Nahún

Antiguo Testamento | 3 capítulos | 47 versículos

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Capítulo 2 de 3

Capítulo 2

1 ¡He aquí por los montes los pies del mensajero de buenas nuevas, el que anuncia la paz! Celebra tus fiestas, Judá, cumple tus votos, porque no volverá a pasar por ti Belial: ha sido extirpado totalmente.

2 ¡Sube un destructor contra ti! ¡Monta la guardia en la fortaleza, vigila el camino, cíñete los lomos, refuerza bien tu fuerza!

3 Pues Yahveh restablece la viña de Jacob, como la viña de Israel. Devastadores la habían devastado, habían destruido sus sarmientos.

4 El escudo de sus bravos es rojo, valientes vestidos de escarlata; con fuego de hierros brillan los carros, el día que los preparan, y son impacientes los jinetes.

5 Por las calles corren furiosos los carros, se precipitan en las plazas, su aspecto es semejante a antorchas, como relámpago se lanzan.

6 Se da la voz a los bravos; en su marcha se entrechocan; se apresuran hacia la muralla y se prepara el parapeto.

7 Las puertas que dan al Río se abren y en el palacio cunde el pánico.

8 La Belleza es deportada, arrancada, sus siervas gimen, como gemido de palomas, y se golpean el corazón.

9 Nínive es como una alberca cuyas aguas se van. «¡Deteneos, deteneos!» Pero nadie se vuelve.

10 «Saquead la plata, saquead el oro.» ¡Es un tesoro que no tiene fin, grávido de todos los objetos preciosos!

11 ¡Destrozo, saqueo, devastación! ¡Corazones que se disuelven y rodillas que vacilan y estremecimiento en todos los lomos y todos los rostros que mudan de color!

12 ¿Dónde está el cubil de los leones, la cueva de los leoncillos, a donde iba el león a llevar la cría del león, sin que nadie le inquietase?

13 El león dilaceraba para sus cachorros, estrangulaba para sus leonas, llenaba de presas sus escondrijos y de rapiñas sus cubiles.

14 Aquí estoy contra ti, - oráculo de Yahveh Sebaot -: encenderé en humareda tus carros, y la espada devorará a tus leoncillos; suprimiré de la tierra tu presa, y no se oirá más la voz de tus mensajeros.

Reflexión del capítulo 2

El capítulo 2 se abre con una de las imágenes más hermosas de la esperanza bíblica: he aquí por los montes los pies del mensajero de buenas nuevas, el que anuncia la paz. Mientras Nínive se prepara para el asedio —carros que corren como relámpagos, escudos rojos, pánico en el palacio—, Judá recibe la invitación a celebrar sus fiestas porque el opresor ha sido extirpado. La descripción del asalto es viva y terrible: las puertas del río se abren, la ciudad se desangra como una alberca, el saqueo de la plata y el oro. Y sobre todo ello resuena la pregunta que desarma al imperio: ¿dónde está el cubil de los leones? Asiria, que devoraba naciones como el león a su presa, queda sin guarida. Es el fin del depredador y el respiro del oprimido. El mensajero que anuncia la paz es, para los cristianos, figura de Cristo y de todo evangelizador.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Sé hoy mensajero de paz en tu entorno. Escribe o llama a alguien que necesita una buena noticia, ofrece una palabra de aliento a quien está agobiado, o pide perdón a quien espera un gesto tuyo. Anunciar la paz también es celebrar la fiesta de la fe con alegría.

Oración

Señor, tú haces brotar mensajeros de paz donde reinaba el miedo. Hazme portador de buenas nuevas, y que mi vida anuncie que el mal no tiene la última palabra. Amén.

Acerca del libro de Nahún

Nahún es el séptimo de los doce profetas menores y su libro, breve y denso, gira en torno a un solo tema: la caída de Nínive, capital del imperio asirio, la potencia que durante siglos oprimió a Israel y a Judá. Sabemos poco de su autor: se lo presenta como Nahún de Elcós, y su nombre significa «consolador». Su oráculo se sitúa probablemente antes del año 612 a.C., cuando Nínive fue destruida, y se dirige a un pueblo que había sufrido la violencia asiria y necesitaba saber que Dios no era indiferente a la injusticia.

El libro alterna dos voces. Por un lado, el rostro severo de Dios: celoso, tardo a la cólera pero grande en poder, que camina en la tempestad y no deja impune al malvado; su juicio sobre Nínive se describe con crudeza porque refleja la crueldad que Asiria sembró. Por otro, el rostro entrañable: bueno es Yahveh para el que en él espera, un refugio en el día de la angustia (1,7). En el capítulo 2 aparece la figura del mensajero que anuncia la paz, imagen que el Nuevo Testamento aplica a los evangelizadores (Rom 10,15). Para la fe católica, Nahún recuerda dos verdades inseparables: que la justicia de Dios es real y que su misericordia es refugio para quien se acoge a él. El juicio de Nínive anticipa el juicio definitivo de la historia, donde Cristo, el Cordero que anuncia la paz, será también el Señor que juzga con verdad.

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