Zacarías

Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos

Za

Capítulo 7

1 El año cuarto del rey Darío, la palabra de Yahveh fue dirigida a Zacarías, el día cuatro del noveno mes, el mes de Kisléu.

2 Betel había enviado a Sar Eser y a Réguem Mélek, con su gente, a ablandar el rostro de Yahveh,

3 y a decir a los sacerdotes de la Casa de Yahveh Sebaot y a los profetas: «¿Deberé llorar en el quinto mes haciendo abstinencia como lo he hecho durante tantos años?»

4 Me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:

5 Habla a todo el pueblo de la tierra y a los sacerdotes y di: «Cuando habéis ayunado y plañido, en el quinto y séptimo mes, y esto durante setenta años, ¿habéis ayunado de verdad por mí?

6 Y cuando coméis y bebéis, ¿no sois vosotros los que coméis y bebéis?

7 ¿No conocéis las palabras que Yahveh proclamó por ministerio de los antiguos profetas, cuando Jerusalén vivía en paz, con sus ciudades de alrededor, y estaban habitados el Négueb y la Tierra Baja?

8 (La palabra de Yahveh fue dirigida a Zacarías en estos términos:

9 Así dijo Yahveh Sebaot): Juicio fiel juzgad, y amor y compasión practicad cada cual con su hermano.

10 No oprimáis a la viuda, al huérfano, al forastero, ni al pobre; y no maquinéis mal uno contra otro en vuestro corazón.

11 Para ellos no quisieron hacer caso; hombro rebelde presentaron y endurecieron sus oídos para no escuchar;

12 su corazón hicieron de diamante para no oír la Ley y las palabras que Yahveh Sebaot había dirigido por su espíritu, por ministerio de los antiguos profetas. Hubo entonces gran enojo de Yahveh Sebaot.

13 Y sucedió que, como él había clamado y ellos no habían escuchado, así ellos clamaban y yo no les escuchaba, dice Yahveh Sebaot.

14 Sino que los dispersé entre todas las naciones que no conocían, y la tierra quedó devastada detrás de ellos: ya nadie iba ni venía. Y así convirtieron una tierra de delicias en desolación.»

Reflexión del capítulo 7

El capítulo recoge una consulta y la respuesta de Dios. En el cuarto año de Darío, unos enviados de Betel llegan a los sacerdotes y profetas para preguntar si deben seguir llorando y ayunando en el quinto mes, como lo han hecho durante tantos años, ahora que el Templo se reconstruye. La respuesta divina es una interpelación al corazón: cuando habéis ayunado durante setenta años, ¿habéis ayunado de verdad por mí? ¿Y cuando coméis y bebéis, no sois vosotros los que coméis y bebéis? Dios no rechaza el ayuno, pero denuncia una religiosidad centrada en uno mismo. Recuerda lo que los antiguos profetas ya habían pedido: juicio fiel, amor y compasión con el hermano; no oprimir a la viuda, al huérfano, al forastero ni al pobre; no maquinar mal unos contra otros. El pueblo, sin embargo, endureció sus oídos y su corazón como el diamante para no escuchar la Ley. Por eso vino el gran enojo del Señor, y la lógica de la justicia se cumplió: como él llamó y no escucharon, así ellos clamaron y no fueron escuchados. La tierra de delicias quedó convertida en desolación.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy revisa el motivo de tus prácticas religiosas: ¿buscas de verdad a Dios o sólo cumplir? Elige un gesto de justicia y misericordia que pese más que un rito vacío: visita a un enfermo, ayuda a un pobre, defiende a alguien tratado injustamente. Y no endurezcas el oído ante la corrección que Dios te envía por medio de otros.

Oración

Señor, que no te complaces en ritos vacíos sino en un corazón sincero, purifica nuestras intenciones. Danos oídos atentos y manos misericordiosas, para que nuestro culto se traduzca en justicia y compasión. Amén.

Acerca del libro de Zacarías

El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.

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