Nehemías

Antiguo Testamento | 13 capítulos | 405 versículos

Ne

Seleccionar Capítulo

Capítulo 11 de 13

Capítulo 11

1 Los jefes del pueblo se establecieron en Jerusalén. El resto del pueblo echó a suertes para que de cada diez hombres habitase uno en Jerusalén, la Ciudad Santa, quedando los otros nueve en las ciudades.

2 Y el pueblo bendijo a todos los hombres que se ofrecieron voluntarios para habitar en Jerusalén.

3 Estos son los jefes de la provincia que se establecieron en Jerusalén y en las ciudades de Judá; Israel, sacerdotes, levitas, donados e hijos de los siervos de Salomón, vivían en sus ciudades, cada uno en su propiedad.

4 Habitaban en Jerusalén hijos de Judá e hijos de Benjamín. De los hijos de Judá: Ataías, hijo de Uzzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahalalel, de los hijos de Peres;

5 Maaseías, hijo de Baruc, hijo de Kol Jozé, hijo de Jazaías, hijo de Adaías, hijo de Yoyarib, hijo de Zacarías, el selanita.

6 El total de los hijos de Peres que habitaban en Jerusalén era de 468, hombres vigorosos.

7 Los hijos de Benjamín eran: Sallú, hijo de Mesullam, hijo de Yoed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maaseías, hijo de Itiel, hijo de Isaías,

8 y sus hermanos, hombres vigorosos: 928.

9 Joel, hijo de Zikrí, era su encargado y Judá, hijo de Hassenúa, era el segundo jefe de la ciudad.

10 De los sacerdotes: Yedaías, hijo de Yoyaquim, hijo de

11 Seraías, hijo de Jilquías, hijo de Mesullam, hijo de Sadoq, hijo de Merayot, hijo de Ajitub, príncipe de la Casa de Dios,

12 y sus hermanos empleados en la obra de la Casa: 822; Adaías, hijo de Yerojam, hijo de Pelalías, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Malkías,

13 y sus hermanos, cabezas de familia: 242; y Amasay, hijo de Azarel, hijo de Ajzay, hijo de Mesillemot, hijo de Immer,

14 y sus hermanos, hombres vigorosos: 128. Su encargado era Zabdiel, hijo de Haggadol.

15 De los levitas: Semaías, hijo de Jassub, hijo de Azricam, hijo de Jasabías, hijo de Bunní;

16 Sabtay y Yozabad, que entre los jefes de los levitas estaban al frente de los servicios exteriores de la Casa de Dios;

17 Mattanías, hijo de Miká, hijo de Zabdí, hijo de Asaf, que dirigía los himnos, entonaba la acción de gracias de la oración; Baqbuquías, el segundo entre sus hermanos; Abdías, hijo de Sammúa, hijo de Galal, hijo de Yedutún.

18 Total de los levitas en la Ciudad santa: 284.

19 Los porteros: Aqcub, Talmón y sus hermanos, que hacían la guardia de las puertas: 172.

20 El resto de los israelitas, de los sacerdotes y levitas, se estableció en todas las ciudades de Judá, cada uno en su heredad.

21 Los donados habitaban el Ofel; Sijá y Guispá estaban al frente de los donados.

22 El encargado de los levitas en Jerusalén era Uzzí, hijo de Baní, hijo de Jasabías, hijo de Mattanías, hijo de Miká; era uno de los hijos de Asaf que estaban encargados del canto según el servicio de la Casa de Dios;

23 porque había acerca de los cantores un mandato del rey y un reglamento que fijaba los actos de cada día.

24 Petajías, hijo de Mesezabel, de los hijos de Zéraj, hijo de Judá, estaba a las órdenes del rey para todos los asuntos del pueblo,

25 y en los poblados situados en sus campos. Parte de los hijos de Judá habitaban en Quiryat Haarbá y sus aldeas anejas, en Dibón y sus aldeas anejas, en Jeqcabsel y sus poblados,

26 en Yesúa, en Moladá, en Bet Pélet,

27 en Jasar Sual, en Berseba y sus aldeas anejas,

28 en Siquelag, en Mekoná y sus aldeas anejas,

29 en Enrimmón, en Soreá, en Yarmut,

30 en Zanóaj, Adullam y sus caseríos; Lakis y su comarca, Azecá y sus aldeas anejas: se establecieron desde Berseba hasta el valle de Hinnón.

31 Algunos hijos de Benjamín habitaban en Gueba, Midmás, Ayyá, Betel y sus aldeas anejas,

32 Anatot, Nob, Ananías,

33 Jasor, Ramá, Guittayim,

34 Jadid, Seboím, Neballat,

35 Lod y Onó, y el valle de los Artesanos.

36 Había grupos de levitas en Judá y en Benjamín.

Reflexión del capítulo 11

El undécimo capítulo organiza la repoblación de Jerusalén: se sortea una décima parte del pueblo para habitar la ciudad santa, y muchos voluntarios se ofrecen. Se listan también las aldeas de Judá y Benjamín donde habita el resto. El capítulo subraya un desafío real: una ciudad reconstruida necesita moradores que la hagan vivir. Habitar Jerusalén es privilegio y responsabilidad; por eso algunos lo hacen por sorteo y otros por generosidad. El autor nos enseña que la comunidad de fe requiere personas que «estén presentes», no solo simpatizantes a distancia. Para la Iglesia, el texto recuerda la importancia de la presencia física y comprometida en la comunidad local. La fe se vive en un lugar concreto, con vecinos reales. La disposición voluntaria de algunos a vivir en la ciudad es figura del amor que elige la cercanía con el santuario. El capítulo nos invita a preguntarnos dónde estamos construyendo nuestra vida: si en la periferia cómoda o en el centro de la misión. Habitar la ciudad de Dios es habitar su voluntad cada día.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy comprométete con presencia real en tu comunidad parroquial o familiar: no solo a distancia. Ofrece tu disponibilidad donde hacen falta personas. Elige la cercanía con el santuario en tu vida.

Oración

Señor, que congregaste a tu pueblo para habitar Jerusalén, concédenos morar en tu voluntad con presencia y amor. Que no seamos creyentes a distancia, sino vecinos tuyos. Amén.

Acerca del libro de Nehemías

El libro de Nehemías, junto con el de Esdras, narra el retorno del pueblo judío del exilio babilónico y la reconstrucción de Jerusalén en el siglo V antes de Cristo. Nehemías, copero del rey persa Artajerjes, recibe la noticia de que los muros de la ciudad santa están derruidos y sus habitantes desprotegidos, y mueve el corazón del rey para volver como gobernador y reedificar. La Iglesia ha venerado siempre este libro como relato de la fidelidad de Dios a su pacto y de la restauración de la comunidad a partir de la Palabra. Nehemías combina la acción política competente con una profunda piedad: ora, ayuna, confía en Dios y, a la vez, organiza, inspecciona y enfrenta la oposición con firmeza. El libro subraya la centralidad de la Ley leída públicamente, la confesión de los pecados, la renovación de la alianza y la dedicación del muro. Para el creyente católico, Nehemías es imagen del alma que reconstruye tras la ruina del pecado, y de la Iglesia que se edifica sobre Cristo, la verdadera piedra angular. Leerlo con oración nos enseña que la reforma de la vida comienza con la escucha humilde de Dios, continúa con la conversión y se sostiene en la comunidad unida en torno a su Palabra.

Compartir

Enlace copiado