Zacarías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos
Capítulo 4
1 Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como a un hombre que es despertado de su sueño.
2 Y me dijo: «¿Qué ves?» Dije: «Veo un candelabro todo de oro, con una ampolla en su vértice: tiene siete lámparas y siete boquillas para las siete lámparas que lleva encima.
3 Hay también dos olivos junto a él, uno a su derecha y el otro a su izquierda.»
4 Proseguí y dije al ángel que hablaba conmigo: «¿Qué es esto, señor mío?»
5 Me respondió el ángel que hablaba conmigo y me dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi señor.»
6 Prosiguió él y me habló así: Esta es la palabra de Yahveh a Zorobabel. No por el valor ni por la fuerza, sino sólo por mi Espíritu - dice Yahveh Sebaot -.
7 ¿Quién eres tú, gran monte? Ante Zorobabel serás una explanada, y él extraerá la piedra de remate, a los gritos de «¡Bravo, bravo por ella!».
8 Me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
9 Las manos de Zorobabel echaron el cimiento a esta Casa y sus manos la acabarán; (sabréis así que Yahveh Sebaot me ha enviado a vosotros).
10 ¿Quién menospreció el día de los modestos comienzos? ¡Se alegrará al ver la plomada en la mano de Zorobabel! « Esos siete son los ojos de Yahveh: ellos recorren toda la tierra.»
11 Entonces tomé la palabra y le dije: «¿Qué son esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro?»
12 (Añadí de nuevo y le dije: «¿Qué son las dos ramas de olivo que por los dos tubos de oro vierten de sí aceite dorado?»)
13 El me habló y dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi señor.»
14 Y él me dijo: «Estos son los dos Ungidos que están en pie junto al Señor de toda la tierra.»
Reflexión del capítulo 4
El capítulo está dominado por la imagen del candelabro de oro con siete lámparas y siete boquillas, alimentado por dos olivos que están a su derecha y a su izquierda. Zacarías pregunta qué significa, y la respuesta es el corazón del libro: esta es la palabra de Yahveh a Zorobabel: no por el valor ni por la fuerza, sino sólo por mi Espíritu, dice el Señor. El descendiente de David que gobernaba a los repatriados no debía confiar en recursos humanos, sino en la acción divina. Por eso la montaña de obstáculos que se alza ante él se convertirá en explanada, y él extraerá la piedra de remate entre gritos de bravo. La obra que comenzó con sus manos, con sus manos la acabará. El ángel añade una pregunta que llega hasta nosotros: ¿quién menospreció el día de los modestos comienzos? No se desprecia lo pequeño cuando Dios lo sostiene. Al final se revela la identidad de los dos olivos: son los dos Ungidos que están en pie junto al Señor de toda la tierra, probablemente el rey y el sumo sacerdote, signos de que la fuerza de la comunidad brota de la unción de Dios, no de la propia capacidad.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy no desprecies los comienzos pequeños: una oración breve, un servicio discreto, un proyecto que apenas empieza. Confía en que Dios sostiene la obra por su Espíritu y no por tu fuerza. Elige una tarea humilde que hayas postergado y hazla con constancia, ofreciéndola como el aceite que alimenta la lámpara.
Oración
Señor del Espíritu y de la vida, que no actúas por la fuerza ni por el poder, sino por tu aliento, quita de nosotros la presunción y el desaliento. Haz que la lámpara de nuestra fe arda alimentada por ti. Amén.
Acerca del libro de Zacarías
El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.
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