I Macabeos

Antiguo Testamento | 16 capítulos | 924 versículos

1 Mac

Capítulo 8

1 La fama de los romanos llegó a oídos de Judas. Decían que eran poderosos, se mostraban benévolos con todos los que se les unían, establecían amistad con cuantos acudían a ellos

2 (y eran poderosos). Le contaron sus guerras y las proezas que habían realizado entre los galos, cómo les habían dominado y sometido a tributo;

3 todo cuanto habían hecho en la región de Espanña para hacerse con las minas de plata y oro de allí,

4 cómo se habían hecho dueños de todo el país gracias a su prudencia y perseverancia (a pesar de hallarse aquel país a larga distancia del suyo); a los reyes venidos contra ellos desde los confines de la tierra, los habían derrotado e inferido fuerte descalabro, y los demás les pagaban tributo cada año;

5 habían vencido en la guerra a Filipo, a Perseo, rey de los Kittim, y a cuantos se habían alzado contra ellos, y los habían sometido;

6 Antíoco el Grande, rey de Asia, había ido a hacerles la guerra con 120 elefantes, caballería, carros y tropas muy numerosas, y fue derrotado,

7 le apresaron vivo y le obligaron, a él y a sus sucesores en el trono, a pagarles un gran tributo, a entregar rehenes y a ceder

8 algunas de sus mejores provincias: la provincia índica, Media y Lidia, que le quitaron para dárselas al rey Eumeno;

9 los de Grecia habían concebido el proyecto de ir a exterminarlos,

10 y en sabiéndolo los romanos, enviaron contra ellos a un solo general, les hicieron la guerra, mataron a muchos de ellos, llevaron cautivos a sus mujeres y niños, saquearon sus bienes, subyugaron el país, arrasaron sus fortalezas y les sometieron a servidumbre hasta el día de hoy;

11 a los demás reinos y a las islas, a cuantos en alguna ocasión les hicieron frente, los destruyeron y redujeron a servidumbre.

12 En cambio, a sus amigos y a los que en ellos buscaron apoyo, les mantuvieron su amistad. Tienen bajo su dominio a los reyes vecinos y a los lejanos y todos cuantos oyen su nombre les temen.

13 Aquellos a quienes quieren ayudar a conseguir el trono, reinan; y deponen a los que ellos quieren. Han alcanzado gran altura.

14 No obstante, ninguno de ellos se ciñe la diadema ni se viste de púrpura para engreírse con ella.

15 Se han creado un Consejo, donde cada día 320 consejeros deliberan constantemente en favor del pueblo para mantenerlo en buen orden.

16 Confían cada año a uno solo el mando sobre ellos y el dominio de toda su tierra. Todos obedecen a este solo hombre sin que haya entre ellos envidias ni celos.

17 Judas eligió a Eupólemo, hijo de Juan, y de Haqcós, y a Jasón, hijo de Eleazar, y los envió a Roma a concertar amistad y alianza,

18 para sacudirse el yugo de encima, porque veían que el reino de los griegos tenía a Israel sometido a servidumbre.

19 Partieron, pues, para Roma y luego de un larguísimo viaje, entraron en el Consejo, donde tomando la palabra, dijeron:

20 Judas, llamado Macabeo, sus hermanos y el pueblo judío nos han enviado donde vosotros para concertar con vosotros alianza y paz y para que nos inscribáis en el número de vuestros aliados y amigos.»

21 La propuesta les pareció bien.

22 Esta es la copia de la carta que enviaron a Jerusalén, grabada en planchas de bronce, para que fuesen allí para ellos documento de paz y alianza:

23 «Felicidad a los romanos y a la nación de los judíos por mar y tierra para siempre. Lejos de ellos la espada y el enemigo.

24 Pero, si le sobreviene una guerra primero a Roma o a cualquiera de sus aliados en cualquier parte de sus dominios,

25 la nación de los judíos luchará a su lado, según las circunstancias se lo dicten, de todo corazón.

