Baruc
Antiguo Testamento | 6 capítulos | 213 versículos
Capítulo 5
1 Jerusalén, quítate tu ropa de duelo y aflición, y vístete para siempre el esplendor de la gloria que viene de Dios.
2 Envuélvete en el manto de la justicia que procede de Dios, pon en tu cabeza la diadema de gloria del Eterno.
3 Porque Dios mostrará tu esplendor a todo lo que hay bajo el cielo.
4 Pues tu nombre se llamará de parte de Dios para siempre: «Paz de la Justicia» y «Gloria de la Piedad».
5 Levántate, Jerusalén, sube a la altura, tiende tu vista hacia Oriente y ve a tus hijos reunidos desde oriente a occidente, a la voz del Santo, alegres del recuerdo de Dios.
6 Salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve traídos con gloria, como un trono real.
7 Porque ha ordenado Dios que sean rebajados todo monte elevado y los collados eternos, y comados los valles hasta allanar la tierra, para que Israel marche en seguro bajo la gloria de Dios.
8 Y hasta las selvas y todo árbol aromático darán sombra a Israel por orden de Dios.
9 Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él. Copia de la carta que envió Jeremías a los que iban a ser llevados cautivos a Babilonia por el rey de los babilonios, para comunicarles lo que Dios le había ordenado.
Reflexión del capítulo 5
El capítulo quinto es un cántico de consuelo dirigido a Jerusalén, que responde al lamento del capítulo anterior. La ciudad es invitada a un cambio de vestidura: «quítate tu ropa de duelo y aflicción, y vístete para siempre el esplendor de la gloria que viene de Dios». No se trata de una ropa comprada por ella, sino de un don: el manto de la justicia que procede de Dios y la diadema de gloria del Eterno. Su nombre mismo cambiará: ya no será «abandonada», sino «Paz de la Justicia» y «Gloria de la Piedad». Después viene la escena de la reunión: Jerusalén debe levantarse, subir a la altura y tender la vista hacia Oriente, porque sus hijos, que salieron a pie llevados por enemigos, vuelven traídos con gloria «como un trono real», a la voz del Santo. El mismo Dios prepara el camino: ordena rebajar los montes y rellenar los valles para que Israel camine seguro, y hasta los árboles del bosque darán sombra a su paso. El capítulo termina anunciando que Dios guiará a su pueblo «con alegría, a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él». Baruc nos enseña que la salvación es siempre iniciativa de Dios, que transforma el duelo en fiesta y prepara el camino para los que vuelven.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Si arrastras un duelo, un fracaso o una etapa de vergüenza, haz hoy un gesto concreto de esperanza: ordena algo de tu casa, cuida tu aspecto o retoma una costumbre buena que habías dejado. Ese detalle exterior te ayudará a creer que Dios ya está preparando el camino de tu regreso.
Oración
Señor, tú vistes de fiesta a quien iba de luto y preparas caminos para los que vuelven. Quítame la ropa de la tristeza, dame tu manto de justicia y guíame con alegría a la luz de tu gloria. Amén.
Acerca del libro de Baruc
El libro de Baruc lleva el nombre del discípulo y secretario del profeta Jeremías, y la tradición lo presenta como el autor que recogió y transmitió estas páginas desde el destierro. La obra se sitúa en Babilonia, el año quinto después de la destrucción de Jerusalén por los caldeos, cuando el rey Jeconías y buena parte del pueblo vivían deportados a orillas del río Sud. Aunque el texto fue reunido y redactado en su forma final más tarde, refleja la fe de una comunidad que, lejos de su tierra y sin Templo, aprendió a orar, a confesar su pecado y a convertirse.
El libro reúne géneros muy distintos: una oración penitencial, una súplica por la restauración de Sión, un poema sobre la Sabiduría y un cántico de consuelo a Jerusalén; el capítulo sexto es la llamada «carta de Jeremías», una sátira contra la idolatría de Babilonia. En el centro de todo late la convicción de que el destierro no es el final: el mismo Dios que permitió la prueba promete reunir a sus hijos y devolverles la paz.
Los temas centrales son la confesión del pecado, la esperanza del perdón, la Sabiduría que se identifica con la Ley dada a Israel y la certeza de que la fidelidad de Dios es más fuerte que la infidelidad del pueblo. Baruc enseña a una comunidad humillada que la conversión sincera abre la puerta a la misericordia. La liturgia y la tradición católica han leído estas páginas en clave mesiánica: la Sabiduría que «apareció en la tierra y entre los hombres convivió» y el consuelo de la ciudad que se viste de gloria apuntan a Cristo, Sabiduría del Padre, que se hizo hombre para reunir a los hijos dispersos.
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