Sofonías

Antiguo Testamento | 3 capítulos | 53 versículos

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Capítulo 2 de 3

Capítulo 2

1 Reuníos, congregaos, gente sin vergüenza,

2 antes que seáis aventados como el tamo que en un día pasa, antes que caiga sobre vosotros el ardor de la cólera de Yahveh, (antes que caiga sobre vosotros el Día de la cólera de Yahveh).

3 Buscad a Yahveh, vosotros todos, humildes de la tierra, que cumplís sus normas; buscad la justicia, buscad la humildad; quizá encontréis cobijo el Día de la cólera de Yahveh.

4 Pues Gaza quedará en desamparo, y Ascalón en desolación, a Asdod se la expulsará en pleno mediodía, y Ecrón será arrancada de raíz.

5 ¡Ay de los habitantes de la liga del mar, la nación de los kereteos! Palabra de Yahveh contra vosotros: «Canaán, tierra de los filisteos, te destruiré, te dejaré sin habitantes;

6 quedará la liga del mar convertida en pastizales, en pradera de pastores, en apriscos de ovejas.»

7 Y será la liga del mar para el Resto de la casa de Judá: allí llevarán a pacer, en las casas de Ascalón reposarán a la tarde, cuando los visite Yahveh su Dios, y los vuelva de su cautiverio.

8 He oído los insultos de Moab y los denuestos de los hijos de Ammón, cuando insultaron a mi pueblo, y se engrandecieron a costa de su territorio.

9 Por eso, ¡por mi vida - oráculo de Yahveh Sebaot, Dios de Israel - que Moab quedará como Sodoma, y los habitantes de Ammón como Gomorra: cardizal, mina de sal, desolación para siempre! El Resto de mi pueblo los saqueará, lo que quede de mi nación los heredará.

10 Este será el precio de su orgullo, por haber insultado, por haberse engrandecido a costa del pueblo de Yahveh Sebaot.

11 Terrible será Yahveh contra ellos, cuando enerve a todos los dioses de la tierra, y se postren ante él, cada una en su lugar, todas las islas de las naciones.

12 También vosotros, etíopes: «Víctimas de mi espada serán ellos».

13 El extenderá su mano contra el norte, destruirá a Asur, y dejará a Nínive en desolación, árida como el desierto.

14 Se tumbarán en medio de ella los rebaños, toda suerte de animales: hasta el pelícano, hasta el erizo, pasarán la noche entre sus capiteles. El búho cantará en la ventana, y el cuervo en el umbral, porque el cedro fue arrancado.

15 Tal será la ciudad alegre que reposaba en seguridad, la que decía en su corazón: «¡Yo, y nadie más!» ¡Cómo ha quedado en desolación, en guarida de animales! Todo el que pasa junto a ella silba y menea su mano.

Reflexión del capítulo 2

El segundo capítulo se abre con una invitación apremiante: reuníos, buscad al Señor todos los humildes de la tierra que cumplen sus normas, buscad la justicia y la humildad, quizá halléis refugio cuando llegue su enojo. Es una de las frases más hermosas del libro, porque muestra que el juicio no es fatalidad inevitable: hay un camino de salvación, y ese camino pasa por la humildad y la justicia, no por el poder ni por la riqueza. El profeta se dirige precisamente a los humildes, a los que no cuentan en la sociedad, y les anuncia que su pequeñez puede ser su refugio. Después el capítulo recorre las naciones vecinas con una serie de oráculos: los filisteos de la costa quedarán desolados y sus ciudades se convertirán en pastizales, pero incluso en esa ruina se abre una promesa, porque el resto de Judá pastoreará allí; Moab y Amón, que se burlaron del pueblo de Dios, cargarán con la vergüenza de su orgullo; los cusitas y los asirios, con Nínive convertida en guarida de animales, caerán también. La ciudad que decía yo y nadie más quedará desierta. El capítulo enseña que ninguna potencia se sostiene por su propia fuerza y que la única seguridad real está en buscar al Señor con los humildes.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Buscar la justicia y la humildad es un programa de vida, no un sentimiento pasajero. Hoy elige una acción concreta de justicia: defender a alguien, reparar un daño o renunciar a un privilegio. Hazla con sencillez, sin buscar reconocimiento, y deja tu seguridad en Dios más que en tus recursos o tu posición. La humildad no es debilidad: es el refugio que Dios mismo promete.

Oración

Señor, tú prometes cobijo a los humildes que te buscan. Enséñame a buscar la justicia y la humildad, a no confiar en el poder ni en la apariencia, y a estar entre los pequeños a quienes tú proteges. Amén.

Acerca del libro de Sofonías

El profeta Sofonías ejerció su ministerio en Judá durante el reinado de Josías, en la segunda mitad del siglo VII antes de Cristo, poco antes de la reforma religiosa que este rey emprendió. Su libro es uno de los más breves y a la vez uno de los más intensos de los profetas menores. Por su genealogía, que se remonta hasta el rey Ezequías, es probable que perteneciera a la nobleza de Jerusalén, lo que explica el conocimiento directo que muestra de la corte, del culto y de los ambientes de poder.

El tema que domina todo el libro es el Día del Señor. Sofonías lo describe con imágenes sobrecogedoras: un día de ira, de angustia y de oscuridad, en el que Dios visitará a su pueblo y a las naciones. Su anuncio comienza con un juicio que barre la tierra entera, pasa por la denuncia de los cultos idolátricos y de los que viven tranquilos en su indiferencia, y se extiende después a los pueblos vecinos: filisteos, moabitas, amonitas, cusitas y asirios, con Nínive convertida en desierto. Nadie queda fuera del alcance de la justicia divina.

Pero el libro no se detiene en la amenaza. En su parte central llama a los humildes de la tierra a buscar al Señor y la justicia, quizá para encontrar cobijo el día de su cólera. Y en el capítulo final, el más luminoso, la promesa supera toda expectativa: el Señor dejará en medio de su pueblo un resto humilde y pobre, purificará el lenguaje de los pueblos para que todos invoquen su nombre, y él mismo, como un poderoso salvador, se alegrará y danzará de gozo por su pueblo.

Para la fe católica, Sofonías es una llamada a la vigilancia y a la esperanza. La liturgia lo lee en Adviento, porque su anuncio del Día del Señor prepara la venida de Cristo, el humilde rey que reúne a los descartados y en quien Dios manifiesta su amor que se complace en salvar.

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