Zacarías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 211 versículos
Capítulo 8
1 Fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
2 Así dice Yahveh Sebaot: Con gran celo he celado a Sión, con gran ira la he celado.
3 Así dice Yahveh: Me he vuelto a Sión, y en medio de Jerusalén habito. Jerusalén se llamará Ciudadde-Fidelidad, y el monte de Yahveh Sebaot, Montede-Santidad.
4 Así dice Yahveh Sebaot: Aún se sentarán viejos y viejas en las plazas de Jerusalén, cada cual con su bastón en la mano, por ser muchos sus días;
5 las plazas de la ciudad se llenarán de muchachos y muchachas en sus plazas jugando.
6 Así dice Yahveh Sebaot: Si ello parece imposible a los ojos del Resto de este pueblo, en aquellos días, ¿también a mis ojos va a ser imposible?, oráculo de Yahveh Sebaot.
7 Así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo salvo a mi pueblo del país del oriente y del país donde se pone el sol;
8 voy a traerlos para que moren en medio de Jerusalén. Y serán mi pueblo y yo seré su Dios con fidelidad y con justicia.
9 Así dice Yahveh Sebaot: Reafírmense vuestras manos, vosotros que oís en estos días esas palabras de la boca de los profetas, desde el día en que se echaron los cimientos de la Casa de Yahveh Sebaot, para la reconstrucción del Templo.
10 Porque hasta estos días no había paga para los hombres ni paga para el ganado; paz ninguna había, a causa del enemigo, para el que salía y entraba, y yo había dado rienda suelta a todos los hombres unos contra otros.
11 Pero ahora ya no soy yo para el Resto de este pueblo como en días pasados, oráculo de Yahveh Sebaot.
12 Porque hay simiente de paz: la vid dará su fruto, la tierra dará su producto y los cielos darán su rocío; yo daré en posesión al Resto de este pueblo todas estas cosas.
13 Y sucederá que así como habéis sido maldición entre las naciones, casa de Judá y casa de Israel, así os salvaré yo, y seréis bendición; ¡no tengáis miedo, y que se reafirmen vuestras manos!
14 Pues así dice Yahveh Sebaot: Como yo había decidido haceros mal, cuando me irritaron vuestros padres - dice Yahveh Sebaot - y no me arrepentí de ello,
15 así en cambio he decidido en estos días hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá: ¡no temáis!
16 He aquí las cosas que debéis hacer: Decid verdad unos a otros; juicio de paz juzgad en vuestras puertas;
17 mal unos contra otros no meditéis en vuestro corazón, y juramento falso no améis, porque todas estas cosas las odio yo, oráculo de Yahveh.
18 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
19 «Así dice Yahveh Sebaot: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo y el ayuno del décimo se convertirán para la casa de Judá en regocijo, alegría y faustas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz.»
20 Así dice Yahveh Sebaot: Todavía habrá pueblos que vengan, y habitantes de grandes ciudades.
21 Y los habitantes de una ciudad irán a la otra diciendo: «Ea, vamos a ablandar el rostro de Yahveh y a buscar a Yahveh Sebaot: ¡yo también voy!»
22 Y vendrán pueblos numerosos y naciones poderosas a buscar a Yahveh Sebaot en Jerusalén, y a ablandar el rostro de Yahveh.
23 Así dice Yahveh Sebaot: En aquellos días, diez hombres de todas las lenguas de las naciones asirán por la orla del manto a un judío diciendo: «Queremos ir con vosotros, porque hemos oído decir que Dios está con vosotros.»
Reflexión del capítulo 8
Este capítulo es uno de los más luminosos del libro. Dios declara su gran celo por Sión y anuncia: me he vuelto a Sión, y en medio de Jerusalén habito. La ciudad recibirá nombres nuevos: Ciudad de Fidelidad y Monte de Santidad. La vida cotidiana renacerá con una ternura conmovedora: aún se sentarán viejos y viejas en las plazas, cada cual con su bastón por ser muchos sus días, y las plazas se llenarán de muchachos y muchachas jugando. Ante la duda del resto del pueblo, Dios responde: si ello parece imposible a vuestros ojos, ¿también a mis ojos va a ser imposible? Promete salvar a su pueblo de oriente y occidente, traerlo de vuelta para que more en Jerusalén, y ser su Dios con fidelidad y justicia. Los tiempos han cambiado: antes no había paga ni paz, pero ahora hay simiente de paz, la vid dará su fruto y la tierra su producto. El pueblo que fue maldición entre las naciones será bendición. Y de esa restauración brota una exigencia moral: decid verdad unos a otros, juzgad con paz en vuestras puertas, no améis el juramento falso. Los ayunos se convertirán en regocijo y alegría. Y la promesa se ensancha a todos los pueblos: muchos vendrán a buscar a Yahveh en Jerusalén, y diez hombres de todas las lenguas asirán el manto de un judío diciendo: queremos ir con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy sé artífice de la paz de tu ciudad: en tu familia, tu barrio o tu trabajo, di la verdad y juzga con equidad, sin sembrar discordia. Convierte un ayuno o una renuncia en alegría compartida: comparte algo con quien lo necesita. Y deja que otros vean en tu trato que Dios está contigo, para que quieran caminar a tu lado.
Oración
Señor, que vuelves a tu ciudad y haces de los ayunos fiesta, danos fidelidad y verdad en el trato con los hermanos. Que tu presencia en nosotros atraiga a muchos a buscarte y a caminar contigo. Amén.
Acerca del libro de Zacarías
El profeta Zacarías, hijo de Berekías e hijo de Iddó, ejerció su ministerio en Jerusalén tras el destierro de Babilonia, en el mismo período que el profeta Ageo. Su primera profecía está fechada en el octavo mes del segundo año del rey Darío, es decir, hacia el año 520 a. C., cuando un resto de judíos había vuelto a la tierra y trabajaba, con desaliento, en la reconstrucción del Templo. Su nombre significa Yahveh se acuerda, y esa convicción atraviesa todo el libro: Dios no ha olvidado a su pueblo. La obra se divide en dos grandes partes. La primera (caps. 1-8) recoge ocho visiones nocturnas y varios oráculos: los jinetes que recorren la tierra, los cuernos y los herreros, el hombre con la cuerda de medir, el sumo sacerdote Josué purificado, el candelabro de oro y los dos olivos, el rollo volante y la medida de la maldad, y los cuatro carros. En ellas Dios consuela a Jerusalén, promete su reconstrucción y anuncia al Germen, el vástago mesiánico que edificará el Templo. La segunda parte (caps. 9-14) mira al futuro con oráculos sobre el rey humilde que entra montado en un asno, el pastor vendido por treinta siclos de plata, el traspasado por el que se hará duelo y la fuente abierta para lavar el pecado. Por eso Zacarías es uno de los profetas más citados en la Pasión de Cristo. Su mensaje insiste en que la obra de Dios no se realiza por la fuerza ni por el poder, sino por su Espíritu, y en que la auténtica conversión se manifiesta en justicia, misericordia y verdad. Para el creyente católico, Zacarías es una escuela de esperanza: enseña a confiar en las promesas de Dios incluso cuando los comienzos parecen pequeños y la ciudad aún está en ruinas.
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