Zacarías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos
Capítulo 9
1 Oráculo. La palabra de Yahveh, en el país de Jadrak y en Damasco, su reposo; porque de Yahveh es la fuente de Aram, como todas las tribus de Israel;
2 y también Jamat que está en su frontera, (Tiro) y Sidón, la que es tan sabia.
3 Se ha construido Tiro una fortaleza, ha amontonado plata como polvo y oro como barro de las calles.
4 He aquí que el Señor va a apoderarse de ello: hundirá en el mar su poderío, y ella misma será devorada por el fuego.
5 Ascalón lo verá y temerá, Gaza también, y se retorcerá de dolor y Ecrón, pues su esperanza ha fracasado; desaparecerá de Gaza el rey, Ascalón no será ya habitada,
6 y un bastardo habitará en Asdod. Yo truncaré el orgullo de los filisteos;
7 quitaré su sangre de su boca, y sus abominaciones de sus dientes. Quedará él también como resto para nuestro Dios, será como un familiar en Judá, y Ecrón será como el jebuseo.
8 Yo acamparé junto a mi Casa como guardia contra quien va y quien viene; y no pasará más opresor sobre ellos, porque ahora miro yo con mis ojos.
9 ¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna.
10 El suprimirá los cuernos de Efraím y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de combate, y él proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra.
11 En cuanto a ti, por la sangre de tu alianza, yo soltaré a tus cautivos de la fosa en la que no hay agua.
12 Volved a la fortaleza, cautivos de la esperanza; hoy mismo, yo lo anuncio, el doble te he de devolver.
13 Porque he entesado para mí a Judá, el arco he cargado con Efraím. Voy a incitar a tus hijos, Sión, contra tus hijos, Yaván, y te haré como espada de un bravo.
14 Yahveh aparecerá sobre ellos, y saldrá como relámpago su flecha; (el Señor) Yahveh tocará el cuerno y avanzará en los torbellinos del sur.
15 Yahveh Sebaot los escudará; y devorarán y pisotearán las piedras de la honda, beberán la sangre como vino, y se llenarán como copa de aspersiones, como los cuernos del altar.
16 Los salvará Yahveh su Dios el día aquel, como rebaño de su pueblo, porque serán piedras de diadema refulgentes sobre su suelo.
17 ¡Qué espléndido será, qué hermoso! El trigo hará florecer a los mancebos y el mosto a las doncellas.
Reflexión del capítulo 9
El capítulo abre con oráculos contra las naciones vecinas —Hadrac, Damasco, Jamat, Tiro, Sidón y las ciudades filisteas—, cuya soberbia y riqueza serán abatidas, mientras el Señor acampa junto a su Casa como guardia. Pero en el centro del capítulo brilla una de las profecías más hermosas del Antiguo Testamento: exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén, porque viene a ti tu rey: justo y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna. No llega en carro de guerra ni con ejército, sino en la sencillez de una cabalgadura humilde. Él suprimirá los carros de Efraím y los caballos de Jerusalén, romperá el arco de combate y proclamará la paz a las naciones; su dominio irá de mar a mar, hasta los confines de la tierra. A continuación anuncia la liberación de los cautivos por la sangre de la alianza, sacados de la fosa sin agua, y los llama cautivos de la esperanza. El Señor aparecerá como relámpago, tocará el cuerno y avanzará; escudará a su pueblo, lo salvará como rebaño y lo hará brillar como piedras de diadema sobre su suelo. La entrada de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos cumplirá esta página ante los ojos de los discípulos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
El rey que llega es humilde: hoy imita esa humildad. Renuncia a imponerte por la fuerza o la prepotencia en una discusión familiar o laboral y busca la paz, aunque tengas razón. Y si te sientes cautivo de una situación sin salida, recuerda el título que da el profeta: cautivo de la esperanza; vuelve a la fortaleza de la fe y confía en la liberación que Dios prepara.
Oración
Señor Jesús, rey humilde que entras montado en un asno y proclamas la paz a las naciones, enséñanos tu mansedumbre. Suéltanos de la fosa sin agua y haz que, cautivos de la esperanza, vivamos confiados en tu liberación. Amén.
Acerca del libro de Zacarías
El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.
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