I Timoteo
Nuevo Testamento | 6 capítulos | 113 versículos
Capítulo 6
1 Todos los que estén como esclavos bajo el yugo de la servidumbre consideren a sus dueños como dignos de todo respeto, para que no se blasfeme del nombre de Dios y de la doctrina.
2 Los que tengan dueños creyentes no les falten al respeto por ser hermanos, sino al contrario, que les sirvan todavía mejor por ser creyentes y amigos de Dios los que reciben sus servicios. Esto debes enseñar y recomendar.
3 Si alguno enseña otra cosa y no se atiene a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad,
4 está cegado por el orgullo y no sabe nada; sino que padece la enfermedad de las disputas y contiendas de palabras, de donde proceden las envidias, discordias, maledicencias, sospechas malignas,
5 discusiones sin fin propias de gentes que tienen la inteligencia corrompida, que están privados de la verdad y que piensan que la piedad es un negocio.
6 Y ciertamente es un gran negocio la piedad, con tal de que se contente con lo que tiene.
7 Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él.
8 Mientras tengamos comida y vestido, estemos contentos con eso.
9 Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insentatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición.
10 Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos dolores.
11 Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas; corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura.
12 Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste aquella solemne profesión delante de muchos testigos.
13 Te recomiendo en la presencia de Dios que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio,
14 que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo,
15 Manifestación que a su debido tiempo hará ostensible el Bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores,
16 el único que posee Inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. A él el honor y el poder por siempre. Amén.
17 A los ricos de este munco recomiéndales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en lo inseguro de las riquezas sino en Dios, que nos provee espléndidamente de todo para que lo disfrutemos;
18 que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad;
19 de esta forma irán atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podrán adquirir la vida verdadera.
20 Timoteo, guarda el depósito. Evita las palabrerías profanas, y también las objeciones de la falsa ciencia;
21 algunos que la profesaban se han apartado de la fe. La gracia sea con vosotros.
Reflexión del capítulo 6
El capítulo sexto cierra la carta con una advertencia que nunca pierde actualidad: el afán de dinero es raíz de muchos males. Pablo no condena la riqueza en sí, sino la esclavitud del corazón: quien quiere enriquecerse cae en la tentación y en muchas codicias que hunden en la ruina y la perdición. Frente a ello propone la gran ganancia de la piedad unida a la sobriedad, porque nada trajimos al mundo y nada podemos llevarnos de él; con tener comida y vestido, basta. Al hombre de Dios le pide huir de esas cosas y correr tras la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia y la dulzura, combatiendo el buen combate de la fe. Y eleva la mirada hacia lo alto con una de las doxologías más solemnes del Nuevo Testamento: el Rey de los reyes y Señor de los señores, que habita en una luz inaccesible. A los ricos les recuerda que no pongan su esperanza en lo inseguro de las riquezas, sino en Dios, y que se enriquezcan de buenas obras, atesorando así para la vida verdadera.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy revisa con sinceridad tu relación con el dinero y el consumo. Pregúntate qué necesitas de verdad y qué solo deseas por costumbre o por comparación. Da un paso concreto de desprendimiento —una limosna, algo que puedas regalar o compartir con quien lo necesita— y agradece en voz alta lo que ya tienes, en lugar de mirar una y otra vez lo que te falta.
Oración
Dios vivo y Salvador de todos, líbrame del afán de poseer y de la ansiedad por lo que no tengo. Que ponga mi esperanza en ti y no en lo inseguro de las riquezas, y que enriquezca mi vida de buenas obras y de generosidad. Amén.
Acerca del libro de I Timoteo
La Primera carta a Timoteo forma, junto con la Segunda a Timoteo y la carta a Tito, el grupo de las llamadas cartas pastorales. La tradición cristiana, desde los primeros siglos, las atribuye a san Pablo, que hacia el final de su vida las dirige a sus colaboradores más cercanos para organizar la vida de las comunidades. Timoteo era natural de Listra, hijo de madre judía creyente, Eunice, y de padre griego; se convirtió al escuchar la predicación paulina y llegó a ser uno de sus discípulos y compañeros más fieles. Pablo lo dejó al frente de la comunidad de Éfeso con una misión clara: corregir a quienes enseñaban doctrinas extrañas y custodiar la sana doctrina.
La carta se sitúa en un momento decisivo: la Iglesia pasa de la predicación misionera a la organización estable. Por eso trata temas que siguen siendo actuales: la oración por todos los hombres, la dignidad del ministerio ordenado —obispos, presbíteros y diáconos—, la atención a las viudas y a los pobres, el peligro del afán de dinero y la necesidad de una piedad sincera. En su centro está una convicción que la Iglesia católica profesa cada día: hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, que se entregó como rescate por todos. Aquí aparece también el gran misterio de la piedad: Dios manifestado en la carne y levantado a la gloria.
Para el creyente de hoy, 1 Timoteo es una escuela de vida eclesial. Nos enseña que la fe no es un sentimiento privado, sino un depósito confiado que se guarda y se transmite; que la comunidad tiene una estructura querida por el Señor; y que la verdadera piedad se mide por la caridad concreta. Es, en definitiva, una carta que invita a la fidelidad, a la sobriedad y a la esperanza en el Dios vivo, Salvador de todos los hombres.
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