Esdras

Antiguo Testamento | 10 capítulos | 280 versículos

Esd

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Capítulo 10 de 10

Capítulo 10

1 Mientras Esdras, llorando y prosternado ante la Casa de Dios, oraba y hacía esta confesión, una inmensa asamblea de Israel, hombres, mujeres y niños, se había reunido en torno a él: y este pueblo lloraba copiosamente.

2 Entonces, Sekanías, hijo de Yejiel, de los hijos de Elam, dijo a Esdras: «Hemos sido rebeldes a nuestro Dios, casándonos con mujeres extranjeras, tomadas de entre las gentes del país. Ahora bien, a pesar de ello, todavía, hay una esperanza para Israel.

3 Hagamos alianza con nuestro Dios de despedir a todas las mujeres extranjeras y a los hijos nacidos de ellas, conforme al consejo de mi señor y de los temerosos de los mandamientos de nuestro Dios. Hágase según la Ley.

4 Levántate, que este asunto te incumbe a ti; nosotros estaremos a tu lado. ¡Animo y manos a la obra!»

5 Entonces Esdras se levantó e hizo jurar a los jefes de los sacerdotes y de los levitas y a todo Israel que harían conforme a lo dicho; y lo juraron.

6 Luego Esdras se retiró de delante de la Casa de Dios y se fue al aposento de Yehojanán, hijo de Elyasib, donde pasó la noche sin comer pan ni beber agua, haciendo duelo a causa de la rebeldía de los deportados.

7 Se publicó un bando en Judá y Jerusalén a todos los deportados para que se reunirean en Jerusalén.

8 Todo aquel que no viniera en el plazo de tres días, según el consejo de los jefes y de los ancianos, vería consagrada al anatema toda su hacienda y sería él mismo excluido de la asamblea de los deportados.

9 Todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron, pues, en Jerusalén en el plazo de tres días: era el día veinte del mes noveno; todo el pueblo se situó en la plaza de la Casa de Dios, temblando, debido al caso, y también porque llovía a cántaros.

10 Entonces el sacerdote Esdras se levantó y les dijo: «Habéis sido rebeldes al casaros con mujeres extranjeras, aumentando así el delito de Israel.

11 Ahora, pues, dad gracias a Yahveh, Dios de vuestros padres, y cumplid su voluntad separándoos de las gentes del país y de las mujeres extranjeras.»

12 Toda la asamblea respondió en alta voz: Sí; haremos como tú dices;

13 sólo que el pueblo es numeroso, y estamos en la estación de las lluvias: no podemos soportar la intemperie; además, no se trata de una cosa de un día o dos, porque somos muchos los que hemos incurrido en este pecado.

14 Nuestros jefes podrían representar a toda la asamblea: todos los que en nuestras ciudades se hayan casado con mujeres extranjeras, vendrían a plazos fijados, acompañados de los ancianos y los jueces de cada ciudad, hasta que hayamos apartado de nosotros el furor de la cólera de nuestro Dios por causa de este asunto.»

15 Sólo Jonatán, hijo de Asahel, y Yajzeías, hijo de Tiqvá, se opusieron a esto, apoyados por Mesullam y el levita Sabtay.

16 Los deportados actuaron según lo convenido. El sacerdote Esdras escogió como colaboradores a los cabezas de familia, según sus casas, todos ellos designados nominalmente. Se comenzaron las sesiones para examinar el caso el día uno del décimo mes.

17 Y el día uno del primer mes se había terminado ya con todos los hombres que estaban casados con mujeres extranjeras.

18 Entre los sacerdotes, se halló que se habían casado con mujeres extranjeras los siguientes: entre los hijos de Josué, hijo de Yosadaq, y entre sus hermanos: Maaseías, Eliezer, Yarib y Guedalías;

19 éstos se comprometieron bajo juramento a despedir a sus mujeres, y ofrecieron por su delito un carnero en sacrificio de reparación.

20 Entre los hijos de Immer: Jananí y Zebadías.

21 Entre los hijos de Jarim: «Maaseías, Elías, Semaías, Yejiel y Uzziyías.

22 Entre los hijos de Pasjur: Elyoenay, Maaseías, Ismael, Natanael, Yozabad y Elasá.

23 Entre los levitas: Yozabad, Simí, Quelaías (es decir, Quelitá), Petajías, Judá y Eliezer.

24 Entre los cantores: Elyasib y Zakkur. Entre los porteros: Sallum, Telem y Urí.

25 Entre los israelitas: de los hijos de Parós: Ramías, Yizziyías, Malkiyías, Miyyamín, Eleazar, Malkiyías y Benaías;

26 de los hijos de Elam: Mattanías, Zacarías, Yejiel, Abdí, Yeremot y Elías;

27 de los hijos de Zattú: Elyoenáy. Elyasib Mattanías, Yeremot, Zabad y Azizá:

28 de los hijos de Bebay: Yehojanán, Jananías, Zabbay, Atlay;

