Tobías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 244 versículos
Capítulo 14
1 Aquí acabaron las palabras de acción de gracias de Tobit. Tobit murió en paz a la edad de 112 años y recibió honrosa sepultura en Nínive.
2 Tenía 62 años cuando perdió la vista; y después de recuperarla, vivió feliz, practicando la limosna, bendiciendo siempre a Dios y proclamando sus grandezas.
3 Cercana ya su muerte, llamó a su hijo Tobías y le recomendó: «Hijo mío, toma tus hijos
4 y vete a Media, porque yo creo en la profecía que pronunció Dios por Nahúm sobre Nínive. Todo cuanto los profetas de Israel, enviados por Dios, anunciaron sobre Asur y Nínive, todo vendrá y se realizará. Todo tendrá cumplimiento. No se rebajará ni una sola de sus palabras. Todo llegará a su tiempo. Habrá más seguridad en Media que en Asiria y Babilonia, porque sé y creo que cuanto ha dicho Dios se cumplirá, sucederá y no fallará ni una de sus palabras. «Todos nuestros hermanos que habitan en la tierra de Israel serán numerados y deportados de aquella tierra venturosa. Todo el país de Israel quedará desierto. Un desierto serán Jerusalén y Samaría. La Casa de Dios quedará desolada y quemada durante algún tiempo.
5 Pero Dios tendrá una vez más compasión de ellos y los volverá a la tierra de Israel; construirán de nuevo la Casa, aunque no como la primera, hasta que se cumplan los tiempos; entonces volverán todos del destierro, edificarán una Jerusalén maravillosa y construirán en ella la Casa de Dios, como lo anunciaron los profetas de Israel.
6 Todas las naciones del universo se volverán a Dios en verdad y le temerán; abandonarán los ídolos que los extraviaron en la mentira de sus errores
7 y bendecirán al Dios de los siglos en justicia. Todos los israelitas salvados aquellos días se acordarán de Dios en verdad, se reunirán e irán a Jerusalén y les será dada la tierra de Abraham, que ellos habitarán por siempre y en seguridad. Y los que aman a Dios en verdad se alegrarán. Pero los que cometen pecados e injusticias desaparecerán de toda la tierra.
8 «Ahora, pues, hijos, yo os recomiendo que sirváis a Dios en verdad y hagáis lo que es agradable en su presencia. Mandad a vuestros hijos que practiquen la justicia y la limosna, que se acuerden de Dios y bendigan su Nombre en todo tiempo, en verdad y con todas sus fuerzas.
9 «Tú, hijo, sal de Nínive. No te quedes aquí.
10 El día que sepultes a tu madre junto a mí, ya ese mismo día, no te quedes en este territorio, porque he visto que se cometen aquí muchas injusticias y muchos engaños, sin rebozo. Mira, hijo lo que hizo Nadab con Ajikar, que le había criado. ¿No le hizo bajar vivo a la tierra? Pero Dios le cubrió de infamia ante su misma víctima. Sacó a Ajikar a la luz y metió a Nadab en las tinieblas eternas, por haber tramado la muerte de Ajikar. Por haber practicado la limosna se libró Ajikar de la trampa mortal que le había tendido Nadab. Fue Nadab quien cayó en la trampa de muerte para su perdición.
11 Ved, pues, hijos, a dónde lleva la lismona y a dónde la injusticia: a la muerte. Pero me falta el aliento.» Le tendieron en el lecho y expiró, y se le dio honrosa sepultura.
12 Cuando murió su madre, Tobías la sepultó al lado de su padre, y se marchó con su mujer y sus hijos a Media, quedándose a vivir en Ecbátana, junto a su suegro Ragüel.
13 Los rodeó de atenciones en su ancianidad y los sepultó en Ecbátana de Media, heredando él la casa de Ragüel y la de Tobit, su padre.
14 Murió, honrado, a la edad de 117 años.
15 Antes de morir presenció y oyó la ruina de Nínive y vio cómo los ninivitas eran llevados cautivos a Media, cuando la deportación de Ciajares, rey de Media. Y bendijo a Dios por todo cuanto había hecho a los ninivitas y asirios. Antes de morir pudo alegrarse por la suerte de Nínive y bendijo al Señor Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Reflexión del capítulo 14
El decimocuarto y último capítulo relata los últimos días de Tobit: reúne a su hijo y a sus nietos, les recuerda las profecías sobre Nínive y Jerusalén, y les exhorta a la piedad, la limosna y la separación de los gentiles. Tobit muere a los ciento cincuenta y ocho años, rodeado de su familia. Más tarde, Tobías se traslada a Ecbatana con Sara y sus hijos, y allí mismo, advertido por el recuerdo de la profecía, se aleja antes de la caída de Nínive. El autor cierra con una nota de fidelidad transmitida: la fe de los padres llega a los nietos. Este final nos enseña que la vida del justo culmina en paz cuando se ha vivido en Dios, y que la sabiduría se hereda en la familia. La partida de Tobías antes del desastre recuerda la prudencia del que escucha la palabra de Dios. Para nosotros, el libro termina como comenzó: con la invitación a la misericordia, la oración y la esperanza. Tobit nos deja un testamento de confianza: Dios no abandona a los suyos, cuida a las familias y conduce la historia hacia su Reino de luz.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy deja a tus hijos o familiares un recuerdo de fe (una palabra, una costumbre, una oración). Vive con prudencia escuchando la palabra de Dios. Cierra el día en paz, confiando en su providencia.
Oración
Dios fiel a las familias, que coronaste a Tobit en paz, ayúdanos a legar fe y esperanza a quienes vienen tras nosotros. Que nuestra vida entera te alabe. Amén.
Acerca del libro de Tobías
El libro de Tobías, también llamado Tobit en algunas tradiciones, es uno de los libros sapienciales y deuterocanónicos del Antiguo Testamento, inspirados por el Espíritu Santo y confirmados en el canon por el Concilio de Trento. Compuesto probablemente entre los siglos III y II antes de Cristo, se nos ha transmitido en griego, con fragmentos en arameo y hebreo hallados en Qumrán. La historia se desarrolla en Nínive, tras el exilio del reino del Norte, y relata las peripecias de Tobit, un judío piadoso llevado al destierro, de su hijo Tobías y del ángel Rafael, enviado por Dios para curar y guiar. La Iglesia siempre ha amado este libro por su enseñanza sobre la providencia, la oración, la caridad, el matrimonio santo, el respeto a los difuntos y la fuerza de la familia. Tobías es, en palabras de san Ambrosio, «espejo de la vida humana». Nos muestra que Dios no abandona a los que le temen, incluso en tiempos de oscuridad política y prueba personal. La figura de Rafael recuerda la misión de los ángeles custodios, y el cantico final anuncia la esperanza mesiánica. Leerlo con oración nos enseña a confiar en que el Señor teje su misericordia incluso a través de nuestras cegueras y pérdidas.
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