Tobías

Antiguo Testamento | 14 capítulos | 244 versículos

Tb

Capítulo 2

1 En el reinado de Asarjaddón pude regresar a mi casa y me fue devuelta mi mujer Ana y mi hijo Tobías. En nuestra solemnidad de Pentecostés, que es la santa solemnidad de las Semanas, me habían preparado una excelente comida y me dispuse a comer.

2 Cuando me presentaron la mesa, con numerosos manjares, dije a mi hijo Tobías: «Hijo, ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en Nínive a algún indigente que se acuerde del Señor y tráelo para que coma con nosotros. Te esperaré hasta que vuelvas, hijo mío.»

3 Fuese, pues, Tobías a buscar a alguno de nuestros hermanos pobres, y cuando regresó me dijo: «Padre.» Le respondí: «¿Qué hay, hijo?» Contestó: «Padre, han asesinado a uno de los nuestros; le han estrangulado y le han arrojado en la plaza del mercado y aún está allí.»

4 Me levanté al punto y sin probar la comida, alcé el cadáver de la plaza y lo dejé en una habitación, en espera de que se pusiera el sol, para enterrarlo.

5 Volví a entrar, me lavé y comí con aflicción

6 acordándome de las palabras que el profeta Amós dijo contra Betel: Vuestras solemnidades se convertirán en duelo y todas vuestras canciones en lamento.

7 Y lloré. Cuando el sol se puso, cavé una fosa y sepulté el cadáver.

8 Mis vecinos se burlaban y decían: «Todavía no ha aprendido. (Pues, en efecto, ya habían querido matarme por un hecho semejante.) Apenas si pudo escapar y ya vuelve a sepultar a los muertos.»

9 Aquella misma noche, después de bañarme, salí al patio y me recosté contra la tapia, con el rostro cubierto a causa del calor.

10 Ignoraba yo que arriba, en el muro, hubiera gorriones; me cayó excremento caliente sobre los ojos y me salieron manchas blancas. Fui a los médicos, para que me curasen; pero cuantos más remedios me aplicaban, menos veía a causa de las manchas, hasta que me quedé completamente ciego. Cuatro años estuve sin ver. Todos mis hermanos estaban afligidos; Ajikar, por su parte, proveyó a mi sustento durante dos años, hasta que se trasladó a Elimaida.

11 En aquellas circunstancias, mi mujer Ana, tuvo que trabajar a sueldo en labores femeninas; hilaba lana y hacía tejidos

12 que entregaba a sus señores, cobrando un sueldo; el siete del mes de Dystros acabó un tejido y se lo entregó a los dueños, que le dieron todo su jornal y le añadieron un cabrito para una comida.

13 Cuando entró ella en casa, el cabrito empezó a balar; yo, entonces, llamé a mi mujer y le dije: «¿De dónde ha salido ese cabrito? ¿Es que ha sido robado? Devuélvelo a sus dueños, porque no podemos comer cosa robada.»

14 Ella me dijo: «Es un regalo que me han añadido a mi sueldo.» Pero yo no la creí; ordené que lo devolviera a los dueños y me irrité contra ella por este asunto. Entonces ella me replicó: «¿Dónde están tus limosnas y tus buenas obras? ¡Ahora se ve todo bien claro!»

Reflexión del capítulo 2

El segundo capítulo relata cómo Tobit, ya de regreso tras la caída de Nínive, celebra la fiesta de Pentecostés y, al encontrar un cadáver en la plaza, lo sepulta arriesgando su seguridad. Esa noche, mientras duerme junto a la pared, los excrementos de una golondrina le causan ceguera. El contraste es impactante: el hombre que cuidaba a los muertos queda sumido en las tinieblas. Su esposa Ana debe trabajar para sostener la casa, y un día, ofendida por una palabra de Tobit, le reprocha su situación. El autor nos muestra que la enfermedad y la pobreza ponen a prueba incluso a los justos, y que la convivencia en la prueba exige paciencia mutua. Tobit no maldice a Dios; más bien bendice su nombre y acepta la aflicción como disciplina. Este capítulo nos enseña a no juzgar la santidad por la prosperidad aparente: la ceguera física de Tobit es ocasión de crecimiento interior. También nos recuerda el valor del trabajo de la esposa y la necesidad de no descargar la frustración en los seres queridos. La fe se purifica en el crisol del sufrimiento compartido en el hogar.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy, si estás en una prueba, evita descargar tu frustración en quienes te rodean. Agradece el trabajo y el esfuerzo de tu familia. Bendice el nombre de Dios en la dificultad, sin exigir explicaciones.

Oración

Dios de bondad, que permitiste la prueba de Tobit para purificarlo, danos aceptar nuestras tinieblas con fe. Bendito seas en la enfermedad y en la salud. Amén.

Acerca del libro de Tobías

El libro de Tobías, también llamado Tobit en algunas tradiciones, es uno de los libros sapienciales y deuterocanónicos del Antiguo Testamento, inspirados por el Espíritu Santo y confirmados en el canon por el Concilio de Trento. Compuesto probablemente entre los siglos III y II antes de Cristo, se nos ha transmitido en griego, con fragmentos en arameo y hebreo hallados en Qumrán. La historia se desarrolla en Nínive, tras el exilio del reino del Norte, y relata las peripecias de Tobit, un judío piadoso llevado al destierro, de su hijo Tobías y del ángel Rafael, enviado por Dios para curar y guiar. La Iglesia siempre ha amado este libro por su enseñanza sobre la providencia, la oración, la caridad, el matrimonio santo, el respeto a los difuntos y la fuerza de la familia. Tobías es, en palabras de san Ambrosio, «espejo de la vida humana». Nos muestra que Dios no abandona a los que le temen, incluso en tiempos de oscuridad política y prueba personal. La figura de Rafael recuerda la misión de los ángeles custodios, y el cantico final anuncia la esperanza mesiánica. Leerlo con oración nos enseña a confiar en que el Señor teje su misericordia incluso a través de nuestras cegueras y pérdidas.

Compartir

Enlace copiado