham y herederos de la Promesa. La Ley fue un pedagogo que condujo hasta Cristo; una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo. La carta no se queda en la doctrina, sino que la lleva a la vida: la libertad cristiana no es licencia para la carne, sino vocación al amor, pues toda la Ley se cumple en el mandamiento de amar al prójimo. Frente a las obras de la carne, Pablo describe el fruto del Espíritu —amor, alegría, paz, paciencia, bondad— como el verdadero signo de quien pertenece a Cristo.

Para la fe católica, Gálatas es una escuela de gracia y de libertad responsable. Nos recuerda que la salvación es don antes que conquista y que la respuesta del creyente es la fe que actúa por la caridad. Leída en la tradición de la Iglesia, ilumina el lugar de la Ley, de los sacramentos y de las obras en la vida cristiana, y conduce siempre a Cristo crucificado, único mediador de la salvación.

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