I Macabeos

Antiguo Testamento | 16 capítulos | 924 versículos

1 Mac

Capítulo 2

1 Por aquel tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Yehoyarib, dejó Jerusalén y fue a establecerse en Modín.

2 Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre Gaddí;

3 Simón, llamado Tasí;

4 Judas, llamado Macabeo;

5 Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Affús.

6 Al ver las impiedades que en Judá y en Jerusalén se cometían,

7 exclamó: «¡Ay de mí! ¿He nacido para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa, y para estarme allí cuando es entregada en manos de enemigos y su santuario en poder de extraños?

8 Ha quedado su Templo como hombre sin honor,

9 los objetos que eran su gloria, llevados como botín, muertos en las plazas sus niños, y sus jóvenes por espada enemiga.

10 ¿Qué pueblo no ha venido a heredar su reino

11 y a entrar en posesión de sus despojos? Todos sus adornos le han sido arrancados y de libre que era, ha pasado a ser esclava.

12 Mirad nuestro santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto, miradlo profanado de los gentiles.

13 ¿Para qué vivir más?»

14 Matatías y sus hijos rasgaron sus vestidos, se vistieron de sayal y se entregaron a un profundo dolor.

15 Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios.

16 Muchos israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron convocados.

17 Tomando entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le dijeron: «Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad y estás bien apoyado de hijos y hermanos.

18 Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y muchas dádivas.»

19 Matatías contestó con fuerte voz: «Aunque todas las naciones que forman el imperio del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus padres y acaten sus órdenes,

20 yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos en la alianza de nuestros padres.

21 El Cielo nos guarde de abandonar la Ley y los preceptos.

22 No obedeceremos las órdenes del rey para desviarnos de nuestro culto ni a la derecha ni a la izquierda.»

23 Apenas había concluido de pronunciar estas palabras, cuando un judío se adelantó, a la vista de todos, para sacrificar en el altar de Modín, conforme al decreto real.

24 Al verle Matatías, se inflamó en celo y se estremecieron sus entrañas. Encendido en justa cólera, corrió y le degolló sobre el altar.

25 Al punto mató también al enviado del rey que obligaba a sacrificar y destruyó el altar.

26 Emuló en su celo por la Ley la gesta de Pinjás contra Zimrí, el hijo de Salú.

27 Luego, con fuerte voz, gritó Matatías por la ciudad: «Todo aquel que sienta celo por la Ley y mantenga la alianza, que me siga.»

28 Y dejando en la ciudad cuanto poseían, huyeron él y sus hijos a las montañas.

29 Por entonces muchos, preocupados por la justicia y la equidad, bajaron al desierto para establecerse allí

30 con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque los males duramente les oprimían.

31 La gente del rey y la tropa que estaba en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la denuncia de que unos hombres que habían rechazado el mandato del rey habían bajado a los lugares ocultos del desierto.

32 Muchos corrieron tras ellos y los alcanzaron. Los cercaron y se prepararon para atacarles el día del sábado.

33 Les dijeron: «Basta ya, salid, obedeced la orden del rey y salvaréis vuestras vidas.»

34 Ellos les contestaron: «No saldremos ni obedeceremos la orden del rey de profanar el día de sábado.»

35 Asaltados al instante,

36 no replicaron ni arrojando piedras ni atrincherando sus cuevas. Dijeron:

37 «Muramos todos en nuestra rectitud. El cielo y la tierra nos son testigos de que nos matáis injustamente.»

38 Les atacaron, pues, en sábado y murieron ellos, sus mujeres, hijos y ganados: unas mil personas.

39 Lo supieron Matatías y sus amigos y sintieron por ellos gran pesar.

40 Pero se dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra.»

41 Aquel mismo día tomaron el siguiente acuerdo: «A todo aquel que venga a atacarnos en día de sábado, le haremos frente para no morir todos como murieron nuestros hermanos en las cuevas.»

42 Se les unió por entonces el grupo de los asideos, israelitas valientes y entregados de corazón a la Ley.

43 Además, todos aquellos que querían escapar de los males, se les juntaron y les ofrecieron su apoyo.

44 Formaron así un ejército e hirieron en su ira a los pecadores, y a los impíos en su furor. Los restantes tuvieron que huir a tierra de gentiles buscando su salvación.

45 Matatías y sus amigos hicieron correrías destruyendo altares,

46 obligando a circuncidar cuantos niños incircuncisos hallaron en el territorio de Israel

47 y persiguiendo a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos:

48 arrancaron la Ley de mano de gentiles y reyes, y no consintieron que el pecador se impusiera.

49 Los días de Matatías se acercaban a su fin. Dijo entonces a sus hijos: «Ahora reina la insolencia y la reprobación, es tiempo de ruina y de violenta Cólera.

