Zacarías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos
Capítulo 13
1 Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza.
2 Aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot - extirparé yo de esta tierra los nombres de los ídolos y no se volverá a mentarlos; igualmente a los profetas y el espíritu de impureza los quitaré de esta tierra.
3 Y, si todavía alguien se pone a profetizar, le dirán su padre y su madre que le engendraron: «¡No has de vivir tú, que dices mentiras en nombre de Yahveh!» Y su padre y su madre que le engendraron le traspasarán mientras esté profetizando.
4 Aquel día se avergonzarán los profetas, cada cual de su visión, cuando profeticen, y no se vestirán el manto de pelo con ánimos de mentir,
5 sino que dirán cada uno: «¡Yo no soy profeta; soy un campesino, pues la tierra es mi ocupación desde mi juventud!»
6 Y si alguien le dice: «¿Y esas heridas que hay entre tus manos?», responderá: «Las he recibido en casa de mis amigos.»
7 ¡Despierta, espada, contra mi pastor, y contra el hombre de mi compañía!, oráculo de Yahveh Sebaot. ¡Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas, y yo tornaré mi mano contra los pequeños!
8 Y sucederá en toda esta tierra - oráculo de Yahveh - que dos tercios serán en ella exterminados (perecerán) y el otro tercio quedará en ella.
9 Yo meteré en el fuego este tercio: los purgaré como se purga la plata y los probaré como se prueba el oro. Invocará él mi nombre y yo le responderé; diré: «¡El es mi pueblo!» y él dirá: «¡Yahveh es mi Dios!»
Reflexión del capítulo 13
El capítulo se abre con una promesa de purificación: aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza. Es la respuesta al duelo del capítulo anterior: al lado del traspasado brota el agua que limpia. Dios extirpará de la tierra los ídolos y los falsos profetas; el ansia de mentir en su nombre será tal que ni el padre ni la madre tolerarán al hijo que profetice falsamente. Los falsos profetas se avergonzarán de sus visiones y dirán que son campesinos; si les preguntan por las heridas entre sus manos, responderán que las recibieron en casa de sus amigos. Después viene un oráculo que Jesús aplicará a su Pasión: despierta, espada, contra mi pastor y contra el hombre de mi compañía; hiere al pastor y se dispersarán las ovejas. La prueba alcanzará al pueblo: dos tercios serán exterminados y un tercio quedará. Pero ese resto será purificado como se purga la plata y se prueba el oro. Y el capítulo termina con la fórmula de la alianza restaurada: invocará él mi nombre y yo le responderé; diré: Él es mi pueblo, y él dirá: Yahveh es mi Dios.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
La fuente abierta para el pecado sigue manando en el sacramento de la Reconciliación. Si hace tiempo que no te confiesas, ve hoy o esta semana a recibir ese perdón que lava y renueva. Y acepta con fe las pruebas que purifican: en lugar de huir de ellas, pide a Dios que te prueben como se prueba el oro y te hagan un resto fiel.
Oración
Señor, fuente abierta para el pecado y la impureza, lávame y purifícame. No permitas que te niegue cuando me pruebas como se prueba el oro, y que pueda decir con verdad: Tú eres mi Dios. Amén.
Acerca del libro de Zacarías
El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.
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