Zacarías

Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos

Za

Capítulo 1

1 En el octavo mes del año segundo de Darío fue dirigida la palabra de Yahveh al profeta Zacarías (hijo de Berekías), hijo de Iddó, en estos términos:

2 «Yahveh se ha irritado mucho contra vuestros padres.»

3 Les dirás: «Así dice Yahveh Sebaot: Volveos a mí - oráculo de Yahveh Sebaot - y yo me volveré a vosotros, dice Yahveh Sebaot.

4 No seáis como vuestros padres, a quienes los antiguos profetas gritaban así: "¡Volveos de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras!" Pero ellos no escucharon ni me hicieron caso - oráculo de Yahveh -.

5 Vuestros padres ¿dónde están? Y los profetas ¿van a vivir por siempre?

6 Sin embargo, mis palabras y preceptos que yo había prescrito a mis siervos los profetas ¿no alcanzaron a vuestros padres? Por eso se volvieron ellos y dijeron: "Como Yahveh Sebaot había decidido tratarnos, según nuestros caminos y nuestras obras, así nos ha tratado".»

7 El día veinticuatro del undécimo mes (que es el mes de Sebat), el año segundo de Darío, fue dirigida la palabra de Yahveh al profeta Zacarías (hijo de (Berekías), hijo de Iddó, en estos términos:

8 He tenido una visión esta noche. Era un hombre que montaba un caballo rojo; estaba de pie entre los mirtos que hay en la hondonada; detrás de él, caballos rojos, alazanes y blancos.

9 Yo dije: «¿Quiénes son éstos, señor mío?» El ángel que hablaba conmigo me dijo: «Yo te enseñaré quiénes son éstos.»

10 Y el hombre que estaba entre los mirtos intervino y dijo: «Estos son los que ha enviado Yahveh a recorrer la tierra.»

11 Entonces ellos se dirigieron al ángel de Yahveh que estaba entre los mirtos y dijeron: «Hemos recorrido la tierra y hemos visto que toda la tierra vive en paz.»

12 Tomó la palabra el ángel de Yahveh y dijo: «Oh Yahveh Sebaot, ¿hasta cuándo seguirás sin apiadarte de Jerusalén y de las ciudades de Judá, contra las cuales estás irritado desde hace setenta años?»

13 Yahveh respondió al ángel que hablaba conmigo palabras buenas, palabras de consuelo.

14 Y el ángel que hablaba conmigo me dijo: «Clama y di: Así dice Yahveh Sebaot: Celoso estoy por Jerusalén y por Sión con gran celo,

15 y con gran irritación irritado contra las naciones que se sienten seguras, y que, cuando yo estaba poco irritado, contribuyeron al mal.

16 Por eso, así dice Yahveh: A Jerusalén me vuelvo con piedad: en ella será reedificada mi Casa - oráculo de Yahveh Sebaot - y el cordel será tendido sobre Jerusalén.

17 Clama también y di: Así dice Yahveh Sebaot: Aún han de rebosar mis ciudades de bienes; aún consolará Yahveh a Sión y aún elegirá a Jerusalén.»

Reflexión del capítulo 1

El libro se abre con una fecha precisa —el octavo mes del segundo año de Darío— y con una llamada directa: volveos a mí, y yo me volveré a vosotros. Zacarías recuerda que los padres no escucharon a los profetas, y que las palabras de Dios acabaron alcanzándolos: tal como decidió tratarlos según sus caminos, así los trató. Después, en la noche del veinticuatro del mes de Sebat, llega la primera visión: un hombre montado en un caballo rojo, de pie entre los mirtos de la hondonada, con caballos rojos, alazanes y blancos detrás de él. Son los enviados que recorren la tierra, y su informe es que todo está en paz. Entonces el ángel de Yahveh intercede: ¿hasta cuándo seguirás sin apiadarte de Jerusalén, contra la que estás irritado desde hace setenta años? La respuesta de Dios son palabras buenas, palabras de consuelo. Se declara celoso por Jerusalén y Sión, irritado contra las naciones que se sentían seguras, y anuncia su retorno con piedad: mi Casa será reedificada, el cordel será tendido sobre Jerusalén, y las ciudades volverán a rebosar de bienes.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

El capítulo te invita a volver a Dios sin demora. Dedica hoy un momento a examinar qué camino has dejado de lado y responde con un gesto concreto de conversión: retomar la oración diaria, acercarte al sacramento de la Reconciliación o reparar una relación dañada. Y cuando la comunidad parezca desanimada, sé tú voz de consuelo, recordando que Dios sigue celoso de su pueblo.

Oración

Señor, que te vuelves a quien se vuelve a ti, danos un corazón que escuche tu voz y no endurezca el oído como nuestros padres. Consuela a tu Iglesia en sus ruinas y muéstranos que sigues siendo celoso de tu pueblo. Amén.

Acerca del libro de Zacarías

El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.

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