Tobías
Antiguo Testamento | 14 capítulos | 244 versículos
Capítulo 11
1 Cuando llegaron cerca de Kaserín, que está frente a Nínive,
2 dijo Rafael: «Tú sabes bien en qué situación dejamos a tu padre;
3 vamos a adelantarnos nosotros a tu mujer para preparar la casa, mientras llegan los demás.»
4 Prosiguieron, pues, los dos juntos; el ángel le dijo: «Toma contigo la hiel.» El perro seguía detrás de ellos.
5 Estaba Ana sentada, con la mirada fija en el camino de su hijo.
6 Tuvo la corazonada de que él venía y dijo al padre: «Mira, ya viene tu hijo y el hombre que le acompañaba.»
7 Rafael iba diciendo a Tobías, mientras se acercaban al padre: «Tengo por seguro que se abrirán los ojos de tu padre.
8 Untale los ojos con la hiel del pez, y el remedio hará que las manchas blancas se contraigan y se le caerán como escamos de los ojos. Y así tu padre podrá mirar y ver la luz.»
9 Corrió Ana y se echó al cuello de su hijo, diciendo: «¡Ya te he visto, hijo! ¡Ya puedo morir!» Y rompió a llorar.
10 Tobit se levantó y trompicando salió a la puerta del patio.
11 Corrió hacia él Tobías, llevando en la mano la hiel del pez; le sopló en los ojos y abrazándole estrechamente le dijo: «¡Ten confianza, padre!» Y le aplicó el remedio y esperó;
12 y luego, con ambas manos le quitó las escamas de la comisura de los ojos.
13 Entonces él se arrojó a su cuello, lloró y le dijo: «¡Ahora te veo, hijo, luz de mis ojos!»
14 Y añadió: ¡Bendito sea Dios! ¡Bendito su gran Nombre! ¡Bendito todos sus santos ángeles! ¡Bendito su gran Nombre por todos los siglos!
15 Porque me había azotado, pero me tiene piedad y ahora veo a mi hijo Tobías. Tobías entró en casa lleno de gozo y bendiciendo a Dios con toda su voz; luego contó a su padre el éxito de su viaje, cómo traía el dinero y cómo se había casado con Sarra, la hija de Ragüel, y que venía ella con él y estaba ya a las puertas de Nínive.
16 Tobit salió al encuentro de su nuera hasta las puertas de Nínive, bendiciendo a Dios, lleno de gozo. Cuando los de Nínive le vieron caminar, avanzando con su antigua firmeza, sin necesidad de lazarillo, se maravillaron. Tobit proclamó delante de ellos que Dios se había compadecido de él y le había abierto los ojos.
17 Se acercó Tobit a Sarra, la mujer de su hijo, y la bendijo diciendo: «¡Bienvenida seas, hija! Y bendito sea tu Dios, hija, que te ha traído hasta nosotros. Bendito sea tu padre, y bendito Tobías, mi hijo, y bendita tú misma, hija. Bienvenida seas, entra en tu casa con gozo y bendición.»
18 Todos los judíos de Nínive celebraron fiesta aquel día.
19 También Ajikar y Nabad, primos de Tobit, vinieron a congratularle.
Reflexión del capítulo 11
El undécimo capítulo narra el regreso de Tobías y Sara, y el momento cumbre de la curación: Tobías unta con la bilis del pez los ojos de su padre, y las «blancuras» caen como una membrana, devolviéndole la vista. Tobit, lleno de alabanza, proclama: «Bendito sea Dios, y bendito su gran Nombre». La ceguera, que había sido prueba, se convierte en ocasión de mayor gratitud y fe. El autor presenta la curación como signo de la misericordia de Dios que restaura no solo la salud física, sino la alegría de la familia. La bilis del pez —lo que Tobías guardó obediente junto al Tigris— se revela ahora como medio de sanación, confirmando que nada de lo que Dios dispone es inútil. Este capítulo apunta proféticamente a Cristo, la luz del mundo, que abre los ojos de los ciegos. Para nosotros, enseña que la obediencia a Dios, aunque no entendamos el motivo, guarda bendición futura. La recuperación de la vista es también imagen de la fe: ver a Dios en la propia historia. La alabanza de Tobit es la respuesta justa ante el don recibido.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy da gracias a Dios por una «luz» recuperada en tu vida (salud, paz, claridad). Obedece una indicación de la fe aunque no la entiendas del todo; puede guardar sanación futura. Alaba al Señor con palabras concretas.
Oración
Señor, luz de los ciegos, que devolviste la vista a Tobit por medio del pez, abre mis ojos interiores para verte en mi historia. Que mi vida sea alabanza continua. Amén.
Acerca del libro de Tobías
El libro de Tobías, también llamado Tobit en algunas tradiciones, es uno de los libros sapienciales y deuterocanónicos del Antiguo Testamento, inspirados por el Espíritu Santo y confirmados en el canon por el Concilio de Trento. Compuesto probablemente entre los siglos III y II antes de Cristo, se nos ha transmitido en griego, con fragmentos en arameo y hebreo hallados en Qumrán. La historia se desarrolla en Nínive, tras el exilio del reino del Norte, y relata las peripecias de Tobit, un judío piadoso llevado al destierro, de su hijo Tobías y del ángel Rafael, enviado por Dios para curar y guiar. La Iglesia siempre ha amado este libro por su enseñanza sobre la providencia, la oración, la caridad, el matrimonio santo, el respeto a los difuntos y la fuerza de la familia. Tobías es, en palabras de san Ambrosio, «espejo de la vida humana». Nos muestra que Dios no abandona a los que le temen, incluso en tiempos de oscuridad política y prueba personal. La figura de Rafael recuerda la misión de los ángeles custodios, y el cantico final anuncia la esperanza mesiánica. Leerlo con oración nos enseña a confiar en que el Señor teje su misericordia incluso a través de nuestras cegueras y pérdidas.
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