Daniel

Antiguo Testamento | 14 capítulos | 530 versículos

Dn

Capítulo 12

1 «En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será aquél un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones. En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todos los que se encuentren inscritos en el Libro.

2 Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno.

3 Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

4 «Y tú, Daniel, guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del Fin. Muchos andarán errantes acá y allá, y la iniquidad aumentará.»

5 Yo, Daniel, miré y vi a otros dos que estaban de pie a una y otra parte del río.

6 Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: «¿Cuándo será el cumplimiento de estas maravillas?»

7 Y oí al hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, jurar, levantando al cielo la mano derecha y la izquierda, por Aquel que vive eternamente: «Un tiempo, tiempos y medio tiempo, y todas estas cosas se cumplirán cuando termine el quebrantamiento de la fuerza del Pueblo santo.»

8 Yo oí, pero no comprendí. Luego dije: «Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?»

9 Dijo: «Anda, Daniel, porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del Fin.

10 Muchos serán lavados, blanqueados y purgados; los impíos seguirán haciendo el mal; ningún impío comprenderá nada; sólo los doctos comprenderán.

11 Contando desde el momento en que sea abolido el sacrificio perpetuo e instalada la abominación de la desolación: mil doscientos noventa días.

12 Dichoso aquel que sepa esperar y alcance mil trescientos treinta y cinco días.

13 Y tú, vete a descansar; te levantarás para recibir tu suerte al Fin de los días.»

Reflexión del capítulo 12

El clímax de las visiones: Miguel, el gran príncipe, se levanta para defender a tu pueblo en el tiempo de angustia sin igual. Entonces 'se despertarán muchos de los que duermen en el polvo de la tierra, unos para vida eterna, otros para vergüenza'. Es una de las declaraciones más claras de la resurrección en el Antiguo Testamento. El arcángel manda a Daniel cerrar y sellar el libro hasta el tiempo final. Se prometen bendiciones al que persevere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. El mensaje final a Daniel es personal: 'tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días'. El capítulo cierra el libro con esperanza escatológica: la fidelidad tiene premio eterno. La resurrección de los muertos, plenamente revelada en Cristo, ya aquí se anuncia como destino del justo. El creyente mira al futuro con certeza, porque Dios es fiel a sus promesas.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy vive con la certeza de la resurrección: perdona una ofensa como quien sabe que el amor vence a la muerte. Visita o reza por un difunto de tu familia, confiándolo a la misericordia de Dios, y cultiva la esperanza escatológica en las duras pruebas del día. El que persevere hasta el fin se salvará con certeza.

Oración

Señor de la vida, que prometiste la resurrección a tus santos, mantén viva mi esperanza. Que al fin de los días me levante para contemplar tu rostro en gloria, y que mi fidelidad de hoy se apoye en tu promesa. Que tu misericordia me alcance. Amén.

Acerca del libro de Daniel

El libro de Daniel se sitúa en el corazón del exilio babilónico y del periodo persa, y narra la fidelidad de unos jóvenes judíos deportados que sirven en la corte de reyes paganos sin traicionar la Ley de sus padres. Tradicionalmente atribuido a Daniel, profeta y visionario, su redacción definitiva data de los siglos II-I a.C., en un momento de dura persecución, probablemente bajo Antíoco IV Epífanes. Por ello combina relatos edificantes (capítulos 1-6) con visiones apocalípticas (capítulos 7-12), y la Iglesia católica incluye además los capítulos 13 y 14 (Susana, Bel y el dragón) como parte del canon deuterocanónico, presentes ya en la antigua Vulgata. La liturgia de la Iglesia ha hecho de Daniel un texto de oración vespertina y de esperanza firme en las persecuciones.

Literariamente, Daniel es sabiduría y profecía a la vez: enseña que el Dios de Israel gobierna la historia de las naciones y entrega el Reino a los 'santos del Altísimo'. Sus temas centrales son la providencia divina, la resistencia pacífica ante la idolatría, la intercesión y la esperanza en la resurrección. En la historia de la salvación, Daniel sostiene al pueblo en tiempos de prueba y prefigura la victoria definitiva del Hijo del hombre anunciada por Cristo, a quien la liturgia aplica las visiones del capítulo siete.

Para leerlo hoy de modo orante, conviene acogerlo como escuela de fidelidad: ante las 'babilonias' modernas, el creyente puede mantenerse íntegro, confiar en que Dios saca bien del mal, y esperar con paciencia el cumplimiento de sus promesas. La oración de Daniel y de sus compañeros nos enseña a invocar al Señor en medio de la noche, seguros de que el Reino de los cielos no pasará y de que el Señor no abandona a los que en él esperan.

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