50 Ahora, hijos, mostrad vuestro celo por la Ley; dad vuestra vida por la alianza de nuestros padres.

51 Recordad las gestas que en su tiempo nuestros padres realizaron; alcanzaréis inmensa gloria, inmortal nombre.

52 ¿No fue hallado Abraham fiel en la prueba y se le reputó por justicia?

53 José, en el tiempo de su angustia, observó la Ley y vino a ser señor de Egipto.

54 Pinjás, nuestro padre, por su ardiente celo, alcanzó la alianza de un sacerdocio eterno.

55 Josué, por cumplir su mandato, llegó a ser juez en Israel.

56 Caleb, por su testimonio en la asamblea, obtuvo una herencia en esta tierra.

57 David, por su piedad, heredó un trono real para siempre.

58 Elías, por su ardiente celo por la Ley, fue arrebatado al cielo.

59 Ananías, Azarías, Misael, por haber tenido confianza, se salvaron de las llamas.

60 Daniel por su rectitud, escapó de las fauces de los leones.

61 Advertid, pues, que de generación en generación todos los que esperan en El jamás sucumben.

62 No temáis amenazas de hombre pecador: su gloria parará en estiércol y gusanos;

63 estará hoy encumbrado y mañana no se le encontrará: habrá vuelto a su polvo y sus maquinaciones se desvanecerán.

64 Hijos, sed fuertes y manteneos firmes en la Ley, que en ella hallaréis gloria.

65 Ahí tenéis a Simeón, vuestro hermano. Sé que es hombre sensato; escuchadle siempre: él será vuestro padre.

66 Tenéis a Judas Macabeo, valiente desde su mocedad: él será jefe de vuestro ejército y dirigirá la guerra contra los pueblos.

67 Vosotros, atraeos a cuantos obervan la Ley, vengad a vuestro pueblo,

68 devolved a los gentiles el mal que os han hecho y observad los preceptos de la Ley.»

69 A continuación, les bendijo y fue a reunirse con sus padres.

70 Murió el año 146 y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo gran duelo por él.

Reflexión del capítulo 2

Aparece Matatías, sacerdote de Modín, que al ver un oficial real obligar a un judío a sacrificar a los dioses, se indigna y mata tanto al apóstata como al enviado. Inicia así la revuelta con su grito: «¡Quien tenga celo de la ley, que me siga!». Muere poco después, pero antes bendice a sus cinco hijos y encomienda la jefatura a Judas, fuerte como un león. El capítulo es un himno a la familia fiel y a la transmisión de la fe. Matatías no actúa por odio, sino por celo de la alianza. Su morada en la ley y su mandato de no apartarse de los mandamientos son el testamento de un padre creyente. El texto nos enseña que la resistencia cristiana nace en el hogar y se sostiene en la memoria de los antepasados. La figura de Judas, el león de Judá, evoca la esperanza mesiánica. Para nosotros es un llamado a educar a los hijos en la fe y a no avergonzarnos de defender lo sagrado.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy defiende tu hogar como lugar de fe: reza junta o comparte una verdad cristiana con alguien de tu familia. Si presencias una injusticia contra lo sagrado, no calles por miedo. Transmite a un joven algo de la herencia de fe que recibiste, como Matatías a sus hijos.

Oración

Señor, danos el celo de Matatías por tu ley y la valentía de no callar ante la apostasía. Bendice a nuestras familias y haz que transmitamos la fe a las generaciones venideras con amor. Amén.

Acerca del libro de I Macabeos

El primer libro de los Macabeos relata la guerra de liberación que libró el pueblo judío contra el imperio seléucida a fines del siglo II a.C. En la Biblia católica pertenece a los libros deuterocanónicos, cuya inspiración y carácter canónico el Concilio de Trento reafirmó solemnemente. Se compuso probablemente en hebreo —hoy perdido— y se conserva en la versión griega de los Setenta. El relato abarca desde las reformas helenísticas de Alejandro Magno hasta el gobierno de Juan Hircano, cubriendo el sacerdocio y el liderazgo de Matatías y sus cinco hijos: Judas, Jonatán, Simón, Juan y Eleazar.

El conflicto estalla cuando el rey Antíoco IV Epífanes profana el templo de Jerusalén y quiere imponer la cultura griega a costa de la fe. Muchos judíos resisten; Matatías inicia la revuelta y Judas Macabeo se convierte en el gran guerrero de la independencia. El libro narra batallas, alianzas, martirios y la purificación del templo, origen de la fiesta de Hanukkah, que la tradición cristiana también valora.

Su tema central es la fidelidad a la alianza frente a la asimilación, y la convicción de que Dios pelea por su pueblo cuando este confía en Él. Leerlo hoy es recordar que la fe puede exigir resistencia valiente y que la libertad religiosa es un don que se defiende. La Iglesia venera estas páginas como testimonio de la fortaleza que da el Espíritu.

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