Zacarías

Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos

Za

Capítulo 3

1 Me hizo ver después al sumo sacerdote Josué, que estaba ante el ángel de Yahveh; a su derecha estaba el Satán para acusarle.

2 Dijo el ángel de Yahveh al Satán: «¡Yahveh te reprima, Satán, reprímate Yahveh, el que ha elegido a Jerusalén! ¿No es éste un tizón sacado del fuego?»

3 Estaba Josué vestido de ropas sucias, en pie delante del ángel.

4 Tomó éste la palabra y habló así a los que estaban delante de él: «¡Quitadle esas ropas sucias y ponedle vestiduras de fiesta; le dijo: «Mira, yo he pasado por alto tu culpa.»

5 Y colocad en su cabeza una tiara limpia!» Se le vistió de vestiduras de fiesta y se le colocó en la cabeza la tiara limpia. El ángel de Yahveh que seguía en pie.

6 Luego el ángel de Yahveh advirtió a Josué diciendo:

7 «Así dice Yahveh Sebaot: Si andas por mis caminos y guardas mis prescripciones, tú gobernarás mi Casa, y tú mismo guardarás mis atrios: yo te daré plaza entre estos que están aquí.»

8 Escucha, pues, Josué, sumo sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan en tu presencia - pues son hombres de presagio -: He aquí que yo voy a traer a mi siervo «Germen».

9 Y he aquí la piedra que yo pongo delante de Josué; en esta única piedra hay siete ojos; yo mismo grabaré su inscripción - oráculo de Yahveh Sebaot - y quitaré la culpa de esta tierra en un solo día.

10 Aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot - os invitaréis unos a otros bajo la parra y bajo la higuera.

Reflexión del capítulo 3

En esta visión, el sumo sacerdote Josué —el representante del pueblo ante Dios— está de pie ante el ángel, y a su derecha el Satán se dispone a acusarle. El ángel lo reprende en nombre del Señor, que ha elegido a Jerusalén, y pronuncia una palabra llena de esperanza: ¿no es éste un tizón sacado del fuego? Josué lleva ropas sucias, imagen del pecado y del destierro. Pero le son quitadas y se le visten vestiduras de fiesta, y sobre su cabeza se coloca una tiara limpia: yo he pasado por alto tu culpa. No es el mérito del sacerdote lo que le salva, sino la misericordia de Dios. A continuación el ángel le pone una condición: si andas por mis caminos y guardas mis prescripciones, gobernarás mi Casa y guardarás mis atrios. Y anuncia el horizonte mesiánico: voy a traer a mi siervo Germen, y he aquí la piedra puesta delante de Josué, con siete ojos, cuya inscripción Dios mismo grabará; en un solo día quitará la culpa de esta tierra. El capítulo termina con una escena de paz: aquel día os invitaréis unos a otros bajo la parra y bajo la higuera.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

El capítulo muestra que Dios quita la culpa antes de pedir el compromiso. Si arrastras un sentimiento de indignidad, acércate hoy a la Reconciliación y deja que Él te vista con ropas de fiesta. Después, responde con fidelidad concreta: cumple con esmero tu responsabilidad —en la familia, el trabajo o la comunidad— como quien gobierna la casa de Dios.

Oración

Señor, que quitas la culpa de tu pueblo en un solo día, líbranos de las acusaciones del enemigo y vístenos con la dignidad de tus hijos. Danos fidelidad en lo pequeño y paz en tu casa. Amén.

Acerca del libro de Zacarías

El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.

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