Rut

Antiguo Testamento | 4 capítulos | 85 versículos

Rut

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Capítulo 4 de 4

Capítulo 4

1 Mientras tanto Booz subió a la puerta de la ciudad y se sentó allí. Acertó a pasar el pariente de que había hablado Booz, y le dijo: «Acércate y siéntate aquí, fulano.» Y éste fue y se sentó.

2 Tomó diez de los ancianos de la ciudad y dijo: «Sentaos aquí.» Y se sentaron.

3 Dijo entonces al que tenía el derecho de rescate: «Noemí, que ha vuelto de los campos de Moab, vende la parcela de campo de nuestro hermano Elimélek.

4 He querido hacértelo saber y decirte: «Adquiérela en presencia de los aquí sentados, en presencia de los ancianos de mi pueblo. Si vas a rescatar, rescata; si nos vas a rescatar, dímelo para que yo lo sepa, porque fuera de ti no hay otro que tenga derecho de rescate, pues voy yo después de ti.» El dijo: «Yo rescataré.»

5 Booz añadió: «El día que adquieras la parcela para ti de manos de Noemí tienes que adquirir también a Rut la moabita, mujer del difunto, para perpetuar el nombre del difunto en su heredad.»

6 El pariente respondió: «Así no puedo rescatar, porque podría perjudicar mi herencia. Usa tú mi derecho de rescate, porque yo no puedo usarlo.»

7 Antes en Israel, en caso de rescate o de cambio, para dar fuerza al contrato, había la costumbre de quitarse uno la sandalia y dársela al otro. Esta era la manera de testificar en Israel.

8 El que tenía el derecho de rescate dijo a Booz: «Adquiérela para ti.» Y se quitó la sandalia.

9 Entonces dijo Booz a los ancianos y a todo el pueblo: «Testigos sois vosotros hoy de que adquiero todo lo de Elimélek y todo lo de Kilyón y Majlón de manos de Noemí

10 y de que adquiero también a Rut la moabita, la que fue mujer de Kilyón, para que sea mi mujer a fin de perpetuar el nombre del difunto en su heredad y que el nombre del difunto no sea borrado entre sus hermanos y en la puerta de su localidad. Vosotros sois hoy testigos.»

11 Toda la gente que estaba en la puerta y los ancianos repondieron: «Somos testigos. Haga Yahveh que la mujer que entra en tu casa sea como Raquel y como Lía, las dos que edificaron la casa de Israel. Hazte poderoso en Efratá y sé famoso en Belén.

12 Sea tu casa como la casa de Peres, el que Tamar dio a Judá, gracias a la descendencia que Yahveh te conceda por esta joven.»

13 Booz tomó a Rut, y ella fue su mujer; se unió a ella, y Yahveh hizo que concibiera, y dio a luz un niño.

14 Las mujeres dijeron a Noemí: «Bendito sea Yahveh que no ha permitido que te falte hoy uno que te rescate para perpetuar su nombre en Israel.

15 Será el consuelo de tu alma y el apoyo de tu ancianidad, porque lo ha dado a luz tu nuera que te quiere y es para ti mejor que siete hijos.»

16 Tomó Noemí al niño y le puso en su seno y se encargó de criarlo.

17 Las vecinas le pusieron un nombre diciendo: «Le ha nacido un hijo a Noemí» y le llamaron Obed. Es el padre de Jesé, padre de David.

18 Estos son los descendientes de Peres. Peres engendró a Jesrón.

19 Jesrón engendró a Ram y Ram engendró a Aminadab.

20 Aminadab engendró a Najsón y Najsón engendró a Salmón.

21 Salmón engendró a Booz y Booz engendró a Obed.

22 Obed engendró a Jesé y Jesé engendró a David.

Reflexión del capítulo 4

El último capítulo se desarrolla en la puerta de la ciudad, el lugar donde se impartía justicia en Israel. Booz reúne a los ancianos y plantea el asunto con total claridad: el derecho de rescate sobre el campo de Elimélek y sobre Rut, la viuda. El pariente más cercano acepta primero la tierra, pero cuando comprende que debe tomar también a la moabita y arriesgar su propia herencia, se retracta. Y así, con el sencillo gesto de quitarse la sandalia, cede su derecho.

Booz adquiere todo «en presencia de testigos» y toma a Rut por esposa. El pueblo lo bendice con los nombres de Raquel y Lía, las madres de Israel, y con la memoria de Tamar y Peres. Yahveh concede la concepción, y nace un hijo. Entonces ocurre la escena más tierna del libro: las mujeres anuncian a Noemí que su nuera, «que te quiere», le ha dado un descendiente, «mejor para ti que siete hijos», y Noemí pone al niño en su seno y lo cría. La mujer que se llamaba amarga vuelve a tener nombre y futuro.

El capítulo cierra con la genealogía: Obed, padre de Jesé, padre de David. De la fidelidad de una extranjera nace la realeza de Israel y, siglos después, la estirpe del Mesías.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cumple hoy tu palabra con la misma seriedad de Booz: si te comprometiste a algo, concrétalo ante quien corresponda, sin excusas y sin dejar cabos sueltos. Y no te apegues a lo tuyo hasta el punto de negar un bien mayor: antes de decidir, pregúntate qué te pide Dios y no solo qué te conviene. La generosidad de hoy puede convertirse en la bendición de mañana.

Oración

Padre bueno, que escribes tu salvación con nombres humildes, hazme fiel como Rut, íntegro como Booz y agradecido como Noemí. Que también yo forme parte de tu historia de amor y sostenme en la fidelidad de cada día. Amén.

Acerca del libro de Rut

El libro de Rut es una de las obras más delicadas del Antiguo Testamento: cuatro capítulos breves que, sin milagros ni batallas, muestran a Dios obrando en lo cotidiano. Su autor es anónimo; la tradición judía lo atribuyó al profeta Samuel. El relato se sitúa «en los días en que juzgaban los Jueces», una época de inestabilidad, hambre y fidelidad vacilante en Israel. Una familia de Belén de Judá —Elimélek, Noemí y sus hijos Majlón y Kilyón— emigra a Moab buscando pan y allí encuentra la muerte, no la vida.

El hilo conductor es el *jesed*, esa lealtad amorosa que une a las personas más allá de lo exigible: la de Rut hacia su suegra, la de Booz hacia una extranjera, la de Dios hacia un pueblo que lo olvida. Sobre ese fondo, el libro aborda temas decisivos de la fe católica: la providencia que guía incluso en el dolor, la acogida del forastero en la alianza, la figura del *goel* o pariente rescatador, y la esperanza de la descendencia. Rut, la moabita, entra en el pueblo de Israel no por linaje sino por fe y amor, y llega a ser bisabuela de David.

Para el cristiano, este libro es un anuncio del Redentor. Booz, que rescata a la viuda desamparada, prefigura a Cristo, el *goel* que nos rescata con su sangre; y Rut aparece en la genealogía de Jesús según san Mateo (Mt 1,5). Dios escribe su salvación también con nombres humildes y extranjeros.

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