Rut
Antiguo Testamento | 4 capítulos | 85 versículos
Capítulo 1
1 En los días en que juzgaban los Jueces hubo hambre en el país, y un hombre de Belén de Judá se fue a residir, con su mujer y sus dos hijos, a los campos de Moab.
2 Este hombre se llamaba Elimélek, su mujer Noemí y sus dos hijos Majlón y Kilyón; eran efrateos de Belén de Judá. Llegados a los campos de Moab, se establecieron allí.
3 Murió Elimélek, el marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos.
4 Estos se casaron con mujeres moabitas, una de las cuales se llamaba Orpá y la otra Rut. Y habitaron allí unos diez años.
5 Murieron también ellos dos, Majlón y Kilyón, y quedó sola Noemí, sin sus dos hijos y sin marido.
6 Entonces decidió regresar de los campos de Moab con sus dos nueras, porque oyó en los campos de Moab que Yahveh había visitado a su pueblo y le daba pan.
7 Salió, pues, con sus nueras, del país donde había vivido y se pusieron en camino, para volver a la tierra de Judá.
8 Noemí dijo a sus dos nueras: «Andad, volveos cada una a casa de vuestra madre. Que Yahveh tenga piedad con vosotras como vosotras la habéis tenido con los que murieron y conmigo.
9 Que Yahveh os conceda encontrar vida apacible en la casa de un marido.» Y las besó. Pero ellas rompieron a llorar,
10 y dijeron: «No; contigo volveremos a tu pueblo.»
11 Noemí respondió: «Volveos, hijas mías, ¿por qué vais a venir conmigo? ¿Acaso tengo yo aún hijos en mi seno que puedan ser maridos vuestros?
12 Volveos, hijas mías, andad, porque yo soy demasiado vieja para casarme otra vez. Y aun cuando dijera que no he perdido toda esperanza, que esta misma noche voy a tener un marido y que tendré hijos
13 ¿habríais de esperar hasta que fueran mayores? ¿dejaríais por eso de casaros? No, hijas mías, yo tengo gran pena por vosotros, porque la mano de Yahveh ha caído sobre mí.»
14 Ellas rompieron a llorar de nuevo; después Orpá besó a su suegra y se volvió a su pueblo, pero Rut se quedó junto a ella.
15 Entonces Noemí dijo: «Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios, vuélvete tú también con ella.»
16 Pero Rut respondió: «No insistas en que te abandone y me separe de ti, porque donde tú vayas, yo iré, donde habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.
17 Donde tú mueras moriré y allí seré enterrada. Que Yahveh me dé este mal y añada este otro todavía si no es tan sólo la muerte lo que nos ha de separar.»
18 Viendo Noemí que Rut estaba decidida a acompañarla, no insistió más.
19 Caminaron, pues, las dos juntas hasta Belén. Cuando llegaron a Belén se conmovió toda la ciudad por ellas. Las mujeres exclamaban: «¿No es esta Noemí?»
20 Mas ella respondía: «¡No me llaméis ya Noemí, llamadme Mará, porque Sadday me ha llenado de amargura!
21 Colmada partí yo, vacía me devuelve Yahveh. ¿Por qué me llamáis aún Noemí, cuando Yahveh da testimonio contra mí y Sadday me ha hecho desdichada?»
22 Así fue como regresó Noemí, con su nuera Rut la moabita, la que vino de los campos de Moab. Llegaron a Be1len al comienzo de la siega de la cebada.
Reflexión del capítulo 1
El primer capítulo de Rut comienza con el hambre y termina con la siega de la cebada: un arco que va de la muerte a la esperanza. Elimélek, Noemí y sus hijos Majlón y Kilyón dejan Belén para buscar pan en Moab, pero allí la familia se deshace: primero muere el padre, luego los dos hijos. Noemí queda «vacía», sin marido ni hijos, y hasta pide que la llamen *Mará*, la amarga, porque siente que la mano de Yahveh ha caído sobre ella. Es una de las expresiones más honestas de dolor de toda la Escritura.
Sin embargo, en medio de ese vacío brilla un gesto inmenso. Cuando Noemí invita a sus nueras a volver a su tierra, Orpá la besa y regresa, pero Rut se queda y pronuncia las palabras que la Iglesia ha repetido en tantas bodas y conversiones: «Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios». No es solo afecto por una suegra; es una profesión de fe, una alianza libre y valiente que abraza a Israel y a su Dios.
La lección es luminosa: Dios no abandona a quien se abandona a él. Rut no sabe lo que le espera, pero su fidelidad ya está abriendo el camino por el que entrará la salvación.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuando atravieses una etapa de pérdida, no escondas tu amargura ante Dios: preséntale tu vacío con el mismo realismo de Noemí, sin fingir consuelo. Y elige hoy un gesto concreto de fidelidad hacia alguien que sufre —una llamada, una visita, un acompañamiento sostenido—, aunque no veas todavía su recompensa. La fidelidad callada de Rut fue la que preparó, sin que ella lo supiera, una bendición mayor.
Oración
Señor, cuando la vida me deje vacío, dame la valentía de Rut: no volver atrás, sino unir mi camino al tuyo. Que tu pueblo sea mi pueblo y tu Dios mi Dios, ahora y siempre. Amén.
Acerca del libro de Rut
El libro de Rut es una de las obras más delicadas del Antiguo Testamento: cuatro capítulos breves que, sin milagros ni batallas, muestran a Dios obrando en lo cotidiano. Su autor es anónimo; la tradición judía lo atribuyó al profeta Samuel. El relato se sitúa «en los días en que juzgaban los Jueces», una época de inestabilidad, hambre y fidelidad vacilante en Israel. Una familia de Belén de Judá —Elimélek, Noemí y sus hijos Majlón y Kilyón— emigra a Moab buscando pan y allí encuentra la muerte, no la vida.
El hilo conductor es el *jesed*, esa lealtad amorosa que une a las personas más allá de lo exigible: la de Rut hacia su suegra, la de Booz hacia una extranjera, la de Dios hacia un pueblo que lo olvida. Sobre ese fondo, el libro aborda temas decisivos de la fe católica: la providencia que guía incluso en el dolor, la acogida del forastero en la alianza, la figura del *goel* o pariente rescatador, y la esperanza de la descendencia. Rut, la moabita, entra en el pueblo de Israel no por linaje sino por fe y amor, y llega a ser bisabuela de David.
Para el cristiano, este libro es un anuncio del Redentor. Booz, que rescata a la viuda desamparada, prefigura a Cristo, el *goel* que nos rescata con su sangre; y Rut aparece en la genealogía de Jesús según san Mateo (Mt 1,5). Dios escribe su salvación también con nombres humildes y extranjeros.
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