Zacarías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos
Capítulo 5
1 Volví a alzar los ojos y tuve una visión: Era un rollo volando.
2 Y me dijo el ángel: «¿Qué ves?» Respondí: «Veo un rollo volando, de veinte codos de largo y veinte de ancho.»
3 Me dijo: «Eso es la Maldición que sale sobre la haz de toda esta tierra. Pues todo ladrón será, según ella, echado de aquí, y todo el que jura será, según ella, echado de aquí.
4 Yo la he hecho salir - oráculo de Yahveh Sebaot - para que entre en casa del ladrón y en casa del que jura por mi nombre en falso, para que se aloje en medio de su casa y la consuma, con su maderamen y sus piedras.»
5 Salió el ángel que hablaba conmigo y me dijo: «Alza ahora tus ojos y mira qué es eso que sale.»
6 Yo dije: «¿Qué es?» Dijo: «Es la medida que sale.» Y añadió: «Esta es la culpa de ellos en todo el país.»
7 En esto, se levantó la tapa de plomo y había una Mujer sentada en medio de la medida.
8 Dijo él: «Esta es la Maldad.» La echó dentro de la medida y volvió a poner la tapa de plomo en su boca.
9 Alcé luego los ojos y tuve una visión: Dos mujeres aparecieron, con viento en sus alas, porque tenían alas como de cigüeña. Y levantaron la medida entre la tierra y el cielo.
10 Dije entonces al ángel que hablaba conmigo: «¿A dónde llevan ésas la medida?»
11 Me respondió: «Van a edificarle una casa en el país de Senaar, y cuando esté a punto será colocada allí sobre su base.»
Reflexión del capítulo 5
El capítulo presenta dos visiones que hablan del pecado y de su eliminación. Primero, un rollo volando, de veinte codos de largo y diez de ancho: es la Maldición que sale sobre toda la tierra y que alcanza al ladrón y al que jura en falso por el nombre de Dios. Entrará en la casa del culpable y la consumirá con su maderamen y sus piedras. La segunda visión muestra una medida —el efa— con una tapa de plomo, y dentro de ella una mujer sentada: el ángel la identifica como la Maldad. La echa dentro de la medida y cierra la tapa. Luego aparecen dos mujeres con alas como de cigüeña, que levantan la medida entre la tierra y el cielo y la llevan al país de Senaar, es decir, a Babilonia, para edificarle allí una casa. El mensaje es claro y consolador: la maldad que contaminaba al pueblo no sólo es contenida y sellada, sino trasladada lejos, al lugar del destierro, para que la tierra de la promesa quede limpia. Dios no convive con el pecado: lo juzga, lo encierra y lo aleja de su pueblo, preparando una comunidad purificada donde su presencia pueda habitar.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Examina hoy tu vida a la luz de la Maldición del rollo: la deshonestidad y el juramento falso, el daño a la palabra dada. Si has faltado a un compromiso o has engañado en algo, no lo dejes escondido: repáralo concretamente, devolviendo lo ajeno o cumpliendo lo prometido, para que el mal no habite en tu casa.
Oración
Señor, que no toleras el engaño ni la injusticia, danos un corazón honesto y una palabra fiel. Aleja de nuestra vida la maldad que nos contamina y haz de nosotros una morada limpia donde puedas habitar. Amén.
Acerca del libro de Zacarías
El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.
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