Zacarías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos
Capítulo 6
1 Alcé otra vez los ojos y tuve una visión: Eran cuatro carros que salían de entre dos montes; y los montes eran montes de bronce.
2 En el primer carro había caballos rojos, en el segundo carro caballos negros,
3 en el tercer carro caballos blancos, y en el cuarto carro caballos tordos.
4 Tomé la palabra y dije al ángel que hablaba conmigo: «¿Qué son éstos, señor mío?»
5 El ángel respondió y me dijo: «Son los cuatro vientos del cielo que salen después de presentarse ante el Señor de toda la tierra.
6 Donde están los caballos negros, salen hacía el país del norte; los blancos salen detrás de ellos y los tordos salen hacía el país del sur.»
7 Briosos salían, impacientes por recorrer la tierra. Les dijo: «Id, recorred la tierra.» Y recorrieron la tierra.
8 Y a mí me gritó y me habló así: «Mira, los que salen hacia el país del norte van a aplacar mi espíritu en el país del norte.»
9 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
10 «Haz una colecta entre los deportados: Jelday, Tobías y Yedaías; vienes aquel día y entras en la casa de Josías, hijo de Sefanías, a donde han llegado de Babilonia,
11 tomas la plata y el oro, haces una corona, la pones en la cabeza del sumo sacerdote Josué, hijo de Yehosadaq,
12 y le hablas de esta manera: Así dice Yahveh Sebaot: He aquí un hombre cuyo nombre es Germen: debajo de él habrá germinación (y él edificará el Templo de Yahveh).
13 El edificará el Templo de Yahveh; él llevará las insignias reales, se sentará y dominará en su trono; habrá un sacerdote a su derecha, y consejo de paz habrá entre ellos dos.
14 Será la corona para Jelday, Tobías y Yedaías, y para el hijo de Sefanías, un memorial de gracia en el Templo de Yahveh.
15 Y los que están lejos vendrán y reedificarán el Templo de Yahveh. Sabréis entonces que Yahveh Sebaot me ha enviado a vosotros. Así será si de verdad escucháis la voz de Yahveh vuestro Dios.»
Reflexión del capítulo 6
La última visión nocturna muestra cuatro carros que salen de entre dos montes de bronce, tirados por caballos rojos, negros, blancos y tordos: son los cuatro vientos del cielo, enviados tras presentarse ante el Señor de toda la tierra. Recorren el mundo y, los que van al país del norte, aplacan el espíritu de Dios en aquella región, la del imperio que había oprimido a Judá. Terminada la serie de visiones, el Señor manda a Zacarías hacer una colecta entre los deportados, tomar plata y oro, y fabricar una corona para colocarla sobre la cabeza del sumo sacerdote Josué. Y pronuncia un oráculo mesiánico: he aquí un hombre cuyo nombre es Germen; debajo de él habrá germinación y él edificará el Templo de Yahveh. Llevará las insignias reales, se sentará y dominará en su trono, y habrá un sacerdote a su derecha, con consejo de paz entre ambos. En esa figura se unen el rey y el sacerdote, anticipando al único mediador que es a la vez sacerdote y rey. La corona quedará como memorial en el Templo, y los que están lejos vendrán a colaborar en la reconstrucción, señal de que la obra de Dios convoca a todos los pueblos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
El capítulo une culto y vida: la corona se guarda como memorial, y los de lejos vienen a construir. Hoy participa de manera activa en la edificación de tu comunidad: colabora en una obra parroquial, una colecta o un servicio, aunque te parezca pequeño. Y haz memoria de lo que Dios ha hecho en tu vida, para que la gratitud te impulse a construir, no sólo a recibir.
Oración
Señor, que suscitas al Germen, rey y sacerdote, y convocas a los pueblos para edificar tu casa, haz que colaboremos con generosidad en tu obra. Que tu consejo de paz habite entre nosotros y tu memorial permanezca. Amén.
Acerca del libro de Zacarías
El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.
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