Nehemías

Antiguo Testamento | 13 capítulos | 405 versículos

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Capítulo 2

1 En el mes de Nisán, el año veinte del rey Artajerjes, siendo yo encargado del vino, tomé vino y se lo ofrecí al rey. Anteriormente nunca había estado yo triste.

2 Me dijo, pues, el rey: «¿Por qué ese semblante tan triste? Tú, enfermo no estás. ¿Acaso tienes alguna preocupación en el corazón?» Yo quedé muy turbado,

3 y dije al rey: «¡Viva por siempre el rey! ¿Cómo no ha de estar triste mi semblante, cuando la ciudad donde están las tumbas de mis padres está en ruinas, y sus puertas devoradas por el fuego?»

4 Replicóme el rey: «¿Qué deseas, pues?» Invoqué al Dios del cielo,

5 y respondí al rey: «Si le place al rey y estás satisfecho de tu siervo, envíame a Judá, a la ciudad de las tumbas de mis padres, para que yo la reconstruya.»

6 El rey me preguntó, estando la reina sentada a su lado: «¿Cuánto durará tu viaje? ¿Cuándo volverás?» Yo le fijé un plazo que pareció aceptable al rey, y él me envió.

7 Añadí al rey: «Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores de Transeufratina, para que me faciliten el camino hasta Judá;

8 y asimismo una carta para Asaf, el encargado de los parques reales, para que me proporcione madera de construcción para las puertas de la ciudadela del Templo, la muralla de la ciudad y la casa en que yo me he de instalar.» El rey me lo concedió, pues la mano bondadosa de mi Dios estaba conmigo.

9 Me dirigí, pues, a los gobernadores de Transeufratina y les entregué las cartas del rey. El rey me había hecho escoltar por oficiales del ejército y gente de a caballo.

10 Al enterarse de ello Samballat el joronita y Tobías el servidor ammonita, les sentó muy mal que alguien viniera a procurar el bienestar de los israelitas.

11 Llegué a Jerusalén y me quedé allí tres días.

12 Luego me levanté de noche con unos pocos hombres, sin comunicar a nadie lo que mi Dios me había inspirado que hiciera por Jerusalén, y sin llevar conmigo más que la cabalgadura en que iba montado.

13 Saliendo, pues, de noche por la puerta del Valle, me dirigí hacia la Fuente del Dragón y hacia la puerta del Muladar: inspeccioné la muralla de Jerusalén por donde tenía brechas, y las puertas que habían sido devoradas por el fuego.

14 Continué luego hacia la puerta de la Fuente y la alberca del Rey, pero no había paso para mi cabalgadura.

15 Volví a subir, pues, de noche, por el Torrente, inspeccionando la muralla, y volví a entrar por la puerta del Valle. Así regresé a casa.

16 Los consejeros no supieron dónde había ido ni lo que había hecho. Hasta entonces no había dicho nada a los judíos: ni a los sacerdotes ni a los notables ni a los consejeros ni a los funcionarios;

17 entonces les dije: «Vosotros mismos veis la triste situación en que nos encontramos, pues Jerusalén está en ruinas, y sus puertas devoradas por el fuego. Vamos a reconstruir la muralla de Jerusalén, y no seremos más objeto de escarnio.»

18 Y les referí cómo la mano bondadosa de mi Dios había estado conmigo, y les relaté también las palabras que el rey me había dicho. Ellos dijeron: «¡Levantémonos y construyamos!» Y se afianzaron en su buen propósito.

19 Al enterarse de ello Samballat el joronita, Tobías el siervo ammonita y Guésem el árabe, se burlaron de nosotros y vinieron a decirnos: «¿Qué hacéis? ¿Es que os habéis rebelado contra el rey?»

20 Yo les respondí: «El Dios del cielo nos hará triunfar. Nosotros sus siervos, vamos a ponernos a la obra. En cuanto a vosotros, no tenéis parte ni derecho ni recuerdo en Jerusalén.»

Reflexión del capítulo 2

El segundo capítulo relata cómo Nehemías, aprovechando la confianza del rey Artajerjes y tras meses de oración, pide permiso y recursos para ir a Judá y reconstruir. Dios pone en el corazón del rey la benevolencia, y Nehemías parte con cartas y escolta. Al llegar a Jerusalén, inspecciona de noche, en secreto, el estado de los muros para no alertar a los enemigos. Su prudencia es notable: no anuncia el plan hasta tener clara la situación. El capítulo nos enseña que la providencia de Dios suele actuar por medios humanos ordinarios —un puesto real, un permiso, un viaje— y que la fe no excluye la planificación. Nehemías une confianza en Dios y diligencia política. Su salida nocturna muestra discreción y sabiduría ante la oposición. Para nosotros, el pasaje recuerda que Dios mueve corazones y abre puertas cuando le pedimos con perseverancia, y que debemos cooperar con responsabilidad. La reconstrucción comienza con un diagnóstico honesto de la ruina. Antes de obrar, conviene mirar la realidad sin dramatismo ni ocultamientos. La fe cristiana es audaz pero no imprudente.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy pide a Dios con perseverancia por aquello que necesitas emprender, y observa cómo Él mueve a las personas a tu alrededor. Al planear una obra buena, haz un diagnóstico honesto antes de actuar. Une oración y diligencia.

Oración

Dios providente, que pusiste benevolencia en el corazón del rey para Nehemías, abre puertas a mis buenos propósitos. Danos prudencia para obrar y confianza en tu mano. Amén.

Acerca del libro de Nehemías

El libro de Nehemías, junto con el de Esdras, narra el retorno del pueblo judío del exilio babilónico y la reconstrucción de Jerusalén en el siglo V antes de Cristo. Nehemías, copero del rey persa Artajerjes, recibe la noticia de que los muros de la ciudad santa están derruidos y sus habitantes desprotegidos, y mueve el corazón del rey para volver como gobernador y reedificar. La Iglesia ha venerado siempre este libro como relato de la fidelidad de Dios a su pacto y de la restauración de la comunidad a partir de la Palabra. Nehemías combina la acción política competente con una profunda piedad: ora, ayuna, confía en Dios y, a la vez, organiza, inspecciona y enfrenta la oposición con firmeza. El libro subraya la centralidad de la Ley leída públicamente, la confesión de los pecados, la renovación de la alianza y la dedicación del muro. Para el creyente católico, Nehemías es imagen del alma que reconstruye tras la ruina del pecado, y de la Iglesia que se edifica sobre Cristo, la verdadera piedra angular. Leerlo con oración nos enseña que la reforma de la vida comienza con la escucha humilde de Dios, continúa con la conversión y se sostiene en la comunidad unida en torno a su Palabra.

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