Sofonías
Antiguo Testamento | 3 capítulos | 53 versículos
Capítulo 3
1 ¡Ay de la rebelde, la manchada, la ciudad opresora!
2 No ha escuchado la voz, no ha aceptado la corrección; en Yahveh no ha puesto su confianza, a su Dios no se ha acercado.
3 Sus príncipes, en medio de ella, son leones rugientes, sus jueces, lobos de la tarde, que no dejan un hueso para la mañana.
4 Sus profetas, fanfarrones, hombres traicioneros, sus sacerdotes profanan lo que es santo y violan la Ley.
5 Yahveh es justo en medio de ella, no comete injusticia; cada mañana pronuncia su juicio, no falta nunca al alba; (pero el inicuo no conoce la vergüenza).
6 Yo he exterminado a las naciones, sus almenas han sido derruidas, he dejado desiertas sus calles, sin un transeúnte; han sido arrasadas sus ciudades, no queda hombre ni habitante.
7 Y me dije: «Al menos tú me temerás, aceptarás la corrección; no puede quitarse de sus ojos todo aquello con que yo la he visitado.» Pero ellos han madrugado a corromper todas sus acciones.
8 Por eso, esperadme - oráculo de Yahveh - el día en que me levante como testigo, porque he decidido reunir a las naciones, congregar a los reinos, para derramar sobre vosotros mi enojo, todo el ardor de mi cólera. (Porque por el fuego de mi celo la tierra entera será devorada).
9 Yo entonces volveré puro el labio de los pueblos, para que invoquen todos el nombre de Yahveh, y le sirvan bajo un mismo yugo.
10 Desde allende los ríos de Etiopía, mis suplicantes, mi Dispersión, me traerán mi ofrenda.
11 Aquel día no tendrás ya que avergonzarte de todos los delitos que cometiste contra mí, porque entonces quitaré yo de tu seno a tus alegres orgullosos, y no volverás a engreírte en mi santo monte.
12 Yo dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, y en el nombre de Yahveh se cobijará
13 el Resto de Israel. No cometerán más injusticia, no dirán mentiras, y no más se encontrará en su boca lengua embustera. Se apacentarán y reposarán, sin que nadie los turbe.
14 ¡Lanza gritos de gozo, hija de Sión, lanza clamores, Israel, alégrate y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén!
15 Ha retirado Yahveh las sentencias contra ti, ha alejado a tu enemigo. ¡Yahveh, Rey de Israel, está en medio de ti, no temerás ya ningún mal!
16 Aquel día se dirá a Jerusalén: ¡No tengas miedo, Sión, no desmayen tus manos!
17 Yahveh tu Dios está en medio de ti, ¡un poderoso salvador! El exulta de gozo por ti, te renueva por su amor; danza por ti con gritos de júbilo,
18 como en los días de fiesta. Yo quitaré de tu lado la desgracia, el oprobio que pesa sobre ti.
19 He aquí que yo haré exterminio de todos tus opresores, en el tiempo aquel; y salvaré a la coja y recogeré a la descarriada, y haré que tengan alabanza y renombre en todos los países donde fueron confundidas.
20 En aquel tiempo os haré venir, en aquel tiempo os congregaré. Entonces os daré renombre y alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando yo vuelva a vuestros cautivos a vuestros propios ojos, dice Yahveh.
Reflexión del capítulo 3
El capítulo final comienza con la acusación más dura contra Jerusalén: una ciudad rebelde, manchada y opresora que no ha escuchado la voz ni ha aceptado la corrección, que no ha puesto su confianza en el Señor ni se ha acercado a su Dios. Sus gobernantes rugen como leones, sus jueces son lobos que no dejan nada para el amanecer, sus profetas fanfarrones y sus sacerdotes profanan lo santo y violan la Ley. Y sin embargo, en el centro de la ciudad corrompida, el Señor sigue siendo justo y no comete injusticia. Esa presencia fiel en medio de la infidelidad es la clave del capítulo: Dios no se marcha aunque su pueblo lo olvide. Pero el giro más sorprendente llega después. El Señor promete purificar el lenguaje de los pueblos para que todos invoquen su nombre, y dejar en medio de Israel un pueblo humilde y pobre que se cobije en él, un resto que no cometerá injusticia ni dirá mentiras. Entonces el tono cambia por completo: la hija de Sión es invitada a gritar de gozo, porque su Rey habita en medio de ella y no temerá ningún mal. La imagen final es de las más conmovedoras de la Escritura: Dios, el poderoso salvador, exulta de gozo por su pueblo, lo renueva en su amor y danza por él con júbilo. El libro que comenzó con un juicio universal termina con Dios festejando a los suyos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Dios no solo perdona: se alegra por nosotros. Hoy, en lugar de quedarte solo en el examen de tus faltas, deja que esa verdad te alcance y responde con gratitud. Busca un momento de oración gozosa y agradece al Señor que se deleite en ti y te renueve con su amor, incluso cuando no lo sientes. Deja que la alegría de Dios por ti venza tu tristeza y tu autorreproche.
Oración
Señor, tú estás en medio de nosotros y te alegras por tu pueblo. Purifica mis labios para invocar tu nombre, hazme humilde y sincero, y enséñame a vivir con la alegría de saber que me amas y danzas por mí. Amén.
Acerca del libro de Sofonías
El profeta Sofonías ejerció su ministerio en Judá durante el reinado de Josías, en la segunda mitad del siglo VII antes de Cristo, poco antes de la reforma religiosa que este rey emprendió. Su libro es uno de los más breves y a la vez uno de los más intensos de los profetas menores. Por su genealogía, que se remonta hasta el rey Ezequías, es probable que perteneciera a la nobleza de Jerusalén, lo que explica el conocimiento directo que muestra de la corte, del culto y de los ambientes de poder.
El tema que domina todo el libro es el Día del Señor. Sofonías lo describe con imágenes sobrecogedoras: un día de ira, de angustia y de oscuridad, en el que Dios visitará a su pueblo y a las naciones. Su anuncio comienza con un juicio que barre la tierra entera, pasa por la denuncia de los cultos idolátricos y de los que viven tranquilos en su indiferencia, y se extiende después a los pueblos vecinos: filisteos, moabitas, amonitas, cusitas y asirios, con Nínive convertida en desierto. Nadie queda fuera del alcance de la justicia divina.
Pero el libro no se detiene en la amenaza. En su parte central llama a los humildes de la tierra a buscar al Señor y la justicia, quizá para encontrar cobijo el día de su cólera. Y en el capítulo final, el más luminoso, la promesa supera toda expectativa: el Señor dejará en medio de su pueblo un resto humilde y pobre, purificará el lenguaje de los pueblos para que todos invoquen su nombre, y él mismo, como un poderoso salvador, se alegrará y danzará de gozo por su pueblo.
Para la fe católica, Sofonías es una llamada a la vigilancia y a la esperanza. La liturgia lo lee en Adviento, porque su anuncio del Día del Señor prepara la venida de Cristo, el humilde rey que reúne a los descartados y en quien Dios manifiesta su amor que se complace en salvar.
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