26 No darán a los enemigos ni les suministrarán trigo, armas, dinero ni naves. Así lo ha decidido Roma. Guardarán sus compromisos sin recibir compensación alguna.

27 De la misma manera, si sobreviene una guerra primero a la nación de los judíos, los romanos lucharán a su lado, según las circunstancías se lo dicten, con toda el alma.

28 No darán a los combatientes trigo, armas, dinero ni naves. Así lo ha decidido Roma. Guardarán sus compromisos sin dolo.

29 En estos términos se han concertado los romanos con el pueblo de los judíos.

30 Si posteriormente unos y otros deciden añadir o quitar algo, lo podrán hacer a su agrado, y lo que añadan o quiten será valedero.

31 «En cuanto a los males que el rey Demetrio les ha causado, le hemos escrito diciéndole: "¿Por qué has hecho sentir pesadamente tu yugo sobre nuestros amigos y aliados los judíos?

32 Si otra vez vuelven a quejarse de ti, nosotros les haremos justicia y te haremos la guerra por mar y tierra."»

Reflexión del capítulo 8

Judas, buscando apoyo, envía embajadores a Roma y descubre la grandeza de la República: su constancia, su capacidad de alianzas y su forma de someter a los reyes que se oponen. El capítulo es casi un elogio romano, inusual en la Biblia, y muestra la astucia diplomática de Judas. Los macabeos comprenden que una alianza puede fortalecer la causa de la libertad. El texto refleja una lección política: la prudencia aconseja buscar aliados cuando la fe está amenazada. Sin embargo, la fe católica recordará que toda alianza humana es frágil y que la ayuda definitiva viene de Dios. El capítulo nos enseña a usar la inteligencia y la diplomacia sin renunciar a la confianza en el Señor. No todo es combate; a veces la sabiduría pide negociar. Para el creyente, es un recordatorio de que amar la patria y buscar la paz legítima forman parte de la responsabilidad cristiana.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy usa la prudencia y la diplomacia en tus conflictos: no todo se resuelve a fuerza de pelea. Busca aliados buenos y construye puentes sin traicionar tus principios. Recuerda, eso sí, que tu confianza última está en Dios, no en ninguna potencia humana.

Oración

Señor, danos la prudencia de Judas para buscar aliados justos y la sabiduría para negociar la paz sin renunciar a tu ley. Que ninguna potencia humana sea mi confianza última, sino tú solo. Amén.

Acerca del libro de I Macabeos

El primer libro de los Macabeos relata la guerra de liberación que libró el pueblo judío contra el imperio seléucida a fines del siglo II a.C. En la Biblia católica pertenece a los libros deuterocanónicos, cuya inspiración y carácter canónico el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso probablemente en hebreo —hoy perdido— y se conserva en la versión griega de los Setenta. El relato abarca desde las reformas helenísticas de Alejandro Magno hasta el gobierno de Juan Hircano, cubriendo el sacerdocio y el liderazgo de Matatías y sus cinco hijos: Judas, Jonatán, Simón, Juan y Eleazar.

El conflicto estalla cuando el rey Antíoco IV Epífanes profana el templo de Jerusalén y quiere imponer la cultura griega a costa de la fe. Muchos judíos resisten; Matatías inicia la revuelta y Judas Macabeo se convierte en el gran guerrero de la independencia. El libro narra batallas, alianzas, martirios y la purificación del templo, origen de la fiesta de Hanukkah, que la tradición cristiana también valora.

Su tema central es la fidelidad a la alianza frente a la asimilación, y la convicción de que Dios pelea por su pueblo cuando este confía en Él. Leerlo hoy es recordar que la fe puede exigir resistencia valiente y que la libertad religiosa es un don que se defiende. La Iglesia venera estas páginas como testimonio de la fortaleza que da el Espíritu.

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