Nehemías

Antiguo Testamento | 13 capítulos | 405 versículos

Ne

Capítulo 1

1 Palabras de Nehemías, hijo de Jakalías. En el mes de Kisléu, el año veinte del rey Artajerjes, estando yo en la ciudadela de Susa,

2 Jananí, uno de mis hermanos, llegó con algunos hombres venidos de Judá. Yo les pregunté por los judíos - el Resto que se había salvado del cautiverio - y por Jerusalén.

3 Me respondieron: «Los restos del cautiverio que han quedado allí en la provincia se encuentran en gran estrechez y confusión. La muralla de Jerusalén está llena de brechas, y sus puertas incendiadas.»

4 Al oír estas palabras me senté y me puse a llorar; permanecí en duelo algunos días ayunando y orando ante el Dios del cielo.

5 Y dije: «Ah, Yahveh, Dios del cielo, tú, el Dios grande y temible, que guardas la alianza y el amor a los que te aman y observan tus mandamientos;

6 estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos para escuchar la oración de tu siervo, que yo hago ahora en tu presencia día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos, confesando los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; ¡yo mismo y la casa de mi padre hemos pecado!

7 Hemos obrado muy mal contigo, no observando los mandamientos, los preceptos y las normas que tú habías prescrito a Moisés tu siervo.

8 Pero acuérdate de la palabra que confiaste a Moisés tu siervo: "Si sois infieles, yo os dispersaré entre los pueblos;

9 pero si, volviéndoos a mí guardáis mis mandamientos y los ponéis en práctica, aunque vuestros desterrados estuvieron en los confines de los cielos, yo los reuniré de allí y los conduciré de nuevo al Lugar que he elegido para morada de mi Nombre."

10 Aquí tienes a tus siervos y a tu pueblo que tú has rescatado con tu gran poder y tu fuerte mano.

11 ¡Ea, Señor, estén atentos tus oídos a la oración de tu siervo, a la oración de tus servidores, que desean venerar tu Nombre! Concede ahora, te suplico, gracia a tu siervo y haz que encuentre favor ante ese hombre.» Era yo entonces copero del rey.

Reflexión del capítulo 1

El primer capítulo abre con Nehemías en Susa, al servicio del rey persa, cuando llegan sus hermanos desde Judá con noticias desoladoras: el muro de Jerusalén está roto y las puertas, quemadas. La reacción de Nehemías no es indiferencia ni mera compasión abstracta: «me senté, lloré, hice duelo varios días, ayuné y oré». Su dolor por la ciudad santa brota de un corazón unido a Dios y a su pueblo. Luego eleva una oración magnífica que confiesa los pecados de Israel, recuerda las promesas de Moisés y pide misericordia. El capítulo nos enseña que la verdadera acción nace de la oración y la compasión. Nehemías no culpa a otros; se incluye en la culpa: «hemos pecado». Esta humildad es la base de toda reforma. Para nosotros hoy, el pasaje es una escuela de intercesión: identificarnos con el sufrimiento de la comunidad y llevarlo a Dios. La noticia de la ruina despierta en él un llamado. Cuando vemos destrucción —en la familia, la sociedad, la Iglesia—, la respuesta del creyente es primero el llanto y la oración, y solo después la obra. El muro roto es imagen del pecado que rompe la defensa del alma.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy, al conocer una necesidad o ruptura (familiar, comunitaria, eclesial), responde primero con oración y ayuno, no solo con activismo. Confiesa también tu parte de responsabilidad. Lleva la causa a Dios antes de actuar.

Oración

Señor, que moviste a Nehemías al llanto y la oración por Jerusalén, concédenos compasión por tu pueblo y humilde confesión de pecado. Escucha nuestra súplica y reconstruye lo derruido. Amén.

Acerca del libro de Nehemías

El libro de Nehemías, junto con el de Esdras, narra el retorno del pueblo judío del exilio babilónico y la reconstrucción de Jerusalén en el siglo V antes de Cristo. Nehemías, copero del rey persa Artajerjes, recibe la noticia de que los muros de la ciudad santa están derruidos y sus habitantes desprotegidos, y mueve el corazón del rey para volver como gobernador y reedificar. La Iglesia ha venerado siempre este libro como relato de la fidelidad de Dios a su pacto y de la restauración de la comunidad a partir de la Palabra. Nehemías combina la acción política competente con una profunda piedad: ora, ayuna, confía en Dios y, a la vez, organiza, inspecciona y enfrenta la oposición con firmeza. El libro subraya la centralidad de la Ley leída públicamente, la confesión de los pecados, la renovación de la alianza y la dedicación del muro. Para el creyente católico, Nehemías es imagen del alma que reconstruye tras la ruina del pecado, y de la Iglesia que se edifica sobre Cristo, la verdadera piedra angular. Leerlo con oración nos enseña que la reforma de la vida comienza con la escucha humilde de Dios, continúa con la conversión y se sostiene en la comunidad unida en torno a su Palabra.

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