I Juan
Nuevo Testamento | 5 capítulos | 105 versículos
Capítulo 4
1 Queridos, no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
2 Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios;
3 y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es el del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.
4 Vosotros, hijos míos, sois de Dios y los habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo.
5 Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha.
6 Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.
7 Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
8 Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor.
9 En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él.
10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.
11 Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
12 A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
13 En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu.
14 Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo.
15 Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece em él y él en Dios.
16 Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
17 En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
18 No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo;
19 quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros amemos, porque él nos amó primero.
20 Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.
21 Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.
Reflexión del capítulo 4
El capítulo enseña a discernir. No todo espíritu viene de Dios: hay que examinarlos. El criterio es cristológico y muy concreto: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; el que no lo confiesa es del Anticristo. La fe en la Encarnación no es un detalle teológico: es la frontera entre la verdad y el error, porque en ella se juega que Dios haya entrado de verdad en la historia y en la carne humana.
Después, el capítulo asciende a la afirmación más alta de toda la Escritura sobre Dios: Dios es Amor. Y lo explica de una manera que corta toda ilusión: el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Somos amados antes de amar; esa es la fuente de todo.
De ahí se sigue una consecuencia ineludible: si Dios nos amó de esa manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca, pero quien ama a su hermano hace presente a Dios en el mundo, y su amor llega a plenitud en nosotros. Y el fruto de ese amor maduro es la confianza: el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo. No se puede amar a Dios, a quien no vemos, odiando al hermano a quien vemos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Aplica hoy el criterio del amor a una relación difícil: alguien que te cae mal, que te ha ofendido o que te resulta indiferente. Reza por esa persona llamándola por su nombre y hazle un bien concreto, aunque no lo merezca. Y cuando el miedo te paralice, recuerda que fuiste amado primero y que el amor perfecto expulsa todo temor.
Oración
Dios que eres Amor: gracias por amarnos primero y entregar a tu Hijo por nosotros. Expulsa de nuestro corazón todo temor y todo odio, y enséñanos a amar al hermano que vemos, para permanecer en ti. Amén.
Acerca del libro de I Juan
La Primera Carta de Juan es un texto breve pero de enorme hondura, atribuido por la tradición a Juan, el discípulo amado, el mismo a quien se atribuyen el cuarto Evangelio y el Apocalipsis. Se escribió probablemente hacia el final del siglo I, desde la región de Éfeso, para comunidades cristianas de Asia Menor que atravesaban una grave crisis interna. Habían aparecido predicadores que negaban que Jesucristo hubiera venido verdaderamente en carne y que separaban al Cristo divino del Jesús histórico; algunos habían abandonado la comunidad, dejando tras de sí confusión y divisiones. El autor escribe como testigo ocular, como anciano que ha conocido de cerca la vida del Señor, y su propósito es doble: confirmar a los fieles en la fe recibida y desenmascarar el error.
La carta no sigue el esquema habitual de una epístola: no tiene saludo ni despedida formales, sino que se presenta como una meditación encendida sobre tres realidades inseparables: la luz, el amor y la verdad. Dios es luz, y quien camina en la luz no puede vivir en la mentira ni en el odio. El amor no es un sentimiento vago, sino el mandamiento antiguo y nuevo a la vez: amar como Cristo amó, hasta dar la vida por los hermanos. Y la verdad se concreta en la confesión de que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, vencedor del mundo y del Maligno.
Para la fe católica, esta carta es una escuela de vida cristiana. Enseña que la comunión con Dios y la comunión con los hermanos son inseparables, que el pecado se vence con la confesión humilde y la intercesión de Cristo ante el Padre, y que la esperanza de ver a Dios cara a cara nos impulsa a purificarnos. Su anuncio central, que Dios es Amor, ilumina toda la existencia y señala a Cristo como la manifestación definitiva de ese amor salvador.
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