Zacarías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos
Capítulo 10
1 Pedid a Yahveh la lluvia en tiempo de primavera. Yahveh, el que hace las nubes de tormenta, lluvia copiosa les dará, hierba en su campo a cada uno.
2 Porque los terafim predicen falsedad y los adivinos ven mentira, porque sueños de ilusión predicen y con cosa vana quieren consolar, por eso emigran ellos como ovejas, abatidos porque no hay pastor.
3 Contra los pastores arde mi cólera y a los machos cabríos visitaré. Cuando Yahveh Sebaot visite a su rebaño, la Casa de Judá, hará de ellos como su caballo de honor en el combate.
4 De él saldrá el Angulo, de él la Clavija, de él el Arco de combate, de él todos los Caudillos. Juntos
5 serán como bravos que pisarán el barro de las calles en el combate; combatirán, porque Yahveh está con ellos, y serán confundidos los que montan caballos.
6 Yo haré fuerte la casa de Judá y victoriosa la casa de José; los recobraré porque me apiado de ellos, y serán como si yo no los hubiera desechado, pues yo soy Yahveh su Dios, y los atenderé.
7 Como bravos serán los de Efraím, estará alegre su corazón como de vino; sus hijos lo verán y se alegrarán, exultará en Yahveh su corazón.
8 Yo les silbaré para reunirlos, pues los he rescatado, y serán tan numerosos como eran.
9 Yo los sembré entre los pueblos, mas en lejanas tierras se acordarán de mí, criarán a sus hijos y retornarán.
10 Los haré volver del país de Egipto, de Asur los recogeré, y los conduciré al país de Galaad y al Líbano, donde no habrá bastante para ellos.
11 Atravesarán el mar de la angustia, (él herirá en el mar las ondas), y quedarán secas todas las honduras del Nilo. Será abatido el orgullo de Asur, y el cetro de Egipto llegará a su fin.
12 Yo los haré fuertes en Yahveh, y en su Nombre marcharán, oráculo de Yahveh.
Reflexión del capítulo 10
El capítulo comienza con una invitación a pedir la lluvia al Señor en tiempo de primavera, porque él es quien hace las nubes y concede la lluvia copiosa. El contraste es fuerte: los terafim y los adivinos predicen falsedad y consuelan con cosas vanas, por lo que el pueblo anda como ovejas sin pastor, abatido. Contra los malos pastores arde la cólera de Dios, pero él mismo visita a su rebaño, la casa de Judá, y hará de ellos su caballo de honor en el combate. De Judá saldrán figuras decisivas: el Ángulo, la Clavija, el Arco de combate y todos los caudillos, imágenes del liderazgo restaurado. Los combatientes serán como bravos porque el Señor está con ellos. Dios promete fortalecer a Judá y salvar a José, apiadarse de ellos y recogerlos, aunque los había sembrado entre los pueblos. Aunque estén en tierras lejanas, se acordarán de Él, criarán a sus hijos y retornarán; los hará volver de Egipto y de Asur, y atravesarán el mar de la angustia hasta que las aguas queden secas. El capítulo cierra con la síntesis de todo: yo los haré fuertes en Yahveh, y en su Nombre marcharán.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy pide la lluvia al Señor: presenta ante Él una necesidad concreta —de tu familia, tu trabajo o tu comunidad— en lugar de buscar respuestas en la superstición o en consejos vanos. Y actúa como buen pastor con quien te está encomendado: no abandones a quien depende de ti, sosténlo con tu presencia y tu palabra.
Oración
Señor, que haces las nubes y visitas a tu rebaño, danos pastores según tu corazón y no nos dejes vagar como ovejas sin guía. Fortalécenos en ti y haz que marchemos en tu Nombre. Amén.
Acerca del libro de Zacarías
El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.
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