Malaquías
Antiguo Testamento | 3 capítulos | 55 versículos
Capítulo 3
1 He aquí que yo envío a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el Angel de la alianza, que vosotros deseáis, he aquí que viene, dice Yahveh Sebaot.
2 ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque es él como fuego de fundidor y como lejía de lavandero.
3 Se sentará para fundir y purgar. Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata; y serán para Yahveh los que presentan la oblación en justicia.
4 Entonces será grata a Yahveh la oblación de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño, como en los años antiguos.
5 Yo me acercaré a vosotros para el juicio, y seré un testigo expeditivo contra los hechiceros y contra los adúlteros, contra los que juran con mentira, contra los que oprimen al jornalero, a la viuda y al huérfano, contra los que hacen agravio al forastero sin ningún temor de mí, dice Yahveh Sebaot.
6 Que yo, Yahveh, no cambio, y vosotros, hijos de Jacob, no termináis nunca.
7 Desde los días de vuestros padres venís apartándoos de mis preceptos y no los observáis. Volveos a mí y yo me volveré a vosotros, dice Yahveh Sebaot. - Decís: ¿En qué hemos de volver? -
8 ¿Puede un hombre defraudar a Dios? ¡Pues vosotros me defraudáis a mí! - Y aún decís: ¿En qué te hemos defraudado? - En el diezmo y en la ofrenda reservada.
9 De maldición estáis malditos, porque me defraudáis a mí vosotros, la nación entera.
10 Llevad el diezmo íntegro a la casa del tesoro, para que haya alimento en mi Casa; y ponedme así a prueba, dice Yahveh Sebaot, a ver si no os abro las esclusas del cielo y no vacío sobre vosotros la bendición hasta que ya no quede,
11 y no ahuyento de vosotros al devorador, para que no os destruya el fruto del suelo y no se os quede estéril la viña en el campo, dice Yahveh Sebaot.
12 Todas las naciones os felicitarán entonces, porque seréis una tierra de delicias, dice Yahveh Sebaot.
13 Duras me resultan vuestras palabras, dice Yahveh. - Y todavía decís: ¿Qué hemos dicho contra ti? -
14 Habéis dicho: Cosa vana es servir a Dios; ¿qué ganamos con guardar su mandamiento o con andar en duelo ante Yahveh Sebaot?
15 Más bien, llamamos felices a los arrogantes: aun haciendo el mal prosperan, y aun tentando a Dios escapan libres.
16 Entonces los que temen a Yahveh se hablaron unos a otros. Y puso atención Yahveh y oyó; y se escribió ante él un libro memorial en favor de los que temen a Yahveh y piensan en su Nombre.
17 Serán ellos para mí, dice Yahveh Sebaot, en el día que yo preparo, propiedad personal; y yo seré indulgente con ellos como es indulgente un padre con el hijo que le sirve.
18 Entonces vosotros volveréis a distinguir entre el justo y el impío, entre quien sirve a Dios y quien no le sirve.
19 Pues he aquí que viene el Día, abrasador como un horno; todos los arrogantes y los que cometen impiedad serán como paja; y los consumirá el Día que viene, dice Yahveh Sebaot, hasta no dejarles raíz ni rama.
20 Pero para vosotros, los que teméis mi Nombre, brillará el sol de justicia con la salud en sus rayos, y saldréis brincando como becerros bien cebados fuera del establo.
21 Y pisotearéis a los impíos, porque serán ellos ceniza bajo la planta de vuestros pies, el día que yo preparo, dice Yahveh Sebaot.
22 Acordaos de la Ley de Moisés, mi siervo, a quien yo prescribí en el Horeb preceptos y normas para todo Israel.
23 He aquí que yo os envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible.
24 El hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la tierra de anatema.
Reflexión del capítulo 3
El último capítulo del libro, y de los profetas, está dominado por la esperanza de una venida. El Señor anuncia que enviará a su mensajero por delante para preparar el camino, y que él mismo entrará en su Templo, aquel a quien el pueblo busca y el mensajero de la alianza que desea. Pero la venida no se presenta como un consuelo fácil, sino con una pregunta que sacude: quién podrá resistir el día de su llegada? Porque viene como el fuego que purifica los metales y como el jabón de quien lava la ropa, para limpiar a la descendencia de Leví y acrisolarla como se purifican los metales preciosos. Es un Dios que salva purificando, que no deja intacto lo que toca. El capítulo aborda después la cuestión de los diezmos y las ofrendas, y en un giro notable invita al pueblo a probar a Dios en la generosidad, prometiendo abrir las compuertas del cielo. Frente a los que decían que servir a Dios era inútil porque los arrogantes prosperaban, el texto presenta a los que temen al Señor hablando entre sí, y dice que se escribió en su presencia un registro en favor de ellos. La conclusión es luminosa: para quienes respetan su nombre saldrá un sol que trae la salvación en sus rayos. El libro cierra anunciando la venida de Elías antes del gran Día, para reconciliar los corazones de padres e hijos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
La esperanza cristiana incluye la purificación: Dios no solo consuela, también limpia. Hoy acoge esa acción purificadora en un área concreta de tu vida y responde con generosidad donde antes retenías. Reza también por la reconciliación de alguna familia dividida que conozcas, y ofrece algo tuyo por esa intención. La generosidad probada en lo concreto es una forma de esperar la venida del Señor.
Oración
Señor, tú vienes como fuego que purifica y como sol que trae salud. Purifica mi corazón, enséñame a ser generoso contigo y a esperar tu venida con confianza; reconcilia los corazones divididos y hazme testigo de tu justicia. Amén.
Acerca del libro de Malaquías
El libro de Malaquías cierra el conjunto de los profetas en la Biblia cristiana y, según la tradición judía, también la serie de los profetas en el orden de los libros sagrados. Su nombre significa «mi mensajero», y no está claro si se trata de un nombre propio o de un título. Por los temas que aborda, el culto degradado, los matrimonios mixtos y los divorcios, los diezmos retenidos, la espera del mensajero del Señor, se sitúa en la época persa, probablemente en el siglo V antes de Cristo, después del regreso del destierro y de la reconstrucción del Templo, en un momento en que la comunidad había recaído en la rutina y el desánimo.
Su forma literaria es singular: está construido como una serie de disputas o controversias. Cada sección comienza con una afirmación de Dios, sigue con una objeción del pueblo, que pregunta en qué nos has amado o en qué te hemos manchado, y termina con la respuesta del profeta. Ese diálogo tenso pone al descubierto la ceguera de quienes, creyéndose fieles, han dejado de tomarse en serio a Dios.
Los grandes temas del libro son el amor gratuito y fiel de Dios, que no depende de nuestros méritos; la exigencia de un culto sincero y de ofrendas sin defecto; la fidelidad en el matrimonio y la unidad de la familia; la justicia social y el cuidado del jornalero, del huérfano y de la viuda; y la esperanza escatológica, con el anuncio de un mensajero que prepara el camino, de un fuego purificador y de un sol de justicia que trae salvación.
Para la fe católica, Malaquías es un libro profundamente actual: denuncia la religión de la costumbre y llama a una conversión del corazón. Su anuncio del mensajero y de Elías ha sido leído desde el Evangelio como preparación de la venida de Cristo, y su llamado a no defraudar a Dios en la ofrenda ilumina la relación entre la fe y la generosidad.
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