Nehemías
Antiguo Testamento | 13 capítulos | 405 versículos
Capítulo 10
1 De acuerdo con todo esto, nosotros tomamos un firme compromiso por escrito. En el documento sellado figuran nuestros jefes, nuestros levitas y nuestros sacerdotes...
2 En el documento sellado figuraban: Nehemías, hijo de Jakalías, y Sedecías.
3 Seraías, Azarías, Jeremías,
4 Pasjur, Amarías, Malkías,
5 Jattús, Sebanías, Malluk,
6 Jarim, Meremot, Abdías,
7 Daniel, Guinnetón, Baruc,
8 Mesullam, Abías, Miyyamín,
9 Maazías, Bilgay, Semaías: estos son los sacerdotes.
10 Luego los levitas: Josué, hijo de Azanías, Binnuy, de los hijos de Jenadad, Cadmiel
11 y sus hermanos Sekanías, Hodavías, Quelitá, Pelaías, Janán,
12 Miká, Rejob, Jasabías,
13 Zakkur, Serebías, Sebanías,
14 Hodiyías, Baní, Quenaní.
15 Los jefes del pueblo: Parós, Pajat Moab, Elam, Zattú, Baní,
16 Bunní, Azgad, Bebay,
17 Adonías, Bigvay, Adín,
18 Ater, Ezequías, Azzur,
19 Hodiyías, Jatum, Besay,
20 Jarif, Anatot, Nobay,
21 Magpiás, Mesullam, Jezir,
22 Mesezabel, Sadoq, Yaddúa,
23 Pelatías, Janán, Hanaías,
24 Oseas, Jananías, Jassub,
25 Hallojés, Piljá, Sobeq,
26 Rejum, Jasabná, Maaseías,
27 Ajías, Janán, Anán,
28 Malluk, Jarim, Baaná.
29 y el resto del pueblo, los sacerdotes y los levitas los porteros, los cantores, los donados y todos los separados de las gentes del país para seguir la Ley de Dios, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, cuantos tienen uso de razón,
30 se adhieren a sus hermanos y a los nobles y se comprometen por imprecación y juramento a caminar en la Ley de Dios, que fue dada por mano de Moisés, siervo de Dios, y a guardar y practicar todos los mandamientos de Yahveh nuestro Señor, sus normas y sus leyes.
31 A no dar nuestras hijas a las gentes del país ni tomar sus hijas para nuestros hijos.
32 Si las gentes del país traen, en día de sábado, mercancías o cualquier otra clase de comestibles para vender, nada les compraremos en día de sábado ni en día sagrado. En el año séptimo abandonaremos el producto de la tierra y todas las deudas.
33 Nos imponemos como obligación: Dar un tercio de siclo al año para el servicio de la Casa de nuestro Dios:
34 para el pan que se presenta, para la oblación perpetua y el holocausto perpetuo, para los sacrificios de los sábados, de los novilunios, de las solemnidades, para los alimentos sagrados, para los sacrificios por el pecado como expiación por Israel y para toda la obra de la Casa de nuestro Dios;
35 Hemos echado a suertes - sacerdotes, levitas y pueblo - la ofrenda de la leña que ha de traer a la Casa de nuestro Dios cada familia en su turno, a sus tiempos, cada año, para quemarla sobre el altar de Yahveh nuestro Dios con arreglo a lo escrito en la Ley.
36 y traer cada año a la Casa de Yahveh las primicias de nuestro suelo y las primicias de los frutos de todos los árboles,
37 y los primogénitos de nuestros hijos y de nuestro ganado, conforme a lo escrito en la Ley - los primeros nacidos de nuestro ganado mayor y menor, que se traen a la Casa de nuestro Dios son para los sacerdotes que ejercen el ministerio en la casa de nuestro Dios -.
38 Lo mejor de nuestras moliendas, de los frutos de todo árbol, del vino y del aceite, se lo traeremos a los sacerdotes, a los aposentos de la Casa de nuestro Dios; y el diezmo de nuestro suelo a los levitas, y ellos mismos cobrarán el diezmo en todas las ciudades de nuestra labranza;
39 un sacerdote, hijo de Aarón, irá con los levitas cuando éstos cobren el diezmo; los levitas subirán el diezmo del diezmo a la Casa de nuestro Dios a los aposentos de la casa del tesoro;
40 pues a estos aposentos traen los israelitas y los levitas la ofrenda reservada de trigo, vino y aceite; allí se encuentran también los utensilios del santuario, de los sacerdotes que están de servicio y de los porteros y cantores. No abandonaremos más la Casa de nuestro Dios.
Reflexión del capítulo 10
El décimo capítulo narra la solemne renovación de la alianza: los jefes, levitas y sacerdotes firman un escrito comprometiéndose a caminar en la Ley, a no mezclarse con los pueblos vecinos, a guardar el sábado, a sostener el templo con los primeros frutos, el diezmo y la leña. Es un pacto concreto, con cláusulas prácticas, no solo sentimientos. El autor nos enseña que la conversión exige compromisos visibles y sostenibles. La fe se traduce en deberes claros: el culto, la familia y la economía ordenada a Dios. El sello del documento por parte de Nehemías y los líderes muestra la responsabilidad de quienes guían. Para la Iglesia, el capítulo recuerda que la alianza bautismal comporta obligaciones de vida. No basta emocionarse con la Palabra; hay que comprometerse. Los primeros frutos y el diezmo expresan que todo procede de Dios y se le devuelve. La separación de lo profano protege la identidad del pueblo. El pacto es garantía de futuro: una comunidad que se compromete ante Dios edifica sobre roca. La obediencia práctica es la respuesta del amor.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy renueva concretamente tu compromiso de fe: elige una práctica estable (Misa dominical, oración, diezmo, castidad) y vívela con fidelidad. No dejes que tu fe sea solo sentimiento; comprométete con obras.
Oración
Dios de la alianza, que moviste a tu pueblo a sellar su compromiso, renueva mi entrega a tu Ley. Que mi vida sea pacto vivido en obras y no solo en palabras. Amén.
Acerca del libro de Nehemías
El libro de Nehemías, junto con el de Esdras, narra el retorno del pueblo judío del exilio babilónico y la reconstrucción de Jerusalén en el siglo V antes de Cristo. Nehemías, copero del rey persa Artajerjes, recibe la noticia de que los muros de la ciudad santa están derruidos y sus habitantes desprotegidos, y mueve el corazón del rey para volver como gobernador y reedificar. La Iglesia ha venerado siempre este libro como relato de la fidelidad de Dios a su pacto y de la restauración de la comunidad a partir de la Palabra. Nehemías combina la acción política competente con una profunda piedad: ora, ayuna, confía en Dios y, a la vez, organiza, inspecciona y enfrenta la oposición con firmeza. El libro subraya la centralidad de la Ley leída públicamente, la confesión de los pecados, la renovación de la alianza y la dedicación del muro. Para el creyente católico, Nehemías es imagen del alma que reconstruye tras la ruina del pecado, y de la Iglesia que se edifica sobre Cristo, la verdadera piedra angular. Leerlo con oración nos enseña que la reforma de la vida comienza con la escucha humilde de Dios, continúa con la conversión y se sostiene en la comunidad unida en torno a su Palabra.
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