29 de los hijos de Bigvay: Mesullam, Malluk, Yedaías, Yasub, Yisal, Yeremot;

30 de los hijos de Pajat Moab: Adná, Kelal, Benaías, Maaseías, Mattanías, Besalel, Binnuy y Manasés;

31 de los hijos de Jarim: Eliezer, Yissiyías, Malkiyías, Semaías, Simeón,

32 Benjamín, Malluk, Semarías;

33 de los hijos de Jasum: Mattenay, Mattattá, Zabad, Elifélet, Yeremay, Manasés, Simí;

34 de los hijos de Baní: Maaday, Amram, Joel,

35 Benaías, Bedías, Kelaías,

36 Vanías, Meremot, Elyasib,

37 Mattanías, Mattenay y Yaassay;

38 de los hijos de Binnuy: Simí,

39 Selemías, Natán y Adaías;

40 de los hijos de Zakkay: Sasay, Saray,

41 Azareel, Selemías, Semarías,

42 Sallum, Amarías, José;

43 de los hijos de Nebo: Yeiel, Mattitías, Zabad, Zebiná, Yadday, Joel, Benaías.

44 Todos éstos se habían casado con mujeres extranjeras, pero despidieron tanto a las mujeres como a sus hijos.

Reflexión del capítulo 10

Movido por la oración de Esdras, el pueblo se reúne con temblor y decide cortar la infidelidad: separar a las mujeres extranjeras y sus hijos, según la Ley. Se nombra una comisión que, durante meses, va casa por casa examinando el asunto, y se levanta una lista de los culpables, incluidos sacerdotes. El capítulo cierra el libro con un tono severo y, para el lector moderno, desconcertante. Conviene leerlo a la luz de la época: la supervivencia de la identidad del pueblo elegido, recién restaurado del exilio, dependía de no absorber los cultos paganos. La medida buscaba preservar la fe, no despreciar a las personas. Sin embargo, la economía de la salvación avanza hacia la universalidad: Cristo romperá todo muro y Pablo proclamará que ya no hay distinción. Esdras nos enseña la seriedad de la conversión: no basta sentir dolor, hay que tomar decisiones costosas. Pero también nos recuerda que la restauración exige tiempo y acompañamiento. La obra de Dios en nosotros es gradual, paciente, y requiere comunidad que se ayude mutuamente a ser fiel.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

La conversión auténtica exige decisiones concretas y a veces dolorosas, no solo buenas intenciones. Hoy identifica un vínculo, un hábito o un entretenimiento que debilite tu fe, y, con la gracia de Dios, da el primer paso para desprenderte de él, buscando el acompañamiento y la oración de tu comunidad cristiana. La restauración requiere tiempo y ayuda mutua.

Oración

Señor, danos la valentía de cortar lo que nos aleja de ti y la perseverancia para reconstruir nuestra vida sobre tu alianza. Que tu Espíritu nos haga libres y fieles, y convierta nuestra debilidad en testimonio de tu gracia. Amén.

Acerca del libro de Esdras

Esdras, también llamado Ezra, ocupa un lugar central entre los libros históricos del Antiguo Testamento porque narra el regreso del pueblo elegido del cautiverio babilónico y la reconstrucción de su identidad religiosa en Jerusalén. La tradición atribuye la obra al propio Esdras, sacerdote y escriba versado en la Ley de Moisés, figura que encarna el ideal de hombre entregado a la Palabra. La redacción definitiva se gestó en la comunidad judía postexílica, probablemente hacia el siglo IV a.C., sobre la base de memorias, listas y decretos reales.

El telón de fondo es el año 538 a.C., cuando Ciro de Persia conquista Babilonia y promulga un edicto que autoriza a los israelitas a volver a su tierra y a reedificar el templo. Desde el punto de vista literario, el libro entrelaza relato histórico, genealogías y documentos oficiales, cartas de reyes persas, para demostrar que el Dios de Israel guía incluso a los imperios paganos hacia sus designios de salvación.

Sus temas son la fidelidad de Dios a la alianza, la primacía del culto y la obediencia a la Ley, y la santidad de un pueblo llamado a ser luz de las naciones. En la historia de la salvación, Esdras tiende un puente hacia el Nuevo Testamento: la restauración del templo y la renovación de la alianza preparan el camino para Cristo, el verdadero templo y sumo sacerdote.

Para leerlo hoy con piedad, conviene contemplar a Esdras como un laico y ministro de la Palabra que ayuna, confiesa los pecados del pueblo y renueva la alianza con temor y alegría. Su testimonio nos urge a reconstruir nuestra vida interior sobre la Escritura, a reconciliarnos con Dios y a edificar comunidad desde la gratitud. Aun después del fracaso y el destierro, el Señor abre caminos de esperanza y santidad. La figura de Esdras, hombre de la Palabra y reformador paciente, sigue siendo para la Iglesia un modelo de cómo la Escritura renueva al pueblo y sostiene la esperanza en tiempos de reconstrucción.

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