I Macabeos

Antiguo Testamento | 16 capítulos | 924 versículos

1 Mac

Capítulo 16

1 Subió Juan de Gázara y comunicó a su padre Simón las actividades de Cendebeo.

2 Simón llamó entonces a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo: «Mis hermanos y yo y la casa de mi padre hemos combatido a los enemigos de Israel desde nuestra juventud hasta el día de hoy y llevamos muchas veces a feliz término la liberación de Israel;

3 pero ahora ya estoy viejo mientras que vosotros, por la misericordia del Cielo, estáis en buena edad. Ocupad, pues, mi puesto y el de mi hermano, salid a combatir por nuestra nación y que el auxilio del Cielo sea con vosotros.»

4 Escogió luego en el país 20.000 combatientes y jinetes que partieron contra Cendebeo y pasaron la noche en Modín.

5 Al levantarse de mañana, avanzaron hacia la llanura y he aquí que un ejército numeroso, infantería y caballería, venía a su encuentro. Un torrente se interponía entre ellos.

6 Juan con sus tropas tomó posiciones frente al enemigo y advirtiendo que sus tropas tenían miedo de pasar el torrente, lo pasó él el primero, y sus hombres, al verle, pasaron detrás de él.

7 Dividió su ejército (en dos cuerpos) y puso a los jinetes en medio de los de a pie, pues la caballería de los contrarios era muy numerosa.

8 Tocaron las trompetas y Cendebeo y su ejército salieron derrotados. Muchos de ellos cayeron heridos de muerte y los que quedaron huyeron en dirección a la fortaleza.

9 Entonces cayó herido Judas, el hermano de Juan. Pero Juan los persiguió hasta que Cendebeo entró en Cedrón que él había construido.

10 Fueron también a refugiarse en las torres que hay por los campos de Azoto y Juan le prendió fuego. Unos 2.000 de ellos sucumbieron y Juan regresó en paz a Judea.

11 Tolomeo, hijo de Abubos, había sido nombrado estratega de la llanura de Jericó y poseía mucha plata y oro,

12 pues era yerno del sumo sacerdote.

13 Su corazón se ensoberbeció tanto que aspiró a apoderarse del país, para lo cual tramaba quitar a traición la vida a Simón y a sus hijos.

14 Yendo Simón de inspección por las ciudades del país preocupándose de su administración, bajó con sus hijos, Matatías y Judas, a Jericó. Era el año 177 en el undécimo mes que es el mes de Sebat.

15 El hijo de Abubos los recibió traidoramente en una pequeña fortaleza llamada Dok que él había construido, les dio un gran banquete y ocultó allí hombres.

16 Cuando Simón y sus hijos estuvieron bebidos, se levantó Tolomeo con los suyos, tomaron sus armas y lanzándose sobre Simón en la sala del banquete, le mataron a él, a sus dos hijos y a algunos de sus servidores.

17 Cometió de esta manera una gran alevosía y devolvió mal por bien.

18 Luego escribió Tolemeo al rey contándole lo ocurrido y pidiéndole que le enviara tropas en su auxilio para entregarle el país y sus ciudades.

19 Envió otros a Gázara para quitar de en medio a Juan. Escribió a los quiliarcos invitándoles a venir donde él para darles plata, oro y otras dádivas.

20 Envió otros que se apoderasen de Jerusalén y del monte del santuario.

21 Pero adelantándose uno, anunció a Juan en Gázara que su padre y sus hermanos había perecido y añadió: «Ha enviado gente a matarte a ti también.»

22 Al oír estas noticias quedó profundamente afectado, prendió a los hombres que venían a matarle y les dio muerte, pues sabía que pretendían asesinarle.

23 Las restantes actividades de Juan, sus guerras, las proezas que llevó a cabo, las murallas que levantó y otras empresas suyas

24 están escritas en el libro de los Anales de su pontificado a partir del día en que fue nombrado sumo sacerdote como sucesor de su padre.

Reflexión del capítulo 16

El libro concluye con el relato del asesinato de Simón y sus hijos por Ptolomeo, y la sucesión de Juan, llamado Hircano, que descubre la traición, se fortalece en el poder y venga la sangre de su padre. El autor cierra la historia de los Macabeos con la afirmación de que las hazañas de Jonatán, Simón y Juan están escritas en los anales de su pontificado. Es un final abierto: la libertad se ha ganado, pero la fidelidad debe seguir vigiliando. El texto nos deja con la imagen de una dinastía que nació del celo por la ley y que entregó su sangre por ella. Para la fe católica, estas páginas son testimonio de que Dios suscita libertadores cuando su pueblo lo invoca con corazón firme. Nos enseña que la historia de la salvación se escribe también con la entrega humana. La última palabra no es la traición, sino la memoria de los fieles que Dios no olvida.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy escribe tú también tu «anal de fidelidad»: una obra buena que quede, aunque sea pequeña. No te detengas ante la traición o el fracaso de otros; levántate como Juan y continúa. Recuerda que la causa de Dios no termina contigo, sino que se transmite a quienes vienen después.

Oración

Señor, tú escribes en tus anales la fidelidad de los que te aman y no olvidas su entrega. Danos perseverar hasta el fin y dejar tras de nosotros una memoria de fe que bendiga a las generaciones venideras. Amén.

Acerca del libro de I Macabeos

El primer libro de los Macabeos relata la guerra de liberación que libró el pueblo judío contra el imperio seléucida a fines del siglo II a.C. En la Biblia católica pertenece a los libros deuterocanónicos, cuya inspiración y carácter canónico el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso probablemente en hebreo —hoy perdido— y se conserva en la versión griega de los Setenta. El relato abarca desde las reformas helenísticas de Alejandro Magno hasta el gobierno de Juan Hircano, cubriendo el sacerdocio y el liderazgo de Matatías y sus cinco hijos: Judas, Jonatán, Simón, Juan y Eleazar.

El conflicto estalla cuando el rey Antíoco IV Epífanes profana el templo de Jerusalén y quiere imponer la cultura griega a costa de la fe. Muchos judíos resisten; Matatías inicia la revuelta y Judas Macabeo se convierte en el gran guerrero de la independencia. El libro narra batallas, alianzas, martirios y la purificación del templo, origen de la fiesta de Hanukkah, que la tradición cristiana también valora.

Su tema central es la fidelidad a la alianza frente a la asimilación, y la convicción de que Dios pelea por su pueblo cuando este confía en Él. Leerlo hoy es recordar que la fe puede exigir resistencia valiente y que la libertad religiosa es un don que se defiende. La Iglesia venera estas páginas como testimonio de la fortaleza que da el Espíritu.

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