Nehemías

Antiguo Testamento | 13 capítulos | 405 versículos

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Capítulo 12 de 13

Capítulo 12

1 Estos son los sacerdotes y los levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Sealtiel, y con Josué: Seraías, Jeremías, Esdras,

2 Amarías, Malluk, Hattús,

3 Sekanías, Rejum, Meremot,

4 Iddó, Guinnetón, Abías,

5 Miyyamín, Maadías, Bilgá,

6 Semaías; además: Yoyarib, Yedaías,

7 (7-a) Sallú, Amoq, Jilquías, Yedaías. (7-b) Estos eran los jefes de los sacerdotes y de sus hermanos, en tiempo de Josué.

8 Levitas: Josué, Binnuy, Cadmiel, Serebías, Judá, Mattanías - que dirigía con sus hermanos los himnos de acción de gracias,

9 y Baqbuquías, Unní y sus hermanos les hacían coro en sus ministerios.

10 Josué engendró a Yoyaquim; Yoyaquim engendró a Elyasib; Elyasib engendró a Yoyadá;

11 Yoyadá engendró a Yojanán, y Yojanán engendró a Yaddúa.

12 En los días de Yoyaquim los sacerdotes cabezas de familia eran: de la familia de Seraías: Meraías; de la familia de Jeremías: Jananías;

13 de la de Esdras: Mesullam; de la de Amarías: Yehojanán;

14 de la de Malluk: Jonatán; de la de Sekanías: José;

15 de la de Jarim: Azná; de la de Meremot: Jelcay;

16 de la de Iddó: Zacarías; de la de Guinnetón: Mesullam;

17 de la de Abías: Zikrí; de la de Miyyamín:... de la de Maadías: Piltay;

18 de la de Bilgá: Sammúa; de la de Semaías: Jonatán;

19 además: de la de Yoyarib: Mattenay; de la Yedaías: Uzzí;

20 de la de Sallú: Callay; de la de Amoq: Héber;

21 de la de Jilquías: Jasabías; de la de Yedaías: Natanael.

22 En tiempo de Elyasib, Yoyadá, Yojanán y Yaddúa, los cabezas de familias sacerdotales fueron registrados en el libro de las Crónicas, hasta el reinado de Darío el persa.

23 Los hijos de Leví: Los cabezas de familia fueron registrados en el libro de las Crónicas, hasta el tiempo de Yojanán, nieto de Elyasib.

24 Los jefes de los levitas eran: Jasabías, Serebías, Josué, Binnuy, Cadmiel; y sus hermanos, frente por frente para ejecutar los himnos de alabanza y de acción de gracias, conforme a las instrucciones de David, hombre de Dios, en grupos alternos,

25 eran: Mattanías, Baqbuquías, y Abdías. Y Mesullam, Talmón y Aqcub, porteros, montaban la guardia en los almacenes junto a las puertas.

26 Estos vivían en tiempo de Yoyaquim, hijo de Josué, hijo de Yosadaq, y en tiempo de Nehemías, el gobernador, y de Esdras, el sacerdote - escriba.

27 Cuando la dedicación de la muralla de Jerusalén, se buscó a los levitas por todos los lugares para traerlos a Jerusalén, con el fin de celebrar la dedicación con alegría, con cánticos de acción de gracias y música de címbalos, salterios y cítaras.

28 Los cantores, hijos de Leví, se congregaron de la región circundante de Jerusalén, de los poblados de los netofatíes,

29 de Bet Haguilgal, de los campos de Gueba y de Azmávet; porque los cantores habían construido poblados alrededor de Jerusalén.

30 Sacerdotes y levitas se purificaron, y luego purificaron al pueblo, las puertas y la muralla.

31 Mandé entonces a los jefes de Judá que subieran a la muralla y organicé dos grandes coros. El primero marchaba por encima de la muralla, hacia la derecha, hacia la puerta del Muladar;

32 detrás de ellos iban Hosaías y la mitad de los jefes de Judá,

33 Azarías, Esdras, Mesullam,

34 Judá, Benjamín, Semaías y Jeremías,

35 elegidos entre los sacerdotes y provistos de trompetas; y Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Mattanías, hijo de Miká, hijo de Zakkur, hijo de Asaf,

36 con sus hermanos, Semaías, Azarel, Milalay, Guilalay, Maay, Natanael, Judá, Jananí, con los instrumentos músicos de David, hombre de Dios. Y Esdras el escriba iba al frente de ellos.

37 A la altura de la puerta de la Fuente, subieron a derecho por la escalera de la Ciudad de David, por encima de la muralla, y por la subida de la Casa de David, hasta la puerta del Agua, al Oriente.

