Malaquías
Antiguo Testamento | 3 capítulos | 55 versículos
Capítulo 1
1 Oráculo. Palabra de Yahveh a Israel por ministerio de Malaquías.
2 Os he amado, dice Yahveh. Y vosotros decís: ¿En qué nos has amado? - ¿No era acaso Esaú el hermano de Jacob?, oráculo de Yahveh. Sin embargo yo amé a Jacob,
3 y a Esaú le odié. Entregué sus montes a la desolación y su heredad a los chacales del desierto.
4 Si dice Edom: «Hemos sido aplastados, pero volveremos a edificar nuestras ruinas», así dice Yahveh Sebaot: Ellos edificarán, mas yo demoleré, y se les llamará: «Territorio de impiedad», y «Pueblo contra el que Yahveh está irritado para siempre».
5 Vuestros ojos lo verán y vosotros diréis: «¡Grande es Yahveh más allá del término de Israel!»
6 El hijo honra a su padre, el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honra? Y si señor, ¿dónde mi temor?, dice Yahveh Sebaot a vosotros sacerdotes que menospreciáis mi Nombre. - Decís: ¿En qué hemos menospreciado tu Nombre? -
7 Presentando en mi altar pan impuro. - Y decís ahora: ¿En qué te hemos manchado? - Pensando que la mesa de Yahveh es despreciable.
8 Y cuando presentáis para el sacrificio una res ciega, ¿no está mal? Y cuando presentáis una coja o enferma, ¿no está mal? Anda, ofrécesela a tu gobernador: ¿se te pondrá contento o te acogerá con agrado?, dice Yahveh Sebaot.
9 Ahora, pues, ablandad el rostro de Dios para que tenga compasión de nosotros. De vuestras manos viene esto, ¿acaso os acogerá benignamente?, dice Yahveh Sebaot.
10 ¡Oh, quién de vosotros cerrará las puertas para que no encendáis mi altar en vano! No tengo ninguna complacencia en vosotros, dice Yahveh Sebaot, y no me es grata la oblación de vuestras manos.
11 Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot.
12 Pero vosotros lo profanáis, cuando decís: ¡La mesa del Señor es impura, y despreciables sus alimentos!,
13 y añadís: ¡Oh, qué fatiga!, y me desdeñáis, dice Yahveh Sebaot. Cuando traéis una res robada, o coja, o enferma, cuando traéis una oblación así, ¿la voy a aceptar de vuestras manos?, dice Yahveh Sebaot.
14 ¡Maldito el tramposo que tiene macho en su rebaño, pero que promete en voto y sacrifica al Señor bestia defectuosa! ¡Que yo soy un gran Rey, dice Yahveh Sebaot, y mi Nombre es terrible entre las naciones!
Reflexión del capítulo 1
El libro se abre con una declaración de amor que el pueblo recibe con escepticismo: os he amado, dice el Señor, y ellos preguntan en qué se ha notado. La respuesta se apoya en la elección de Jacob frente a Esaú y en el destino de Edom, que quedó desolado. Lo que debía ser motivo de gratitud se ha convertido en motivo de duda, porque el amor de Dios es tan gratuito que cuesta creerlo. A continuación el profeta se dirige a los sacerdotes, responsables del culto, y les reprocha con dureza que presenten en el altar pan impuro y animales ciegos, cojos o enfermos. La pregunta que les hace es demoledora: si ofrecieras eso a tu gobernador, te recibiría bien? Es decir, están dando a Dios lo que jamás darían a un superior humano. El capítulo contrapone esa mediocridad al horizonte universal que Dios mismo anuncia: desde donde sale el sol hasta su ocaso, su nombre es grande entre las naciones y por doquier se le ofrece una ofrenda pura. La advertencia final es contundente: maldito el tramposo que tiene en su rebaño un animal sano y sacrifica al Señor uno defectuoso. El capítulo nos enseña que la fe se mide en la calidad de lo que ofrecemos, y que a Dios no se le puede dar lo que nos sobra.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Es fácil dar a Dios lo que nos resta: tiempo cansado, atención distraída, lo que ya no nos sirve. Hoy revisa qué le estás ofreciendo al Señor y elige darle algo de calidad: tiempo real de oración, un servicio generoso, lo mejor de tu esfuerzo y no las sobras de tu día. Que tu ofrenda diga lo que de verdad piensas de él.
Oración
Señor, tú me has amado primero y con un amor que no depende de mis méritos. Líbrame de darte lo que me sobra y enséñame a ofrecerte lo mejor de mi vida, con un corazón agradecido y sincero. Amén.
Acerca del libro de Malaquías
El libro de Malaquías cierra el conjunto de los profetas en la Biblia cristiana y, según la tradición judía, también la serie de los profetas en el orden de los libros sagrados. Su nombre significa «mi mensajero», y no está claro si se trata de un nombre propio o de un título. Por los temas que aborda, el culto degradado, los matrimonios mixtos y los divorcios, los diezmos retenidos, la espera del mensajero del Señor, se sitúa en la época persa, probablemente en el siglo V antes de Cristo, después del regreso del destierro y de la reconstrucción del Templo, en un momento en que la comunidad había recaído en la rutina y el desánimo.
Su forma literaria es singular: está construido como una serie de disputas o controversias. Cada sección comienza con una afirmación de Dios, sigue con una objeción del pueblo, que pregunta en qué nos has amado o en qué te hemos manchado, y termina con la respuesta del profeta. Ese diálogo tenso pone al descubierto la ceguera de quienes, creyéndose fieles, han dejado de tomarse en serio a Dios.
Los grandes temas del libro son el amor gratuito y fiel de Dios, que no depende de nuestros méritos; la exigencia de un culto sincero y de ofrendas sin defecto; la fidelidad en el matrimonio y la unidad de la familia; la justicia social y el cuidado del jornalero, del huérfano y de la viuda; y la esperanza escatológica, con el anuncio de un mensajero que prepara el camino, de un fuego purificador y de un sol de justicia que trae salvación.
Para la fe católica, Malaquías es un libro profundamente actual: denuncia la religión de la costumbre y llama a una conversión del corazón. Su anuncio del mensajero y de Elías ha sido leído desde el Evangelio como preparación de la venida de Cristo, y su llamado a no defraudar a Dios en la ofrenda ilumina la relación entre la fe y la generosidad.
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