Tobías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 244 versículos
Capítulo 1
1 Historia de Tobit, hijo de Tobiel, hijo de Ananiel, hijo de Aduel, hijo de Gabael, del linaje de Asiel, de la tribu de Neftalí,
2 que en tiempo de Salmanasar, rey de Asiria, fue deportado de Tibé, que queda al sur de Cadés de Neftalí, en la Galilea superior, por encima de Jasor, detrás del camino del oeste y al norte de Sefat.
3 Yo, Tobit, he andado por caminos de verdad y en justicia todos los días de mi vida y he repartido muchas limosmas entre mis hermanos y compatriotas, deportados conmigo a Nínive, al país de los asirios.
4 Siendo yo joven todavía y estando en mi país, en la tierra de Israel, toda la tribu de mi padre Neftalí se apartó de la casa de David y de Jerusalén, la ciudad elegida entre todas las tribus de Israel para ofrecer allí sacrificios y en la que había sido edificado y consagrado, para todas las generaciones venideras, el Templo de la Morada del Altísimo.
5 Todos mis hermanos y la casa de mi padre Neftalí ofrecían sacrificios al becerro que Jeroboam, rey de Israel, había hecho en Dan, en los montes de Galilea.
6 Muchas veces era yo el único que iba a Jerusalén, con ocasión de las fiestas, tal como está prescrito para todo Israel por decreto perpetuo; en cobrando las primicias y las crías primeras y diezmos de mis bienes y el primer esquileo de mis ovejas, acudía presuroso a Jerusalén
7 y se lo entregaba a los sacerdotes, hijos de Aarón, para el altar. Daba a los levitas, que hacían el servicio en Jerusalén, el diezmo del vino, del grano, del olivo, de los granados, de los higos y demás frutales; tomaba en metálico el segundo diezmo, de los seis años, y lo gastaba en Jerusalén.
8 Entregaba el tercer diezmo a los huérfanos, a las viudas y a los prosélitos que vivían con los israelitas; se lo llevaba y entregaba cada tres años, celebrando una comida con ellos conforme a lo que se prescribe en la Ley de Moisés y conforme a los preceptos que me dio Débora, madre de nuestro padre Ananiel, pues mi padre había muerto dejándome huérfano.
9 En llegando a edad adulta, me casé con Ana, mujer de nuestra parentela; y ella dio a luz a Tobías.
10 Cuando la deportación de Asiria, yo también fui deportado y me trasladé a Nínive. Todos mis hermanos y los de mi linaje comían los manjares de los gentiles,
11 más yo me guardé bien de comerlos.
12 Como yo me acordaba de Dios con toda mi alma,
13 me concedió el Altísimo gracia y favor ante Salmanasar, y llegué a ser procurador suyo.
14 Me trasladé a Media y administré allí sus negocios hasta su muerte; y desposité en Ragués de Media, en casa de Gabael, hermano de Gabrí, unos sacos de plata por valor de diez talentos.
15 Muerto Salmanasar, le sucedió en el trono su hijo Senaquerib; en su reinado, los caminos de Media se hicieron inseguros y no pude volver allí.
16 En los días de Salmanasar hice yo muchas limosmas a mis hermanos de raza;
17 di mi pan a los hambrientos y vestido a los desnudos; y si veía el cadaver de alguno de los de mi raza arrojado extramuros de Nínive, le daba sepultura.
18 Enterré igualmente a los que mató Senaquerib (cuando vino huyendo de Judea después del escarmiento que hizo contra él el Rey del Cielo, a causa de sus blasfemias. Senaquerib, en su cólera, mandó matar a muchos israelitas); y yo sustraje sus cuerpos y los enterré. Senaquerib los buscó sin encontrarlos.
19 Un ninivita fue a denunciarme al rey de que yo los había enterrado en secreto. Cuando supe que el rey tenía informes acerca de mí, y que me buscaba para matarme, tuve miedo y escapé.
20 Me fueron arrebatados todos mis bienes; nada quedó sin confiscar para el tesoro real, salvo mi mujer Ana y mi hijo Tobías.
21 Aún no habían transcurrido cuarenta días, cuando Senaquerib fue asesinado por sus dos hijos, que huyeron luego hacia los montes Ararat. Le sucedió su hijo Asarjaddón. Asarjaddón puso a Ajikar, hijo de mi hermano Anael, al frente de las finanzas de su reino, de modo que dirigía toda la administración.
22 Ajikar intercedió por mí y pude regresar a Nínive. Ajikar, de hecho, había sido copero mayor, custodio del sello, administrador y encargado de las finanzas bajo Senaquerib, rey de Asiria; y Asarjaddón le confirmó en los cargos. Era sobrino mío y de mi propia parentela.
Reflexión del capítulo 1
El primer capítulo presenta a Tobit, israelita de la tribu de Neftalí, deportado a Nínive, que se distingue por su fidelidad a la Ley incluso en tierra pagana. Mientras sus hermanos comían carne ofrecida a ídolos, Tobit guardaba el camino del Señor, ayunaba, daba limosna y sepultaba los cadáveres de los compatriotas asesinados por el rey Salmanasar y su sucesor Senaquerib. Su piedad le cuesta el destierro y la confiscación de bienes, pero él no cede. El capítulo nos revela una espiritualidad integral: la fe se traduce en obras concretas de misericordia, especialmente con los muertos y los pobres. La ceguera que le sobrevendrá más tarde no es castigo por su justicia, sino prueba que Dios permite para mayor bien. Tobit encarna al creyente que vive como extranjero en el mundo, sin dejarse asimilar por la cultura ambiente. Su ejemplo nos interpela hoy: ¿hasta dónde llega nuestra coherencia cuando seguir a Dios cuesta algo? La generosidad con los necesitados y el respeto a los difuntos son rasgos de una fe auténtica que la Iglesia siempre ha alabado. El libro comienza así situando la piedad doméstica como fundamento de todo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy realiza una obra concreta de misericordia hacia alguien necesitado (una limosna, una visita, un favor silencioso). Respeta la memoria de un difunto con una oración. Mantén tu fe aunque el ambiente no la comparta.
Oración
Señor, que diste a Tobit fidelidad en tierra extraña, concédenos vivir según tu Ley con obras de misericordia. Que nuestra piedad sea luz en el mundo. Amén.
Acerca del libro de Tobías
El libro de Tobías, también llamado Tobit en algunas tradiciones, es uno de los libros sapienciales y deuterocanónicos del Antiguo Testamento, inspirados por el Espíritu Santo y confirmados en el canon por el Concilio de Trento. Compuesto probablemente entre los siglos III y II antes de Cristo, se nos ha transmitido en griego, con fragmentos en arameo y hebreo hallados en Qumrán. La historia se desarrolla en Nínive, tras el exilio del reino del Norte, y relata las peripecias de Tobit, un judío piadoso llevado al destierro, de su hijo Tobías y del ángel Rafael, enviado por Dios para curar y guiar. La Iglesia siempre ha amado este libro por su enseñanza sobre la providencia, la oración, la caridad, el matrimonio santo, el respeto a los difuntos y la fuerza de la familia. Tobías es, en palabras de san Ambrosio, «espejo de la vida humana». Nos muestra que Dios no abandona a los que le temen, incluso en tiempos de oscuridad política y prueba personal. La figura de Rafael recuerda la misión de los ángeles custodios, y el cantico final anuncia la esperanza mesiánica. Leerlo con oración nos enseña a confiar en que el Señor teje su misericordia incluso a través de nuestras cegueras y pérdidas.
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