Rut

Antiguo Testamento | 4 capítulos | 85 versículos

Rut

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Capítulo 3 de 4

Capítulo 3

1 Noemí, su suegra, le dijo: «Hija mia, ¿es que no debo procurarte una posición segura que te convenga?

2 Ahora bien: ¿Acaso no es pariente nuestro aquel Booz con cuyos criados estuviste? Pues mira: Esta noche estará aventando la cebada en la era.

3 Lávate, perfúmate y ponte encima el manto, y baja a la era; que no te reconozca ese hombre antes que acabe de comer y beber.

4 Cuando se acueste, mira el lugar en que se haya acostado, vas, descubres un sitio a sus pies y te acuestas; y él mismo te indicará lo que debes hacer.»

5 Ella le dijo: «Haré cuanto me has dicho.»

6 Bajó a la era e hizo cuanto su suegra le había mandado.

7 Booz comió y bebió y su corazón se puso alegre. Entonces fue a acostarse junto al montón de cebada. Vino ella sigilosamente, descubrió un sitio a sus pies y se acostó.

8 A media noche sintió el hombre un escalofrío, se volvió y notó que había una mujer acostada a sus pies.

9 Dijo: «¿Quien eres tú?», y ella respondió: «Soy Rut tu sierva. Extiende sobre tu sierva el borde de tu manto, porque tienes derecho de rescate.»

10 El dijo: «Bendita seas de Yahveh, hija mía; tu último acto de piedad filial ha sido mejor que el primero, porque no has pretendido a ningún joven, pobre o rico.

11 Y ahora, hija mía, no temas; haré por ti cuanto me digas, porque toda la gente de mi pueblo sabe que tú eres una mujer virtuosa.

12 Ahora bien: es verdad que tengo derecho de rescate, pero hay un pariente más cercano que yo con derecho de rescate.

13 Pasa aquí esta noche, y mañana, si él quiere ejercer su derecho, que lo ejerza; y si no quiere, yo te rescataré, ¡vive Yahveh! Acuéstate hasta el amanecer.»

14 Se acostó ella a sus pies hasta la madrugada; se levantó él a la hora en que todavía un hombre no puede reconocer a otro, pues se decía: «Que no se sepa que la mujer ha venido a la era.»

15 El dijo: «Trae el manto que tienes encima y sujeta bien.» Sujetó ella, y él midió seis medidas de cebada y se las puso a cuestas, y él entró en la ciudad.

16 Volvió ella donde su suegra que le dijo: «¿Cómo te ha ido, hija mía?» Y le contó cuanto el hombre había hecho por ella,

17 y añadió: «Me ha dado estas seis medidas de cebada, pues dijo: "No debes volver de vacío donde tu suegra."»

18 Noemí le dijo: «Quédate tranquila, hija mía, hasta que sepas cómo acaba el asunto; este hombre no parará hasta concluirlo hoy mismo.»

Reflexión del capítulo 3

El capítulo tercero es una escena nocturna en la era, llena de delicadeza y de significado. Noemí, que ha pasado de la amargura a la esperanza, toma la iniciativa: quiere «procurar una posición segura» a Rut y le indica que se presente ante Booz durante la aventa de la cebada. Rut obedece con confianza, pero el gesto que realiza no es un ardid: cuando descubre los pies de Booz y se acuesta, y él pregunta quién es, ella responde: «Extiende sobre tu sierva el borde de tu manto, porque tienes derecho de rescate».

Aquellas palabras son una súplica de protección y de alianza, no una seducción. El manto extendido recuerda el gesto con que Dios mismo cubre a su esposa en Ezequiel 16,8. Booz entiende de inmediato y responde con nobleza: la llama «mujer virtuosa», la misma expresión que Proverbios 31 aplica a la mujer fuerte, y se compromete a hacer por ella cuanto pida. No la aprovecha ni la expone; la defiende, cuida su buen nombre y le pide que descanse hasta el amanecer.

Hay un obstáculo, sin embargo: existe un pariente con derecho de rescate anterior a él. Booz no lo oculta ni lo esquiva; lo afronta con rectitud. Y antes de despedirla, le entrega seis medidas de cebada para que no vuelva «de vacío» a su suegra.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Revisa hoy cómo tratas a las personas que dependen de ti o que te admiran: ¿buscas su bien o solo tu interés? Actúa con la transparencia de Booz, sin aprovecharte de la necesidad ajena. Y aprende a esperar sin forzar los tiempos: si algo bueno se te promete pero aún no llega, resuélvelo con rectitud y deja a Dios la última palabra, como hizo Booz ante el pariente más cercano.

Oración

Señor, extiende tu manto sobre mi vida y hazme digno de tu protección. Dame la nobleza de Booz y la confianza de Rut, para obrar siempre con verdad y esperar sin ansiedad. Dame, como a ellos, un corazón noble y confiado. Amén.

Acerca del libro de Rut

El libro de Rut es una de las obras más delicadas del Antiguo Testamento: cuatro capítulos breves que, sin milagros ni batallas, muestran a Dios obrando en lo cotidiano. Su autor es anónimo; la tradición judía lo atribuyó al profeta Samuel. El relato se sitúa «en los días en que juzgaban los Jueces», una época de inestabilidad, hambre y fidelidad vacilante en Israel. Una familia de Belén de Judá —Elimélek, Noemí y sus hijos Majlón y Kilyón— emigra a Moab buscando pan y allí encuentra la muerte, no la vida.

El hilo conductor es el *jesed*, esa lealtad amorosa que une a las personas más allá de lo exigible: la de Rut hacia su suegra, la de Booz hacia una extranjera, la de Dios hacia un pueblo que lo olvida. Sobre ese fondo, el libro aborda temas decisivos de la fe católica: la providencia que guía incluso en el dolor, la acogida del forastero en la alianza, la figura del *goel* o pariente rescatador, y la esperanza de la descendencia. Rut, la moabita, entra en el pueblo de Israel no por linaje sino por fe y amor, y llega a ser bisabuela de David.

Para el cristiano, este libro es un anuncio del Redentor. Booz, que rescata a la viuda desamparada, prefigura a Cristo, el *goel* que nos rescata con su sangre; y Rut aparece en la genealogía de Jesús según san Mateo (Mt 1,5). Dios escribe su salvación también con nombres humildes y extranjeros.

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