Zacarías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos
Capítulo 14
1 He aquí que viene el Día de Yahveh en que serán repartidos tus despojos en medio de ti.
2 Yo reuniré a todas las naciones en batalla contra Jerusalén. Será tomada la ciudad, las casas serán saqueadas y violadas las mujeres. La mitad de la ciudad partirá al cautiverio, pero el Resto del pueblo no será extirpado de la ciudad.
3 Saldrá entonces Yahveh y combatirá contra esas naciones como el día en que él combate, el día de la batalla.
4 Se plantarán sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al oriente, y el monte de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte se retirará al norte y la otra mitad al sur.
5 Y huiréis al valle de mis montes, porque el valle de los montes llegará hasta Yasol; huiréis como huisteis a causa del terremoto en los días de Ozías, rey de Judá. Y vendrá Yahveh mi Dios y todos los santos con él.
6 Aquel día no habrá ya luz, sino frío y hielo.
7 Un día único será - conocido sólo de Yahveh -: no habrá día y luego noche, sino que a la hora de la tarde habrá luz.
8 Sucederá aquel día que saldrán de Jerusalén aguas vivas, mitad hacia el mar oriental, mitad hacia el mar occidental: las habrá tanto en verano como en invierno.
9 Y será Yahveh rey sobre toda la tierra: ¡el día aquel será único Yahveh y único su nombre!
10 Toda esta tierra se tornará llanura, desde Gueba hasta Rimmón, al sur de Jerusalén. Y ésta, encumbrada, será habitada en su lugar, desde la Puerta de Benjamín hasta el emplazamiento de la antigua Puerta, es decir, hasta la Puerta de los Angulos, y desde la torre de Jananel hasta los Lagares del rey.
11 Se habitará en ella y no habrá más anatema: ¡Jerusalén será habitada en seguridad!
12 Y ésta será la plaga con que herirá Yahveh a todos los pueblos que hayan hecho la guerra a Jerusalén: pudrirá su carne estando ellos todavía en pie, sus ojos se pudrirán en sus cuencas, y su lengua se pudrirá en su boca.
13 Y cundirá aquel día entre ellos un inmenso pánico de Yahveh: agarrará cada uno la mano de su prójimo y levantarán la mano unos contra otros.
14 También Judá combatirá en Jerusalén. Y serán reunidas las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro, plata y vestidos en cantidad inmensa.
15 Semejante será la plaga de los caballos, mulos, camellos y asnos, y de todo el ganado que haya en aquellos campamentos: ¡una plaga como ésa!
16 Y todos los supervivientes de todas las naciones que hayan venido contra Jerusalén subirán de año en año a postrarse ante el Rey Yahveh Sebaot y a celebrar la fiesta de las Tiendas.
17 Y para aquella familia de la tierra que no suba a Jerusalén a postrarse ante el Rey Yahveh Sebaot no habrá lluvia.
18 Si la familia de Egipto no sube ni viene, caerá sobre ella la plaga con que Yahveh herirá a las naciones que no suban a celebrar la fiesta de las Tiendas.
19 Tal será el castigo de Egipto y el castigo de todas las naciones que no suban a celebrar la fiesta de las Tiendas.
20 Aquel día se hallará en los cascabeles de los caballos: «Consagrado a Yahveh», y serán las ollas en la Casa de Yahveh como copas de aspersión delante del altar.
21 Y toda olla, en Jerusalén y Judá, estará consagrada a Yahveh Sebaot; todos los que quieran sacrificar vendrán a tomar de ellas, y en ellas cocerán; y no habrá más comerciante en la Casa de Yahveh Sebaot el día aquel.
Reflexión del capítulo 14
El último capítulo describe el Día del Señor con imágenes de batalla y de plenitud. Las naciones se reunirán contra Jerusalén, la ciudad será tomada y saqueada, pero el Señor saldrá a combatir contra ellas. Sus pies se plantarán aquel día en el monte de los Olivos, que se hendirá de oriente a occidente formando un gran valle, y el pueblo huirá como en el terremoto de los días de Ozías; entonces vendrá Yahveh con todos sus santos. Aquel día será único: no habrá ya la sucesión normal de día y noche, sino que a la hora de la tarde habrá luz. Y de Jerusalén saldrán aguas vivas, mitad hacia el mar oriental y mitad hacia el occidental, tanto en verano como en invierno. La meta de todo es la realeza universal de Dios: será Yahveh rey sobre toda la tierra; el día aquel será único Yahveh y único su nombre. Jerusalén será habitada en seguridad y no habrá más anatema. El capítulo termina con una visión asombrosa: incluso los supervivientes de las naciones subirán de año en año a postrarse ante el Rey y a celebrar la fiesta de las Tiendas, y hasta los cascabeles de los caballos llevarán escrito Consagrado a Yahveh. Todo quedará santificado, y no habrá más comerciante en la Casa del Señor.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
El capítulo anuncia que todo quedará consagrado, hasta lo más cotidiano. Hoy trabaja con esa mirada: ofrece a Dios tu jornada entera, también tus tareas ordinarias, y reconoce en ellas su señorío. Y anticipa ya esa unidad adorando al Rey con tu comunidad, sin esperar a que las circunstancias sean perfectas.
Oración
Señor, rey sobre toda la tierra, cuyo nombre es único, haz que las aguas vivas broten en nuestra vida y que todo lo nuestro quede consagrado a ti. Que te adoremos con tu pueblo y vivamos en tu paz. Amén.
Acerca del libro de Zacarías
El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.
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