Tobías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 244 versículos
Capítulo 13
1 Y dijo: ¡Bendito sea Dios, que vive eternamente, y bendito sea su reinado!
2 Porque él es quien castiga y tiene compasión; el que hace descender hasta el más profundo Hades de la tierra y el que hace subir de la gran Perdición, sin que haya nada que escape de su mano.
3 Confesadle, hijos de Israel, ante todas las gentes, porque él os dispersó entre ellas
4 y aquí os ha mostrado su grandeza. Exaltadle ante todos los vivientes, porque él es nuestro Dios y Señor, nuestro Padre por todos los siglos.
5 Os ha castigado por vuestras injusticias, mas tiene compasión de todos vosotros y os juntará de nuevo de entre todas las gentes en que os ha dispersado.
6 Si os volvéis a él de todo corazón y con toda el alma, para obrar en verdad en su presencia, se volverá a vosotros sin esconder su faz. Mirad lo que ha hecho con vosotros y confesadle en alta voz. Bendecid al Señor de justicia y exaltad al Rey de los siglos. Yo le confieso en el país del destiero, y publico su fuerza y su grandeza a gentes pecadoras. ¡Volved, pecadores! Practicad la justica en su presencia. ¡Quién sabe si os amará y os tendrá misericordia!
7 Yo exalto a mi Dios y mi alma se alegra en el Rey del Cielo. Su grandeza
8 sea de todos celebrada y confiésenle todos en Jerusalén.
9 ¡Jerusalén, ciudad santa! Dios te castigó por las obras de tus hijos, mas tendrá otra vez piedad de los hijos de los justos.
10 Confiesa al Señor cumplidamente y alaba al Rey de los siglos para que de nuevo levante en ti, con regocijo, su Tienda, y llene en ti de gozo a todos los cautivos y muestre en ti su amor a todo miserable por todos los siglos de los siglos.
11 Brillará luz de lámparas por todos los confines de la tierra. Vendrán a ti de lejos pueblos numerosos, y los habitantes del confín del mundo, al Nombre del Señor, tu Dios, llevando en sus manos los obsequios para el Rey del Cielo. Todas las generaciones darán en ti señales de alegría, y el Nombre del Elegido durará por siempre.
12 ¡Malditos cuantos digan palabras crueles! ¡Malditos sean cuantos te destruyan! ¡Cuantos derriben tus muros echen tus torres por tierra y pasen a fuego tus moradas! ¡Mas sean benditos por siempre los que te construyan!
13 Entonces exultarás, te alegrarás por los hijos de los justos, pues serán reunidos todos y bendecirán al Señor de los siglos.
14 ¡Dichosos los que te amen! ¡Dichosos los que se alegren en tu paz! ¡Dichosos cuantos hombres tuvieron tristeza en todos tus castigos, pues se alegrarán en ti y verán por siempre toda tu alegría!
15 Bendice, alma mía, al Señor y gran Rey,
16 que Jerusalén va a ser reconstruida y en la ciudad su Casa para siempre. Seré feliz si alguno quedare de mi raza para ver tu Gloria y confesar al Rey del Cielo. Las puertas de Jerusalén serán rehechas con zafiros y esmeraldas, y de piedras preciosas sus murallas. Las torres de Jerusalén serán alzadas con oro, y con oro puro sus defensas.
17 Las plazas de Jerusalén serán soladas con rubí y piedra de Ofir; las puertas de Jerusalén entonarán cantos de alegría y todas sus casas cantarán: ¡Aleluya! ¡Bendito sea el Dios de Israel! Y los benditos bendecirán el Santo Nombre por todos los siglos de los siglos.
Reflexión del capítulo 13
El decimotercer capítulo es un himno profético de Tobit, anunciando la destrucción de Nínive y la futura restauración de Jerusalén. El anciano, ya curado, levanta su canto hacia Sión: «Bendito sea Dios, que castigará a Nínive y tendrá misericordia de su pueblo». Profetiza que las naciones reconocerán al Dios de Israel y que Jerusalén será reconstruida, resplandeciente, con las naciones acudiendo a ella. Es un texto mesiánico y escatológico: la pequeña historia familiar de Tobit se abre a la gran historia de la salvación. El autor entrelaza el juicio sobre el imperio opresor y la esperanza de la ciudad santa, anticipando la Iglesia de Cristo, nueva Jerusalén. Para nosotros, el capítulo enseña a leer los acontecimientos históricos a la luz de Dios: los imperios pasan, pero la obra de Dios permanece. La alabanza de Tobit nos invita a cantar incluso cuando aún no vemos la plenitud de la promesa. La esperanza cristiana mira más allá de las ciudades terrenas hacia la patria celestial. El creyente es peregrino que, en medio de las Nínive de hoy, canta ya la gloria de la Jerusalén definitiva.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy eleva un cántico o jaculatoria de esperanza aunque tu situación no esté resuelta. Mira más allá de los poderes pasajeros hacia Dios. Reza por la Iglesia, nueva Jerusalén, y por la venida de su Reino.
Oración
Señor de la historia, que anunciaste por Tobit la gloria de Jerusalén, sostén mi esperanza en tu Reino. Que mi vida cante tu misericordia sobre el juicio. Amén.
Acerca del libro de Tobías
El libro de Tobías, también llamado Tobit en algunas tradiciones, es uno de los libros sapienciales y deuterocanónicos del Antiguo Testamento, inspirados por el Espíritu Santo y confirmados en el canon por el Concilio de Trento. Compuesto probablemente entre los siglos III y II antes de Cristo, se nos ha transmitido en griego, con fragmentos en arameo y hebreo hallados en Qumrán. La historia se desarrolla en Nínive, tras el exilio del reino del Norte, y relata las peripecias de Tobit, un judío piadoso llevado al destierro, de su hijo Tobías y del ángel Rafael, enviado por Dios para curar y guiar. La Iglesia siempre ha amado este libro por su enseñanza sobre la providencia, la oración, la caridad, el matrimonio santo, el respeto a los difuntos y la fuerza de la familia. Tobías es, en palabras de san Ambrosio, «espejo de la vida humana». Nos muestra que Dios no abandona a los que le temen, incluso en tiempos de oscuridad política y prueba personal. La figura de Rafael recuerda la misión de los ángeles custodios, y el cantico final anuncia la esperanza mesiánica. Leerlo con oración nos enseña a confiar en que el Señor teje su misericordia incluso a través de nuestras cegueras y pérdidas.
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