Esdras

Antiguo Testamento | 10 capítulos | 280 versículos

Esd

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Capítulo 2 de 10

Capítulo 2

1 Estas son las personas de la provincia que regresaron del cautiverio, aquellas que había deportado a Babilonia Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que volvieron a Jerusalén y Judá, cada uno a su ciudad.

2 Vinieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Seraías, Reelaías, Najamaní, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvay, Rejum, Baaná. Lista de los hombres del pueblo de Israel:

3 los hijos de Parós: 2.172;

4 los hijos de Sefatías: 372;

5 los hijos de Araj: 775;

6 los hijos de Pajat Moab, por parte de los hijos de Josué y de Joab: 2.812;

7 los hijos de Elam: 1.254;

8 los hijos de Zattú: 945;

9 los hijos de Zakkay: 760;

10 los hijos de Baní: 642;

11 los hijos de Bebay: 623;

12 los hijos de Azgad: 1.222;

13 los hijos de Adonicam: 666;

14 los hijos de Bigvay: 2.056;

15 los hijos de Adín: 454;

16 los hijos de Ater, de Ezequías: 98;

17 los hijos de Besay: 323;

18 los hijos de Yorá: 112;

19 los hijos de Jasum: 223;

20 los hijos de Guibbar: 95;

21 los hombres de Belén: 123;

22 los hombres de Netofá: 56;

23 los hombres de Anatot: 128;

24 los hombres de Azmávet: 42;

25 los hombres de Quiryat Yearim, Kefirá y Beerot: 743;

26 los hombres de Ramá y Gueba: 621;

27 los hombres de Mikmás: 122;

28 los hombres de Betel y de Ay: 223;

29 los hijos de Nebo: 52;

30 los hijos de Magbís: 156,

31 los hijos del otro Elam: 1.254;

32 los hijos de Jarim: 320;

33 los hombres de Lod, Jadid y Onó: 725;

34 los hombres de Jericó: 345;

35 los hombres de Senaá: 3.630.

36 Sacerdotes: los hijos de Yedaías, de la casa de Josué: 973;

37 los hijos de Immer: 1.052;

38 los hijos de Pasjur: 1.247;

39 los hijos de Jarim: 1.017.

40 Levitas: los hijos de Josué, y de Cadmiel, de los hijos de Hodavías: 74.

41 Cantores: los hijos de Asaf: 128.

42 Porteros: los hijos de Sallum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Aqcub, los hijos de Jatitá, los hijos de Sobay: en total 139.

43 Donados: los hijos de Sijá, los hijos de Jasufá, los hijos de Tabbaot,

44 los hijos de Querós, los hijos de Siahá, los hijos de Padón,

45 los hijos de Lebaná, los hijos de Jagabá, los hijos de Aqcub,

46 los hijos de Jagab, los hijos de Salmay, los hijos de Janán,

47 los hijos de Guiddel, los hijos de Gajar, los hijos de Reaías,

48 los hijos de Resín, los hijos de Necodá, los hijos de Gazzam,

49 los hijos de Uzzá, los hijos de Paséaj, los hijos de Besay,

50 los hijos de Asná, los hijos de los meunitas, los hijos de los nefusitas,

51 los hijos de Baqbuq, los hijos de Jacufá, los hijos de Jarjur,

52 los hijos de Baslut, los hijos de Mejidá, los hijos de Jarsá,

53 los hijos de Barcós, los hijos de Sisrá, los hijos de Témaj,

54 los hijos de Nesíaj, los hijos de Jatifá.

55 Hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotay, los hijos de Has Soféret, los hijos de Perudá,

56 los hijos de Yaalá, los hijos de Darcón, los hijos de Guiddel,

57 los hijos de Sefatías, los hijos de Jattil, los hijos de Pokéret Hassebáyim, los hijos de Amí.

58 Total de los donados y de los hijos de los siervos de Salomón: 392.

59 Y estos son los que venían de Tel Mélaj, Tel Jarsá, Kerub, Addán e Immer, y que no pudieron probar si su familia y su familia y su estirpe eran de origen israelita:

60 los hijos de Delaías, los hijos de Tobías, los hijos de Necodá: 652.

61 Y entre los sacerdotes: los hijos de Jobayías, los hijos de Haqcós, los hijos de Barzillay - el cual se había casado con una de las hijas de Barzillay el gaaladita, cuyo nombre adoptó -.

62 Estos investigaron en su registro genealógico, pero no figuraban, por lo cual se les excluyó del sacerdocio como ilegítimos,

63 y el Gobernador les prohibió comer de las cosas sacratísimas hasta que no se presentara un sacerdote para el Urim y el Tummim.