38 El segundo coro marchaba por la izquierda; yo iba detrás, con la mitad de los jefes del pueblo, por encima de la muralla, pasando por la torre de los Hornos, hasta la muralla de la Plaza,

39 por encima de la puerta de Efraím, la puerta de los Peces, la torre de Jananel, hasta la puerta de las Ovejas; se hizo alto en la puerta de la Prisión.

40 Luego los dos corros se colocaron en la Casa de Dios. - Tenía yo a mi lado a la mitad de los consejeros,

41 y a los sacerdotes Elyaquim, Maaseías, Minyamín, Miká, Elyoenay, Zacarías, Jananías, con trompetas,

42 y Maaseías, Semaías, Eleazar, Uzzí, Yehojanán, Malkiyías, Elam y Ezer -. Los cantores entonaron su canto bajo la dirección de Yizrajías.

43 Se ofrecieron aquel día grandes sacrificios y la gente se entregó a la algazara, pues Dios les había concedido un gran gozo; también se regocijaron las mujeres y los niños. Y el alborozo de Jerusalén se oía desde lejos.

44 En aquel tiempo se puso al frente de los aposentos destinados para almacenes de las ofrendas reservadas, de las primicias y de los diezmos, a hombres que recogiesen en ellos, del territorio de las ciudades, las porciones que la Ley otorga a los sacerdotes y a los levitas. Pues Judá se complacía en ver a los sacerdotes y levitas en sus funciones.

45 Ellos cumplían el ministerio de su Dios y el ministerio de las purificaciones, junto con los cantores y los porteros, conforme a lo mandado por David y su hijo Salomón.

46 Pues ya desde un principio, desde los días de David y de Asaf, había jefes de cantores y cánticos de alabanza y acción de gracias a Dios.

47 Y todo Israel, en tiempo de Zorobabel y en tiempo de Nehemías, daba a los cantores y a los porteros las raciones correspondientes a cada día. A los levitas se les entregaban las cosas sagradas, y los levitas entregaban su parte a los hijos de Aarón.

Reflexión del capítulo 12

El duodécimo capítulo celebra la dedicación del muro de Jerusalén con gran alegría: dos coros de cantores recorren la ciudad sobre las murallas, con acción de gracias, címbalos, salterios y cítaras, mientras los sacerdotes y levitas purifican al pueblo y los oficiales. La fiesta es litúrgica y comunitaria; incluso las mujeres y los niños se alegran, «hasta que la alegría de Jerusalén se oía de lejos». El autor nos enseña que la obra de Dios culmina en alabanza. El muro, levantado entre oposición, se consagra al Señor con cánticos. La figura de los dos coros que se encuentran en el templo es imagen de la Iglesia que camina en fiesta hacia Dios. Para nosotros, el capítulo recuerda que toda restauración merece ser bendecida y celebrada; no terminamos la tarea en el silencio, sino en la alabanza. La alegría litúrgica fortalece la identidad del pueblo. Además, se organiza el aprovisionamiento de los cantores y levitas, pues el culto necesita sostenimiento estable. La fidelidad a Dios se expresa también en cuidar a quienes le sirven. La música sagrada eleva el corazón y sella la obra.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy celebra con alegría litúrgica algún bien logrado (una Misa de acción de gracias, un canto). Cuida a quienes sirven en la Iglesia con tu apoyo concreto. No termines tu esfuerzo en queja, sino en alabanza.

Oración

Dios de la alabanza, que hiciste oír la alegría de Jerusalén, llena nuestras vidas de gratitud. Que toda obra buena culmine en tu alabanza y tu Iglesia cante sin cesar. Amén.

Acerca del libro de Nehemías

El libro de Nehemías, junto con el de Esdras, narra el retorno del pueblo judío del exilio babilónico y la reconstrucción de Jerusalén en el siglo V antes de Cristo. Nehemías, copero del rey persa Artajerjes, recibe la noticia de que los muros de la ciudad santa están derruidos y sus habitantes desprotegidos, y mueve el corazón del rey para volver como gobernador y reedificar. La Iglesia ha venerado siempre este libro como relato de la fidelidad de Dios a su pacto y de la restauración de la comunidad a partir de la Palabra. Nehemías combina la acción política competente con una profunda piedad: ora, ayuna, confía en Dios y, a la vez, organiza, inspecciona y enfrenta la oposición con firmeza. El libro subraya la centralidad de la Ley leída públicamente, la confesión de los pecados, la renovación de la alianza y la dedicación del muro. Para el creyente católico, Nehemías es imagen del alma que reconstruye tras la ruina del pecado, y de la Iglesia que se edifica sobre Cristo, la verdadera piedra angular. Leerlo con oración nos enseña que la reforma de la vida comienza con la escucha humilde de Dios, continúa con la conversión y se sostiene en la comunidad unida en torno a su Palabra.

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