64 La asamblea ascendía a 42.360 personnas,

65 sin contar sus siervos y siervas en número de 7.337. Tenían también 200 cantores y cantoras.

66 Tenían 736 caballos, 245 mulos,

67 435 camellos y 6.720 asnos.

68 Algunos de los cabezas de familia, al llegar a la Casa de Yahveh en Jerusalén, hicieron ofrendas voluntarias para la Casa de Dios, para que fuese reedificada en su mismo emplazamiento.

69 Según sus posibilidades, entregaron al tesoro de la obra 61.000 dracmas de oro, 5.000 minas de plata y 100 túnicas sacerdotales.

70 Los sacerdotes, los levitas y parte del pueblo se establecieron en Jerusalén; los cantores, los porteros y los donados, en sus ciudades respectivas. Todo Israel estaba, pues, en sus ciudades.

Reflexión del capítulo 2

El segundo capítulo es, en apariencia, una fría lista de nombres y cifras: las familias que regresan, los pueblos de procedencia, el número de hombres, mujeres, cantores, porteadores y hasta los animales del templo. Sin embargo, tras la aridez del censo late una verdad conmovedora: cada persona es conocida y contada por Dios. La comunidad que vuelve no es una masa anónima, sino un pueblo convocado uno por uno para restaurar la alianza. Destacan los sacerdotes, los levitas y, sobre todo, Jesúa y Zorobabel, que lideran la empresa. La cifra total, casi cincuenta mil, revela que la promesa de descendencia numerosa se cumple incluso tras el castigo del exilio. Para el lector orante, esta enumeración es un icono de la Iglesia: el Cuerpo de Cristo está formado por miembros concretos, cada uno con su vocación. Dios no olvida a nadie; escribe nuestro nombre en el libro de la vida. La paciencia de recorrer la lista nos enseña a valorar la pequeñez de cada aporte y a confiar en que la obra común se edifica con la fidelidad de muchos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy puedes agradecer a Dios por las personas concretas que forman tu comunidad de fe y por su aporte silencioso y fiel, a menudo invisible. Busca a alguien que suele quedar en el olvido y hazle sentir, con una palabra o un gesto, que su presencia cuenta y es valiosa. Imita así la atención amorosa de Dios, que numera a sus hijos uno por uno y no descuida ni al más pequeño de los suyos.

Oración

Dios de la alianza, tú conoces y amas a cada uno de los que formamos tu pueblo, y escribes nuestro nombre en tu libro. Ayúdanos a valorar a quienes pasan desapercibidos y a construir contigo una comunidad donde nadie se sienta extraño ni olvidado. Amén.

Acerca del libro de Esdras

Esdras, también llamado Ezra, ocupa un lugar central entre los libros históricos del Antiguo Testamento porque narra el regreso del pueblo elegido del cautiverio babilónico y la reconstrucción de su identidad religiosa en Jerusalén. La tradición atribuye la obra al propio Esdras, sacerdote y escriba versado en la Ley de Moisés, figura que encarna el ideal de hombre entregado a la Palabra. La redacción definitiva se gestó en la comunidad judía postexílica, probablemente hacia el siglo IV a.C., sobre la base de memorias, listas y decretos reales.

El telón de fondo es el año 538 a.C., cuando Ciro de Persia conquista Babilonia y promulga un edicto que autoriza a los israelitas a volver a su tierra y a reedificar el templo. Desde el punto de vista literario, el libro entrelaza relato histórico, genealogías y documentos oficiales, cartas de reyes persas, para demostrar que el Dios de Israel guía incluso a los imperios paganos hacia sus designios de salvación.

Sus temas son la fidelidad de Dios a la alianza, la primacía del culto y la obediencia a la Ley, y la santidad de un pueblo llamado a ser luz de las naciones. En la historia de la salvación, Esdras tiende un puente hacia el Nuevo Testamento: la restauración del templo y la renovación de la alianza preparan el camino para Cristo, el verdadero templo y sumo sacerdote.

Para leerlo hoy con piedad, conviene contemplar a Esdras como un laico y ministro de la Palabra que ayuna, confiesa los pecados del pueblo y renueva la alianza con temor y alegría. Su testimonio nos urge a reconstruir nuestra vida interior sobre la Escritura, a reconciliarnos con Dios y a edificar comunidad desde la gratitud. Aun después del fracaso y el destierro, el Señor abre caminos de esperanza y santidad. La figura de Esdras, hombre de la Palabra y reformador paciente, sigue siendo para la Iglesia un modelo de cómo la Escritura renueva al pueblo y sostiene la esperanza en tiempos de reconstrucción.

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